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domingo, octubre 26, 2025

¿Por qué los ríos se llaman cómo se llaman?

 

Antes del mar fue el río y antes del río fueron riachuelos y quebradas. Antes de ellas fue el nacimiento y antes de todo, del mar, del río, el riachuelo, la quebrada y el nacimiento, fue la gota. Y todo tuvo nombre, menos la gota, pues las gotas son siempre iguales; por algo se dice que dos gotas de agua son idénticas la una de la otra. Los nacimientos no. Esos son distintos. Los de agua y los de personas. Hay nacimientos en piedra y nacimientos en bosque. Hay nacimientos que terminan antes de tiempo; se quedan cortos y dejan vacíos, nacimientos que no llegan a quebrada y se secan y se pierden y se mueren. Pero hay otros que crecen, que se unen y reclaman un nombre propio.

¿Por qué se llaman cómo se llaman? Hay ríos con nombre, quebradas con apellido. Algunas se llaman por el lugar, otros por su presencia y otros por alguna historia. Dicen que una mujer gritaba arriba, en la montaña, y así nació “la loca”, aunque su cauce resulte tranquilo. En otros tiempos al lado del agua había un molino, y de allí tomó el nombre un río. En otro río apareció un muerto. Historias que nombran. Hay nombres por características y por eso hay ríos claros y ríos oscuros, quebradas piedras y quebradas seda, riachuelos que saltan y otros que se nombran tranquilos, aguas dulces y aguas frías. Antes de entrar a un pueblo, entre piedras una quebrada canta y así nació “la cantarina”. No todos los ríos se llaman igual porque, aunque todos los ríos cantan, no todos se nombran cantarinos. También hay nombres de familia, de pueblo, de ciudad. En una finca, vieja como la tierra, corría un río. Y el río tuvo apellido y el apellido se volvió nombre. Hay nombres que se unen, matrimonios que van creciendo y se llaman diferente como si las aguas tomaran el nombre del marido. Hay nombres que cambian en el tiempo, como un apodo que va cambiando cuando van creciendo y al fin llegan al mar. Y en el mar todo río pierde su nombre, porque el mar, para los ríos, es el olvido. 

¿Quién distingue, mar adentro, los nombres del río?

domingo, febrero 09, 2025

Cerdito con orejas de color


Mi abuela me contaba que, cuando era niña, le dieron un cerdito. Por esos días era normal que, cuando cumplían 10 años, los niños del pueblo recibieran algún animal como promesa de futuro. El animal que te tocaba dependía de la posición económica de tus padres, pero también de sus sueños. Había cierta jerarquía, cierta esperanza de padres que muchos niños no entendían, aunque la vida les enseñaría a comprender.

Si tenías una vaca tendrías leche, y si conseguías una buena monta, podrías obtener terneros y, quién sabe, entre vacas y terneros alcanzarías alguna modesta fortuna. Si tenías un caballo te prometían trabajo fijo. Irías de aquí para allá, podrías recorrer haciendas y tierras, o tal vez tener una carreta. Como fuera, aprenderías que el trabajo hace al hombre y, con el trabajo, te volverías hacendado, dueño de tierras y ganados. O tal vez tendrías una mula, de buen paso y buena espalda, de esas capaces de llevar a lomos la vida entera. Podrías dedicarte a la arriería y recorrer el pueblo y la montaña, sacar grano y cosecha. En el peor caso sacarías arena y en el mejor sacarías oro, y al fin podrías envejecer tranquilo, entre plátanos y café.

Si la economía no daba para más, te tocaría una gallina. Las gallinas no prometen mucho, pero dan huevos, y donde hay huevo no entra el hambre, así que había esperanza, porque con la barriga llena puedes pensar en pollitos, y los pollitos serán gallinas o incluso gallos. Un buen gallo sirve para las peleas y hay quienes con eso ganan con qué vivir; una gallina que da otra y otra más, puede ser el comienzo de un gallinero, rentable con el paso del tiempo. Gallina, gallo o pollito, lo importante es que no habrá hambre.

A mi abuela le dieron un cerdito, pero ella no supo entender la promesa y pensó que le habían regalado compañía. Al recibirlo, recién suelto de la teta de la marrana, le pareció tan sucio que se puso manos a la obra y lo metió directo al baño. Tomaba el jabón que usaban para sus hermanos pequeños y lo estregaba todos los días. Le puso un lazo rosado sacado de un vestido dominguero viejo y el chanchito comenzó a seguirla, feliz, como dicen de los marranos que estrenan lazo. Iba detrás de mi abuela, mi abuela niña, al cuarto de la costura y mientras ella tejía, bordaba y cosía, se pasaba tumbado entre sus piernas haciendo sonidos de puerquito.

