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domingo, mayo 10, 2020

Un agujero en el vestido





Un agujero en el vestido.
Acrílico y papel sobre más papel (o técnica mixta que le llaman)
(Agua papel, fabricado por Fabian Correa)



Tengo 41 años, ya casi 42. A veces se sienten más, a veces se sienten menos. 

Todavía le hago manualidades a mi madre, para regalárselas en el día de la madre.

Y todavía ella, cuando las recibe, dicen que es "lo más lindo que le he hecho".

Supongo que a sus ojos sigo siendo el mismo de hace 41 años, casi 42.

Ella...

Ella sigue siendo mi mamá.





lunes, mayo 13, 2019

martes, noviembre 29, 2016

Las manos compartidas






Hace años descubrí 
que algunos de mis silencios
    no me pertenecen. 
Lo descubrí con un reclamo:
       -Ese silencio yo ya lo conozco- me dijeron.
Y pensé que no sólo es un asunto de silencios
sino también de palabras. 

No le presté atención, lo confieso.
estaba ocupado, 
en tratar de vivir mi propia vida. 

Pero luego
hace tan sólo un par de semanas,
vi sobre la almohada vacía a mi lado 
       una mano que no era la mía 
           y que, sin embargo, claramente distinguía. 

En ella, 
escasos recuerdos de infancia se aferraban.

Volvió a ocurrir hace unos días, 
esta vez frente al espejo.
Unos ojos me observaban.

Aquellos ojos, los míos, 
       me miraban 
pero al mismo tiempo 
       miraban otro rostro
            otro recuerdo
                 otro mirar.

Anoche, mientras acostaba a mi niño
tomé su mano.
Y reconocí en aquella mano 
         (apoyada en la mía)
la mano de mi padre 
 que tantas décadas atrás repetía el mismo gesto.

Y recordé entonces 
    aquella mirada de hace unos días
        aquella mano de hace unas semanas
            aquellas palabras que me siguen desde hace años
                 aquellos silencios que me atraviesan.

Esta mañana he comprendido
que también soy mi padre
   sus gestos
      sus memorias
          sus lecciones

Gracias, papá. 

sábado, noviembre 05, 2011

Secretos a voces

Todos guardamos secretos. Algunos mejor que otros, algunos más profundo que otros. Hay secretos que merecen ser contados, y otros que jamás deberían pronunciarse.

Y, hay secretos que se cuentan a voces. Esta entrada es uno de esos secretos que con su ayuda dejará de serlo.


Palabras más, palabras menos, esta entrada cuenta que a partir del primero de diciembre las palabras salen de soledades y pasan al papel.


Es un secreto que iba pesando. Varios años de trabajo para llegar al fin a este primer libro en el que papel, piel y palabra se entrelazan y pliegan uno al ritmo del otro.

Y como no podía ser de otra forma, el lanzamiento de este libro no será un asunto tradicional.

El próximo 11 de este mes, a partir de las 11 y 11 am, hora colombiana, comenzará la preventa.

Será una preventa fuera de lo común. De una edición de 100 libros los primeros 50 se venderán a través de estas soledades. 



¿Cómo? En la entrada publicada el 11.11.11, a las 11:11 se recibirán los pedidos del libro. En orden exacto, numerados uno a uno para las primeras 50 personas en comentar, quienes tendrán el derecho de adquirir cada uno un libro.



Estos libros se firmarán y numerarán para que su nuevo dueño tenga constancia de que lo que tiene en sus manos es una pieza que sale de lo común.


No puedo negar que es un asunto que me alegra profundamente. En los próximos días iré contando a todos los secretos del libro, sus modelos, su estructura, su tamaño.


Sólo me resta invitarlos a todos a difundir esta información, y preguntarles...
 ¿Están preparados?


lunes, septiembre 15, 2008

En busca de la simplicidad

Hay días en los cuales se descubre que hay búsquedas  que llevan una vida. Búsquedas que no ofrecen más recompensa que el placer de la búsqueda en su misma. Búsquedas que permiten descubrirse a uno mismo mientras busca y en las que no importa cuán compartidas sean, pues al final, cada cual ha de descubrir en soledad. Hay búsquedas que simplemente buscan.

