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viernes, enero 12, 2024

Murciélago

Era lunes y desperté con ganas de plegar. El día pasó vacío, como algunas veces, y dio camino a la noche. Me metí a la cama con la misma inquietud de la mañana y pensé que era un indicador. 

Veremos que pasa dije, invocando a los dioses del sueño nocturno. 

Era martes y me temblaban los dedos, así que tomé una hoja y me pregunté si aún recordaría cómo doblar. El primer pliegue llevó al segundo, el segundo al tercero, el tercero al cuarto. La secuencia salió completa, desde el primer doblez hasta el último. Sólo un par de líneas dudaban de su proporción.

Me acosté mirando aquella criatura que me devolvía la mirada. Desperté en miércoles y decidí ponerla sobre un papel (otro distinto, claro). El lápiz trastabillaba con la hoja; lo que en mis dedos había fluido como río aquí chocaba como ola. 

Un dibujo, sólo un dibujo más , insistía.

Desperté en jueves, en viernes, en sábado, en algún día hasta que perdí la cuenta. El murciélago todavía estaba allí, como en un cuento breve de Monterroso, y los dibujos, aunque me costara creerlo, también se mantenían. Dejé de contar los días y me puse a enumerar los pasos (los míos y los del dibujo). Por fin escribí el último número, el que cierra, el que termina. Tomé otra hoja y escribí estas palabras. 

Desperté en la noche y descubrí que el murciélago, las hojas, los pliegues y los dibujos se habían ido volando.





miércoles, marzo 15, 2023

martes, junio 02, 2020

Gran Kudu




Gran Kudu
Plegado con Aguapapel


Hace unos días dije que mostraría algunos modelos de origami que representaran, de una u otra forma, retos de complejidad.

Este es el segundo de aquellos modelos que deseo enseñar. Se trata de un Kudu, un animal de la familia de los antílopes que habita en las praderas de suráfrica. Su representación en origami suele ser sumamente elaborada debido a que se conjugan en este modelo un asunto asociado al largo del cuello y otro asociado a la presencia de los cuernos.

Esta es mi versión, manteniendo ambos factores pero sin tener que complicar infinitamente el resto del modelo.

domingo, mayo 24, 2020

Zarigüeya

Hace un par de días Noelia Ávila, una conocida origamista argentina, me invitó a participar en un Live de instagram en el que invita a origamistas de todo el mundo a que cuenten sobre sus pliegues y sus creaciones.

Desde unos días atrás pensaba qué modelo enseñar. No es tarea fácil eso de decidir que enseñar, especialmente cuando será una clase abierta con distintos niveles de participantes y sin mucha posibilidad de interacción.

La noche anterior, sobre el muro que sirve de quicio a una ventana, pasó una pequeña zarigüeya. Viene a veces de paseo, y se trepa en un árbol a un lado de la casa.

Pero justo esa noche, entre reja y ventana, se detuvo unos minutos y nos miró.

Aquí estoy, decía, como dijo en un viejo mito mejicano que cuenta que gracias a ella es que conseguimos los hombres el fuego. 

Viéndola allí recordé aquel mito que explicaba su cola sin pelo, y su extraño caminar. La recordé valiente, subiendo hasta donde vive el sol para robar una braza ardiente.

No pude resistirme a plegarla.

Salió de mis manos casi directamente, pequeña y bonita, en una versión que le hacía justicia a la imagen que me regalaba aquel animalito y pensé, sin duda, que ese era el modelo que debía enseñar.

En aquel encuentro presenté una versión simplificada del modelo y conté la historia. Confieso que en aquella clase virtual se notaba que era un modelo nuevo y que aún no vivía del todo en mi memoria, pero no importó. Fue feliz poder plegarlo. Prometí los diagramas del modelo a aquellos que siguieron la clase y, diligente, me puse a hacerlos.

Los comparto aquí para todos aquellos que deseen hacer sus propias interpretaciones. Esta versión es un poco más compleja que aquella que enseñé, con los correspondientes cambios de color para la cola además de la cabeza. 

Espero la disfruten. A los asistentes, mil gracias por permitirme plegar a su lado. 















miércoles, marzo 04, 2020

Rinoceronte




Rinoceronte
Plegado en Agua Papel


Hace unos días, Tuan Nguyen Tu, uno de mis origamistas favoritos, tuvo la gentileza de plegar uno de mis modelos. Se trata de un rinoceronte que creé hace unos años, el cual está pensado como parte de un capítulo de un libro que quizás, si la fortuna lo desea, vea la luz alguno de estos días.

El modelo original, este que presento aquí, es una búsqueda sobre la simplicidad y la geometría: 

  • ¿Cómo lograr expresar la esencia de un modelo con la mínima cantidad de pliegues
  • ¿Cómo lograr que, además, sean pliegues con una marcada geometría y que por ende sean fáciles de plegar por cualquiera?
La respuesta no es fácil, pero como siempre lo importante suele estar en la pregunta, que detona la búsqueda una y otra vez.

Es uno modelo de una serie que iré mostrando en próximos días, de esta serie hace parte la jirafa que también enseñé hace unas semanas.

La versión realizada por Tuan Nguyen Tu es maravillosa. Plegó el modelo con una interpretación basada en curvas, no en líneas rectas. Es un ejercicio que me parece maravilloso, pues muestra el enorme poder de la interpretación en el proceso de plegado.

sábado, julio 28, 2018

Caballo



No imagino un cielo
en el que no existan los caballos. 


Tras la muerte espero
de nubes un horizonte
en el que dioses nuevos y viejos
galopan a un mismo tiempo.