Pasaron las semanas y mi abuela y el cerdito se fueron haciendo cada día más unidos. De noche, la abuela lo metía a su cama, y entre ronquidos de animal conciliaba el sueño. En la mañana le daba sus sobras de desayuno bajo la mesa y aquel puerquito comía sin chistar.

Un día mi abuela le hizo una falda al marrano y, como lo vio tan lindo, cogió polvos de achiote y un pincel y se puso a pintar mejillas en su chancho. También pintó sus orejas, como un detalle para diferenciarlo de todos los demás marranos del mundo. Como toque final, un chorrito del perfume francés de su madre, ese reservado para las ocasiones especiales. Cuando estuvo debidamente arreglado, la abuela salió con él a darle vuelta a la plaza. Entonces llegaron las burlas. Primero de otros niños, pensando que era un marrano trabajando como payaso, y luego de los adultos al ver al único marrano vestido de mujer del pueblo, con lazo, falda rosada y maquillaje. Dice mi abuela que lloró esa tarde, por la burla, pero también por el grito de sus padres al entender a donde se había ido el jabón de bebé, la lana, el perfume y los polvos de maquillaje de la madre.

El domingo en casa de mi abuela que todavía era niña, la obligaron a preparar embutidos. Dice que seguramente quedaron salados. Está convencida de que quienes comieron también lloraron como lo hizo ella. Dice que todavía, a veces, extraña a su marrano.

Yo la escucho y pienso que ella, mi abuela vieja, en el fondo sigue siendo niña. 


jueves, enero 30, 2025

Si vas a llorar


Si vas a llorar

comienza por las plantas de los pies

      y llora por los caminos que no recorriste,

             por las piedras con las que tropezaste dos veces,

                   por la arena que no tocó tus dedos.


Si decides llorar

llora con tus piernas,

      por los amantes a los que no te anudaste,

             por ese temblor de miedo que no te dejó mover.


Cuando llores

que tu estómago arda

      por las lágrimas de rabia

             o quizás por las mariposas muertas;

que tu pecho amplio

      se oculte en el gemido,

             en el sollozo,

                   en el lamento,

      de las cosas que no fueron

            o de las que, habiendo sido un día, 

                    ya dejaron de ser.


Si sigues llorando

                   porque aún no se ha limpiado el alma,

que tus dedos canten,

que tus manos bailen,

      silente danza de palabras interrumpidas

             y caricias que partieron sin nacer.


Si no paras de llorar,

                   porque hay llantos que duran una vida,

que tu garganta grite la pena,

que el desgarro rompa el cielo

      y el trueno, el silencio de tu aullido.

Tu boca será puente

      y tu voz fragmento de olvido.


Llorarás aún más,

y tus ojos serán compuerta, cascada y río bravo,

      viéndolo todo con silencio de abedul.

Será cicatriz tu mirada

      y mil y un rostros los besos que no fueron.


Cuando rías,

      porque habrá un día en el que te entregues a la alegría,

             limpia ya de tanto llorar...

      porque habrá un momento, viento al viento,

             en el que los árboles cambien de estación...

Cuando rías,

                         ríe por los dos.


                                               
                                       
Daniel Naranjo. Si vas a llorar.

lunes, diciembre 16, 2024

Mariana


Lo que pasa es que me tenés cansado Mariana. Querías que te dijera y bueno, te digo: Me tenés cansado con esa martilladera tuya, dale que dale que dale sobre lo mismo una y otra vez. No más. Me cansé. 

Estoy reventando de la presión Mariana, entendeme. Es que no se trata de que estés todo el día buscándome las aristas, no soy un tronco viejo mujer, yo también siento, yo también me duelo.

Si, es verdad, yo sé soy difícil y tengo mil imperfecciones, pero vos...  

¿Vos?...

Vos lastimás Mariana. Me lastimás. 

No, no me digas eso. ¿Por mi bien? Vos no estás tratando de pulirme, no es eso. Es que sos así, vivís pegada de todo, de cada pedazo, y taladrás, taladrás y taladrás como si quisieras llegar al fin del mundo y me llenás de huecos y de cicatrices. Y me los veo, ¿sabés que están ahí cuando me miro en el espejo? Los veo. Veo los huecos y las cicatrices.