Esta entrada, siguiendo la línea de otros sueños, habla sobre una búsqueda: La búsqueda de la morada en la que habita la simplicidad. Busco simplicidades en medio del silencio, pero encontrarlas resulta esquivo y engañoso. ¿Dónde radica la simplicidad? ¿Qué hace a un modelo simple? ¿Hasta donde pueden eliminarse pliegues, uno a uno, paso a paso, para revelar un modelo significativo? ¿Dónde radica la esencia de una figura? ¿Es acaso una línea demasiado? ¿Es un punto muy poco? ¿Acaso la superposición de capas, una sobre otra, otra sobre una, no es simplemente un reflejo de la vida en la que nos gusta llenarnos de cosas sobre cosas?

Estas preguntas y otras similares habrán de evidenciar que, por supuesto, no es una búsqueda exclusiva. Ya muchos con más éxito han transitado pliegues que hablan de modelos construidos con menos de diez pasos. Otros han logrado plegar autenticas maravillas con tan solo dar una línea al papel. Y sin embargo, frente a una hoja de papel me enfrento de nuevo a un camino del cual su mapa, como el de casi todas las búsquedas, ha de llevar invariablemente hacia uno mismo, hacia el arte que llevamos dentro.

Como ven, simplemente, parece que no tengo nada que decir.

Simplemente, me pregunto por lo simple…

domingo, agosto 10, 2008

Lo que sueña el viento

Tiempo atrás dije que no era un diseñador de animales. Sin embargo, cada vez con más frecuencia las figuras que salen de mis dedos recorren una zoología de recuerdos que a veces resulta exitosa y otras no deja de ser un simple ejercicio técnico. En últimas, estos modelos me resultan entretenidos, pero normalmente dicen poco al (del) alma. Basta dar una mirada por este año en soledades para observar que llenos de animales han estado. De hecho, esta entrada debió estar dedicada a un mono que ha saltado en mi memoria en esta semana.

Pero no habla este texto de animales. Estos párrafos hablan sobre el origen del origami. No ha de ser una clase de historia, ni un debate más sobre el país de origen. Ha de ser una serie de preguntas que me hago, a veces, sin saber.

Hace unas semanas me encuentro en una búsqueda. No me pregunten que busco, que no lo sé. No me pregunten si ya lo he encontrado, que tampoco creo poder responder eso… Lo que ha resultado curioso es que a partir de esa búsqueda, Felipe Moreno me ha dicho una frase que me ha removido las entretelas de la memoria: “El origami que tu buscas no está afuera. Está adentro tuyo”.

La frase no solo parece surgida de un antiguo texto zen, o de una filosofía de vida más centrada en el conocimiento propio que en el ajeno. Escazas 11 palabras me han puesto a reflexionar por esa búsqueda incansable y normalmente infructuosa que de origami he tenido. También me han recordado una frase hermosa de emejota en la idea del norte “la técnica emana del espíritu”. Me han puesto a pensar en la vida en general. ¿Qué busca quien no sabe que busca? ¿Qué encuentra quien no sabe aún qué es lo que está buscando? ¿Dejará, alguna vez, el alma de buscar? Me ha puesto a pensar en tantas cosas que se dicen sin voz. En tanta gente que no sabe que tiene una voz para hablar, en tantas personas que aún sin voz logran decir. Y en tanto que se queda en palabras vacías. En tantos modelos que, como muchos de mis animales, se quedan sin decir. Esas 11 palabras han desatado en mí una búsqueda más: La búsqueda por el adentro, por el interior. Y para esa búsqueda sobra decir que no existen mapas ni batiscafos, ni brújulas ni un moderno google earth que te permita reconocerte desde afuera.