Si acaso resulta
que lo que sigue
después de aquello
es una nueva encarnación
seguramente pediré a quien toque
que me de la dignidad equina.

O si acaso tras cerrar los ojos
no queda otra cosa,
que la nada que siempre fuimos,
que mis átomos se vuelvan
de la tierra un alimento.

Que tal vez, resto de estrellas.

galope un día el firmamento.

***

Caballo, (estudio a partir de un cuadro original de Peggy Judy)
Acrílico sobre madera

viernes, mayo 25, 2018

Azul sobre azul



Despertar un día
convertido en ballena.

Un azul sobre otro más oscuro
mecido por la marea
de una luna nueva.

Vos, mujer, sos el mar.

miércoles, mayo 02, 2018

Cachalote

Para Román, por recordarme a quién debo los pliegues.





Hace 15 años diseñé un cachalote. Eran otros tiempos, ya lejanos, en mi búsqueda de origami. Soñaba con panteones olímpicos, con convenciones y libros por montones. Soñaba con modelos complejos, con figuras que me darían reconocimiento entre todos los plegadores del mundo.

En aquel momento no sabía casi nada de diseño, pero obviamente aquello no importaba. En realidad nunca ha importado. Diseñé un cachalote: simple, plano y geométrico. No tenía grandes esperanzas aquel modelo y sin embargo me llenó de orgullo, ese orgullo ciego de quien apenas comienza a plegar.

Diagramé sus pasos y estuvo durante años en la página de Nicolas Terry. Con el tiempo pasó al olvido, como suele pasar con muchos origamistas y con sus modelos, como suele pasar con muchos sueños sin sentido. Los diagramas se perdieron y olvidaron también ellos. Quizás, por tratarse de un cachalote esté bien visto decir se hundió en algún profundo abismo.

Hace unos días pensé en plegar una ballena. Tomé una hoja y busqué un par de veces. Nada fluyó en aquel momento. Pareciera que no está mi alma para profundidades por estos días. Intenté de nuevo, y la memoria quiso que recordara aquella ballena de hace 15 años. No recordé sus pasos, mi cabeza no da para tanto, pero buscando entre cosas viejas pude recuperar su secuencia de plegado.

He cambiado un par de cosas, actualizado unos detalles, y diseñado una mejor manera de cerrar aquel modelo. He cambiado también sus sueños y su destino.

He plegado este nuevo cachalote, para descubrir mientras escribo que en realidad es el mismo modelo. Más maduro hoy, como si hubieran pasado 15 años. Ha cambiado él, y también yo, todo sea dicho.

También en los pliegues se nos va notando la vida que pasa.

domingo, febrero 14, 2016

Volviendo al cajón de sastre.



Me declaro reincidente.
     es verdad y lo confieso.
A veces vuelvo sobre caminos que ya antes recorrí.
     Leo libros que ya leí.
         Veo películas que ya antes ví.
             Voy a lugares en los que ya estuve antes.

A veces es necesario volver a uno mismo.
Ir a la cocina y prepararse un café y sentarse a conversar,
    como si fueramos viejos amigos, o al menos conocidos,
Preguntarse por uno mismo, por la familia, por los amigos, por el tiempo.
    Por las decisiones.
             ¡Ah! las decisiones...  lo hecho y lo dejado de hacer.

A veces es necesario volver.
   Recordar
   re-cordaris
   re-cordar
Volver a pasar por el corazón.

Me he buscado en el cajón de sastre,
     (aunque sea el mio de papel)
          Lo hago a veces, cuando la inspiración se porta esquiva
                cuando el polvo de la casa es mucho
           o cuando llega el momento de limpiar
y justo allí he encontrado que antes fui ballena.

Eran otros tiempos,
    pero de ellos vino a salir un enorme azul
    perdido en el océano.

De cuando en vez, resulta bien volver.


domingo, febrero 15, 2015

Buey de Agua

A veces me ocurre. 

Algunos temas se me vuelven recurrentes, casi obsesivos. Me persiguen una y otra vez, agazapados, esperando el más mínimo descuido (o también la mínima intención) para simplemente plantarse frente a mí y exigirme los recorra. Si estoy en la calle, es como si toda la ciudad estuviera llena de presencias o de ausencias, según el tipo de recuerdo en recurrencia. Si es en casa, saltan de los cajones y los armarios con tan solo prender la luz. Muchas veces es un asunto placentero, no puedo negarlo. Recorrer los recuerdos, cuando dulces, es vivirlos un poco de nuevo. Por algo la palabra recordar significa precisamente volver a pasar por el corazón. Tampoco puede negarse que otros días es un asunto doloroso. Cuando amargos, los momentos recordados pasan también de nuevo justo dentro del pecho. A veces el recorrido no es un asunto de pasados, sino de futuros. No recorres lo que fue sino lo que podría ser, lo que pudo haber  sido. Cuando hablamos de pliegues, pasa eso exactamente. A veces recorro pliegues que ya fueron, tratando de mejorarlos un poco cada vez, a veces lo que vienen son temas nuevos que trato y trato de plegar, una y otra vez. En las últimas semanas se encuentran escondidos recuerdos de las cosas que no fueron. Me esperan en las hojas de manera evidente, mirando, tratando de decir, recomendando elija un camino u otro, exigiendo decida hacia dónde trazar la siguiente línea.

Cuando eso pasa lo único que puedes hacer es dejar que sea el corazón el que guíe la caricia de las manos, con la esperanza de que esa piel plegada quiera estremecerse con tu tacto.