Termitas, esa es la palabra que estoy buscando. Termitas. Estoy lleno de agujeros y solo quedan los nudos, esos que son como de piedra y que me amarran y no logro liberar.

¡Por qué me mirás así, Mariana!

¿Qué te entienda? Entendeme vos a mí, por favor entendeme. Me paso en ese taburete todo el día y vos me mirás así, y llegas y me decis que no, que así no es, y yo me siento tan... me siento tan… 

¡No sé como me siento Mariana!¡Pero siento, eso es lo importante, que también siento! Eso es lo que me pasa.

¿Por qué te parás? No, pero no te vayás que quiero que hablemos. Que me expliqués. Siempre me decís que hablemos y ahora te ponés así. Yo te dije, yo te lo repetí.

No me dejés hecho polvo Mariana que no sabés lo que me cuesta decirte eso. Mariana no seas así.

No cerrés la puerta.

No te vayás, Mariana.

viernes, noviembre 08, 2024

Azul sobre amarillo





Cabalga en mi cabeza,
sin brida, sin jinete;
el eco de sus cascos
rebota en los muros desnudos
 de palacios ya vacíos
   -candelabros sin cera
      luces sin aceite-.

¿Dónde marcharon,
recuerdos de lo posible,
señales que hablaban
  de nuevos mares
    caminos y destinos?

Golpea con sus patas la arena de mi playa,
   vestigio de tormenta
      naufragio compartido.
Vástago sin padre,
   azul sobre amarillo.

martes, mayo 14, 2024

Ruido

A Juan, quien trata de enseñar a ser una voz en medio del ruido



Ya no nos queda sino el ruido,

    como la banda sonora de nuestros tiempos.

        Cacofonía de aviones que no paran, 

          infinitas autopistas

              colapsadas por infinitos autos

          ladridos de perros

             y maullidos de gatos en la noche. 

 

Abdicamos nuestro reino del silencio

     y ahora ensordece el ruido blanco

        de voces que no dicen

           gritan

             y gesticulan,

               insultan

                 y estallan.

 

No quedan sonidos nuevos

      ni voces que canten

           ni risas que reconstruyan

              ni tampoco el murmullo de amores nuevos.

 

Hoy sólo resuenan

     ecos de lo que fue,

          de lo que dejó de ser.

  También Ulises se dejó seducir

       por el blanco ruido de sirenas.

 

Se apagan las luces

      y las voces puras.

 

Queda el dolor

    y la sordera

       y la indiferencia

         y el miedo.

 

Ya nadie nos amarra al mástil

     de un navío que nos mantenga en curso.

 

Estrépito

  rugido

    trueno

      y estallido.

 

¿Habrá quien, terco aún,

    pretenda esconder, 

       caracola adentro,

         la semilla de algún canto que acalle el ruido?


miércoles, mayo 01, 2024

Pies ligeros

Para Naftalí, con el deseo de que al fin haga las paces. 

Aquiles, antes de ser el de los pies ligeros, el invencible, el despiadado, el pastor de hombres, el del escudo irrompible, antes de ser aquel que todo el mundo conoce era, simplemente, Aquiles.
Y a aquel hombre le ofreció el oráculo dos destinos: una vida corta y gloriosa, que le garantizaría la inmortalidad de su nombre... O una vida larga y sin gloria, con hijos y nietos, pero tras la cual caería en el olvido...

Años atrás leí aquella historia y me pregunté, puesto en su lugar, cuál hubiera sido sido mi elección: la suya también hubiera sido la mía. La gloria, por supuesto, se me antojaba dulce; la eternidad corta.

Hoy paso los 45 años. Sobra decir que no he alcanzado gloria alguna y mucho menos inmortalidad. Mi nombre se perderá en el tiempo como lo hará el de mi padre, el de mi abuelo y el de todos aquellos que estuvieron antes que ellos.

No habrá estatuas ni coliseos, tampoco epopeyas que hablen de mi ira o de mi viaje. Pero he amado y me han amado, he visto a mi hijo crecer y a mi madre envejecer, he tenido amigos, he cruzado vida con quienes encontraron su propio camino, he aprendido y he olvidado. He vivido, en fin, lo que debia vivir.

Como nos cambia la vida cuando entendemos que la verdadera gloria es vivir una buena vida.

martes, abril 09, 2024

Dos cuentos llenos de letras

 


El grupo Letras, del área de extensión de la Universidad Eafit, en Medellín, es un colectivo de personas que se reúne semanalmente a hablar sobre libros, a escribir, a compartir en torno a las letras. Hace unos años participé en varias de sus sesiones y hoy en día soy una más de las letras fantasmas que sigue acompañando, pero ahora desde la distancia. Con el apoyo de la Universidad, el Grupo Letras ha publicado una antología con algunos de los textos que ha venido escribiendo en los últimos años.

Cuento todo aquello porque he tenido la fortuna de ser invitado a participar con un par de textos. Con frecuencia, quienes me han escuchado en clases o conferencias hablando de origami, me han escuchado al plegar decir que “ahora sacamos el animal interior”. Este libro trata sobre animales, y cada autor hizo lo propio, dejando salir lo que llevaba adentro. También para escribir hay que dejar salir el animal que llevamos dentro. 

La otra buena noticia es que, por ser publicado por una editorial universitaria, el libro ha sido puesto a disposición de quien lo quiera leer de manera gratuita. Basta seguir el siguiente link.

Lo comparto aquí e invito a los lectores de estas soledades a darse una pasada y leer sus textos. Hay un poco de cada cosa y de cada cosa un poco más, desde poemas hasta textos cotidianos, pasando por lo fantástico; desde pulgas hasta gatos, y por supuesto pájaros. Mis aves, precisamente, los esperan en las páginas 30 y 111, números bonitos esos cuyas cifras suman 3.

A letras, y particularmente a su director Daniel Bravo, 3 veces gracias.

lunes, noviembre 15, 2021

Decálogo para los lunes en los que haya olvidado cómo escribir.

  

1. Escribirás para ti mismo. No para tus lectores, no para tus amigos, no para tu editor y menos aún para los críticos. Escribirás para ti mismo.

Por más que trabajes, por más que lo intentes, por más que te preocupes, quien lea lo que escribes lo hará desde su propia orilla, y aquella orilla rara vez será la tuya. No cometas el error de escribir para ellos, cuando la única honestidad que debes tener es contigo mismo. Serás tu peor crítico, tu peor enemigo y tu único amigo. Sólo tú sabrás decir si lo escrito responde a lo que deseas contar.

Eso sí, asegúrate de que lo que escribas pueda entenderse.



2. Desconfía de géneros, fronteras y clasificaciones como lo haces de los taxidermistas.

No te preocupes por si lo escrito es un cuento, un relato, un poema o una novela. Tal vez sea una crónica, tal vez un monólogo, tal vez una obra de teatro. Un teórico dirá que le falta para ser cuento y otro que no parece una novela. Los libreros (pobres ellos) no sabrán si poner tu texto en poesía o en nuevas narrativas.

Aquello no es tu problema.

El tuyo es escribir sabiendo que primero está el texto y luego la teorización que trate de explicarlo.

(Por cierto: si eres crítico o teórico, olvida lo que sabes antes de escribir, sino pasarán los años y no escribirás una sola palabra).


3. Si juegas a ser demiurgo, respeta el derecho al libre albedrío.

Hay autores que dicen que desde la primera frase de tu texto deberás tener clara la última. Otros dicen que no debes escribir si no conoces el final. Eso está perfecto para ellos, pero no tiene porqué ser el mismo caso para todos.

Si en tu texto estás jugando a crear personajes y a dotarlos de personalidad propia, ¿por qué les niegas la posibilidad de tener vida más allá del plan que traces para ellos?

Déjate sorprender, dales la libertad de ser ellos mismos. Muchas veces saben mejor que tu lo que debe o no pasar, por algo son quienes viven en tu historia.

Pero eso sí: nunca escribas sin un plan general de lo que quieres.


4. Te preocuparás por el ritmo, no el de la historia, se sobreentiende, sino el de las frases que escribas.

Un texto, sin importar su extensión, debe ser como un concierto o una canción. Debes definir un tempo y estar dispuesto a jugar con él.

Escribe frases cortas cuando las requieras, y largos párrafos expresivos en los cuales no haya puntos intermedios o comas o puntos y aparte que permitan que el lector respire si lo que necesitas es que en él se desarrolle la tensión o el ahogo. Tu puntuación es propia si la manejas con intención.

Deja espacios.

Disfruta el silencio.

Sugiere a tu lector que lea siempre en voz alta y nunca dejes de hacerlo tu.


5. No negarás la presencia de musas, duendes, daimones o genios que te dictarán al oído el texto. Pero te presentarás cada día al trabajo.

Picasso ya lo dijo alguna vez: "que la inspiración te encuentre trabajando".

 

Quizás seas poeta y escuches una voz que te murmure el texto que quiere ser

(porque a veces los textos quieren ser incluso a pesar tuyo)

Quizás un día baje la inspiración divina y hable directamente a tu oído.

                (y quizás en lenguas de fuego te de la palabra correcta,

el adjetivo perfecto,

el verso exacto)

No importa.

Cada mañana (o cada noche)

te dispondrás a escribir y a recibir inspiración.


A veces no llegará, es cierto,

pero tú te habrás presentado al trabajo.

 

Con el tiempo, y algo de suerte,

llegará el día en que puedas convocar la inspiración

como quien invoca un recuerdo en la memoria…

 

Pero mientras eso ocurre, sigue presentándote a trabajar.


6. Respetarás tu voz propia, porque es en últimas lo único propio que tienes.

Te van a decir que describes mucho. Te van a decir que describes poco. Te van a decir que no te preocupas lo suficiente por el espacio. Te van a decir que es mejor si te preocupas menos por el espacio. Te van a decir que no muestras. Te van a decir que muestras demasiado. Te dirán que tus textos se parecen a los de algún autor, o que sería mejor si escribieras como algún otro lo hace.

 

Sonríe, agradece, y sigue adelante.

 

Encuentra tu estilo y depúralo.

 

No podrás ser una mejor versión de alguien más, pero podrás ser una mejor versión de ti mismo.


Si no sabes identificar tu voz entonces busca algún autor que te guste excesivamente y trata de escribir un par de hojas como él lo haría. Terminado el ejercicio, destaca todo aquello que no parezca suyo: esa es tu propia voz, o por lo menos su comienzo.

Pero mantente atento: lee a todos aquellos autores que te recomienden, aunque luego dejes sus textos a mitad del camino.


7. Tendrás presente que la técnica está al servicio del espíritu, y no al contrario.

Liszt dijo que la técnica emerge del espíritu. Tenía razón, por lo menos parcialmente. Deberás ser consciente de que el virtuosismo técnico no implica grandeza espiritual, pero que de la grandeza del espíritu habla la obra. Entiende la técnica como una forma de potenciar aquello que dices, como una herramienta para hacer mejor la creación, pero no caigas en la técnica vacía que cumple cada norma, pero a fin de cuentas no habla del espíritu.

Preocúpate primero por tener que decir y luego te preocuparás por la forma de decirlo.


8. Reconocerás que todo está escrito, que todo ha sido contado, y que de hecho ha sido mostrado mejor de lo que jamás lograrás hacerlo. No tendrás miedo de decirlo de nuevo, porque tú no lo has dicho.

"Esa historia se parece a...", "Ese texto me recuerda el de..."

Todo está dicho, y casi con seguridad ha sido dicho de mejor manera por alguien más. No te preocupes locamente por la originalidad, ni padezcas por encontrar un tema que nadie haya tocado jamás. Podrá ser diferente tu tratamiento, o tal vez el enfoque que le des, o la forma de contar la historia. Sea como sea, la contarás a tu manera y eso es lo único que importa.

Si tienes dudas, vuelve al primer elemento de este decálogo. O al sexto.


9. Te importará la historia más que la forma, el contenido más que el continente.

Vale, es cierto: no se puede hablar de contenedor sin contenido y el uno da cuenta del otro. Pero hay tantos y tantos escritores que dejan de lado la historia y se preocupan sólo por la forma que a veces pareciera que todo es digno de ser contado.

Y no, no es así. No en todas partes hay una historia, no todo vale la pena que sea dicho.

Preocúpate por la historia, por dar al lector algo que conmueva su espíritu. No temas, eso sí, darle aquella forma que consideres más apropiada a tu texto. Si te gusta la metonimia, úsala. Si en amante del hiperbatón te has convertido, practícalo.  Si piensas que la rima da belleza, empléala. Si crees que es mejor la prosa que el verso, que un personaje puede y debe hablar como si viviera en otro tiempo, no dudes en hacerlo.

Pero, por favor, no te olvides de la historia.


10. Si algún día te piden un decálogo o un consejo dirás que la única regla cierta, el único consejo valido, el único camino posible, es escribir.

¡Escribe, maldita sea, escribe!

Deja de leer lo que hacen otros, deja de pedir consejos y siéntate a escribir. Rilke tenía razón en eso y escribir es respirar. Hay quien dijo que “el hombre que se acerca a su objetivo ya no camina, baila”. Pero tú no bailas, tú escribes. Así que ponte a trabajar pues nadie más que tu puede encontrar una respuesta a tus preguntas.

Eso sí, no dejes de hacerte preguntas.



11. No creerás en ningún decálogo, ni siquiera en el que tú escribas.

De todos los puntos, será siempre el más importante. Te enamorarás de los decálogos porque parecen lecciones fáciles, mandamientos que puedes alcanzar, guías cuando todo está perdido.

Seguramente todo está perdido y precisamente es por eso que buscas un decálogo; acéptalo de una vez.

No te olvides que todos ellos son subjetivos y dependen del ánimo y el momento de vida del escritor. También quienes escriben decálogos reniegan de lo escrito.

 

Tan solo no te olvides de una cosa: por favor, por lo que más quieras, por caridad contigo mismo: escribe.

 

Daniel Naranjo

(Lunes)

 

domingo, febrero 28, 2021

Domingo

Mi padre cumplía años los domingos.

No tiene sentido, lo sé, pero en mi cabeza, siempre pasaba que los cumpleaños de mi padre caían en domingo.
Quizás tenga que ver con la fecha, ese fin de mes que tiene más sentido si además es el final de la semana, o quizás tenga que ver con que durante muchos años eran los domingos el día en que lo veía.
Se que con los años eso cambió: recuerdo que lo llamaba y que él preguntaba en voz baja a quien contestaba quién estaba al otro lado de la línea, para luego decidir si pasaba al teléfono o no. Nunca le gustaron los cumpleaños. A veces me contaba que se había perdido todo el día. Se iba al cementerio San Pedro y visitaba a los maestros y de paso a los amigos. Otras veces decía que se la había pasado escribiendo. Esa era también su celebración, ajena a todos, consigo mismo.
La última vez que lo llamé, un domingo que no fue, recuerdo que no dijo nada. Ya no tenía nada por decir, ni despedidas ni celebraciones. Pensé en eso hace unos días, mientras escribía, pensando si él también se pasaría el día entre hojas, entre las cosas que no lograba decir y los deseos de decir alguna cosa nueva.
Y lo recuerdo, sentado en una silla, con una vieja tabla que usaba como escritorio, escribiendo sin parar un cuaderno detrás de otro.
Hoy viene a ser domingo, y si las cuentas no me fallan cumpliría 72 años.
Mi padre siempre cumplía años los domingos.

martes, febrero 09, 2021

Cotidianidades XXV

Me escribe mi madre:

» Voy al parque. ¿Se te ofrece algo?

+ Panela, si es posible, le respondo yo.

» ¿Molida o sencilla?

+ Sencilla. Que no tenga muchas pretensiones. Que sea dulce y se cuide un poco. Que no traté de hacerse blanqueamientos innecesarios, pero en lo posible que no sea negra de tanto tostarse bajo el calor. Que no esté hecha polvo por el cansancio, ni sea tan grande que quepan cuatro dentro de ella. Que sea humilde y sepa que la humildad es motivo de orgullo. Generosa y segura de lo que es, pero dispuesta a mezclarse y aportar a otros.
Sencillita, así sin más.

» Sencilla, dice mi madre.

Y ya no decimos nada más.



jueves, octubre 08, 2020

COTIDIANIDADES XXIV

 Hay días de Belleza.


Hoy, frente a mi puerta, ha llegado la migración. Una nube oscura lo ha cubierto todo, un sonido, una vibración.

La nube baja, lentamente. Después llega el silencio, grande como la nube que era antes.

Desde lejos espero, y al fin me acerco.

En un árbol, justo aquí, frente a la casa, se han escondido. Veo aún su baile de decenas, de cientos y de miles. Vuelo de paso que busca descanso.

Buscan hoy, supongo, una nueva enjambrazón. Las veo y les sonrío. Las respeto en la distancia. Las dejo en su descanso. Espero.

Mañana se habrán ido, o tal vez se queden un día más. Es lo que hacen, lo que siempre han hecho.

También ellas, como la vida, son tan solo un vuelo de estación. 

viernes, septiembre 04, 2020

El libro por venir

El próximo libro que escriba será un libro sobre caballos. Será un libro de escultura en papel, con al menos un par de decenas de caballos en los que he dejado el alma. Ya he comenzado con la primera página.


Hablaré de sus pliegues y de sus búsquedas, de cascos rotos y memorias olvidadas. Hablaré de los vuelos que no fueron y de los que sí pudieron ser.
Y tendrá fotos, muchas fotos. Y serán hermosas, y me dará ganas de llorar de la emoción cada vez que lo vea. Y pensaré que es el mejor libro que he hecho, y que los dibujos al fin le hacen justicia a la fotografía, pero también le hacen justicia a los modelos, que sin duda siempre se han merecido unos trazos más bellos que los que tengo.

El próximo libro que escriba, ese de caballos, será un homenaje a ellos y a lo mucho que los amo. Y pondré pegasos, y unicornios, y fragmentos de caballos, y jumentos que cargan su destino, y caballos que se vuelven olas, y olas que se vuelven galopes, y habrá palabras de cuatro patas y recordaré tormentas y tempestades. Y tendrá estudios, muchos estudios, como los que hacen los pianistas cuando aprenden a tocar, como los que hacen los guitarristas una y otra vez, pero serán estudios de caballos, una y otra vez. 

Mi próximo libro por escribir, ese del que les cuento, llegará algún día. Y escribiré en él, de nuevo, aquel poema que amé porque fue una autobiografía, un retrato de mi mismo. Llegará aquel libro, lo sé, y quizás nadie lo vea nunca, y quizás se pierda en medio de una biblioteca que es a veces cementerio de otros libros que fueron pero nunca llegaron a ser. Pero será hermoso, tanto, que cada vez que lo vea recordaré el alma de caballo que llevo adentro.


lunes, agosto 10, 2020

Cajón de sastre

Tengo en casa, oculto de todos pero especialmente oculto de mi, un grupo de cajas en las cuales guardo los modelos viejos que he creado a lo largo de la vida. Algunos están terminados. Otros no son más que borradores. Yo llamo a aquello mi cajón de sastre, homenaje a otros tiempos en los que los sastres tenían cajones con recortes y prendas no vendidas.

Hoy, como pasa a veces, debí buscar algo en aquel cajón. Trato siempre de que las incursiones en el mismo sean rápidas y limpias. Pero hoy aquello no fue posible. Debí revisar, casi figura a figura su contenido. 

He pensado, viendo todo aquello, que debería escribir un libro de origami. Se llamaría algo así como "los modelos del olvido" o "las memorias de aquello que no fue", en fin, sería algún nombre poético pero también ligeramente triste. 

Encontré allí modelos que no fueron, por supuesto, pero también modelos que en algún momento dejé allí, tratando vanamente de organizar la casa o quizás tratando de dejar espacio para otras cosas. Encontré modelos que me cuentan aún tantas viejas historias. Encontré también tantas visiones viejas de la forma en la cual he visto los pliegues a lo largo de esta vida de plegados que no pude dejar de preguntarme en los vaivenes de la vida. 

Tal vez, aquel inexistente libro de los modelos caídos en el olvido, me recuerde que, a veces, la vida es sólo caminar en medio del camino sin saber nunca cuál será el destino.

viernes, marzo 20, 2020

Una grulla de papel

Hace unos años, (casi 10, calculo al aire), descubrí esta grulla, pero nunca enseñé a plegarla en público. En aquella época enseñé el modelo a Román Díaz, quien con su típica genialidad tomó el modelo y decidió hacer un par de cambios aquí, otros allá, una decena más allá, y obtuvo como resultado su infinitamente bella y famosa grulla. 

He recordado por estos días aquella historia. Plegar entre dos aquello resultó un asunto feliz, como feliz suele ser el compartir. 


Con el tiempo se nos olvidan cosas como esas, como lo feliz que fue crear con alguien, lo feliz que puede llegar a hacerte diseñar algo en compañía. Se nos olvida lo importante de verdad que resulta el compartir. 

Por estos días el mundo anda en cuarentena. Muchos recuerdan lo que en realidad es importante, enfrentados a un encierro que nos recuerda lo que en realidad vale la pena. Yo, entre todas esas cosas, he recordado esta grulla, y he realizado los diagramas de la misma.

No es ni sombra de la creada por Román, pero siempre tendrá para mí el encanto de los modelos simples, pero sobretodo de los modelos compartidos.

Para todos, una grulla de regalo. Y recuerden que una antigua historia cuenta que todo aquel que pliegue 1000 grullas de papel tendrá una vida larga y plena de salud. No sé si sea cierto, pero puedo asegurar que tendrá 1000 regalos para dar.

Y eso vale la pena. 











jueves, marzo 05, 2020

El río

Llevo mi barca a la orilla
Meto en el agua
    la punta de los dedos
Veo el cause, infinito.

Me tomas de la mano y me guias
por remanso y remolinos
Me enseñas la ola que escucho
   dando vueltas 
     caracol de mi oído.

Me entrego al flujo del agua
  Al ondulado vaivén 
    En los resaltos me aferro
      De los rápidos bebo

Al fin hundo mi barca.
Río y navío son ya lo mismo
Nado en vos 
  que me dejas en la orilla,
 vencedor vencido.

Tu, mujer, eres el río.

martes, febrero 25, 2020

Jirafa



Jirafa.
Plegada con Agua Papel

Me gusta cómo se escribe la palabra «Jirafa»
  • La «f», alta, que mira desde más arriba hacia la copa de los árboles. 
  • La «j», hacia abajo cuando es minúscula, como el cuello de la jirafa cuando va a beber al río. 
  • La «J», otra vez, pero ahora alta porque es mayúscula y mira hacia lo lejos.
¿Sabrá la Jirafa que su palabra la refleja? 

jueves, febrero 20, 2020

Eso somos


Eso somos...

Una gota de sangre fluye
en medio de un cuerpo que es
      la totalidad 

del universo conocido.

Un grano de polvo que se pregunta:
¿existirá algo más allá
de la infinita playa de arena cósmica que conoce?

Tan sólo...

Una ola que a lo lejos,
 cree ser capaz de recorrer 

     un mar entero.
No se pregunta por la playa,
    por la piedra 

       o por el mar,
pero choca contra el acantilado y vuelve a ser tan sólo...
     una gota de agua.

Una célula encerrada en un organismo,
      un electrón dando vueltas entorno a un núcleo,
         un planeta orbitando un sol en medio de la nada.

Todo es vacío más allá de nosotros mismos...

No somos, lo sé,
más que átomos en medio de un universo que nos ignora.

O tal vez no nos ignora,
   sino que,
      simplemente,
ha decidido no prestarnos atención.

Esa es nuestra gran desventura
     o tal vez, nuestra única esperanza.

Eso somos...
      Desventura y esperanza.

lunes, febrero 17, 2020

Lógica de billetera

Dicta la lógica de la billetera
que ya tenemos demasiados psicólogos
    y demasiados sociólogos
       por no hablar de los historiadores 
         (que abundan por montón)

Esa misma lógica,
   que bien intencionada cree
      que sólo importa lo que tiene trabajo de inmediato,
esta segura de que los músicos sobran
    y los que hacen cine
       y los que escriben
          y los que piensan que el arte es
           un camino para que valga la pena 
                vivir la vida.

Cree la misma lógica de billetera
que el empresario sólo necesita
contratar dos horas a la semana.

Se olvida tal vez que la gente sigue triste
Que no nos entendemos, 
      los unos a los otros
Que nos quedamos sin memoria,
     y sin pasado, y sin historia.

Se olvida que la elección 
     de qué hacer en la vida
debería primero preguntar
   al alma de cada uno.

Yo celebro a los que escuchan a los otros
   A los que aman lo que hacen
     A los que impiden que la memoria caiga en el olvido
       A los que bailan, cantan o cuentan cuentos
          A los que estudian lo que el alma les dicta.

Porque la vida, 
  no se olviden,
está para ser vivida
y para eso 
  (aunque suene extraño 
    a la lógica de la billetera)
existe más de una manera.
    

viernes, enero 31, 2020

Cotidianidades (XXII)

Hay una relación entre las palabras y la edad. No es novedad, lo sé, pero permítanme explicarlo.

Un día alguien te dice «señor». En ese momento, de golpe, envejeces 10 años y te encuentra la edad adulta.
Luego, otro día, alguien te dice «don». Allí descubres que las canas que creíste que "caminando rápido no se notaban", si lo hacen. Y que esas cosas que llamabas líneas de expresión, en realidad, deberían llamarse por su nombre, el de verdad, y no ese que te inventas para seguirte creyendo joven.

La cosa grave no termina ahí.

Un día cualquiera, al final final, llega la palabra que lo 
termina todo, aquella que hace que caigan sobre ti los años que aún no habían llegado. Ese día, un cualquiera, alguien que no conoces, un vendedor o el cajero de algún banco te dice, sin pensarlo: «padrecito».

Ese día comienzas a considerar comprar ese atractivo paquete funerario que no sabes bien por qué no habías visto antes y miras hacia el infinito como cuando ves que en el cine pasan los créditos que anuncian el final de la película y solo resta esperar The End.