Y un poco sin saber que responder, y un mucho sin saber que preguntar, ha salido de mis dedos un rostro más. Ya sé que parece que en el origami de los rostros todo ha sido dicho, que no hay una línea más a donde llegar. Y, sin embargo, se filtra entre mis dedos otro rostro que busca decir algo distinto. Un rostro que deseo fluya. De paso sea dicho, es, probablemente, la primera figura que hago pensando en términos de exposición, pensando en una obra que se exponga a si misma.

En lo personal suelo cuestionarme profundamente cuando obtengo modelos como este. Sé bien que la parte inconsciente del cerebro obtiene respuestas mucho más rápido que la consciente, pero ¿Qué me quiere decir el alma, que no logra entenderla mi cabeza pero mis dedos sí?
Así que, buscando, pego los dedos a mis oídos tratando de escucharlos. Los acerco a la nariz, esperando respirar en ellos aquello que saben y ocultan. Los traigo frente a mis ojos, esperando ver en ellos los asomos de palabras por decir. Pero comprendo que ellos ya dijeron. Que han dejado sus palabras en el papel, y el papel en el viento…


¿Qué será aquello que sueña el viento?

jueves, enero 17, 2008

Silencio

“Pero porque pido silencio no crean que voy a morirme
me pasa todo lo contrario, sucede que voy a vivirme”
Pablo Neruda


Hay mucho por decir acerca del silencio. Es hermano, mayor, de la palabra, y probablemente por eso sea más maduro y un poco más sabio. Es más antiguo que la voz, y más poderoso, y debiera ser más normal al ser humano. Es más íntimo, y más primitivo.
Quizás, el silencio me guste tanto como la palabra, porque dice tanto como ella. Conozco silencios de consuelo y silencios de alegría, conozco silencios de dolor y algunos de castigo. He pronunciado silencios que aún hoy me duelen. El lenguaje de la eternidad debe ser el del silencio.

Muchos creen que el silencio es árido, seco, como el cauce muerto de un rio inexistente. Conozco silencios así. Otros creen en silencios que cantan, que hablan, que fluyen. De esos conozco varios. Hay silencios de todo tamaño y medida, de todo color y edad. Hay silencios que deben ser guardados por obligación, otros por necesidad. Hay silencios que duelen porque deberían ser palabra, y también palabras que más valdría fueran silencios.

Una de sus diferencias fundamentales ha de ser la comodidad. La palabra es, a pedido de la modernidad, cómoda. Nos sentimos cómodos con ella (y algunos en ella). Prendemos la televisión o el radio al entrar en una habitación para no sentirnos tan solos, porque silencio y soledad suelen comenzar igual. Tememos al silencio y sus implicaciones, y eso se ha vuelto la norma en todas nuestras comunicaciones. Por chat, las personas escriben desesperadas, mandan sonidos y teclean en medio de la infinita necesidad de sentir que hay alguien (cualquiera) al otro lado de la línea. Tememos la soledad y la relacionamos con el silencio. Probablemente, una forma de saber que tan solos estamos sea ver que tanto silencio podemos guardar sin que nos consuma el miedo.
¿Por qué nos duele tanto el silencio? ¿Por qué resulta tan complejo? Nuestro silencio, por definición, es entendido como ausencia del ruido. Definimos el silencio como ausencia (hermana de la soledad), y en función del ruido. Quizás, resultaría de más valor que definieramos el ruido como la ausencia del silencio. De todos modos, algo de ventajoso tiene la definición al hablar de "ausencia de ruido" y no de ausencia de sonido, porque entre ambos términos existe una diferencia fundamental. No es lo mismo ruido que sonido. El silencio que conocemos no es el silencio natural, es un silencio que se pide a gritos, que se llama y se invoca como castigo, no como realización. El silencio, en la modernidad, pareciera hablar de incomunicación y aislamiento.
Que paradoja: el fundamento de la comunicación es el silencio, y hemos logrado convertirlo en su enemigo.



Las últimas semanas he tratado de guardar silencio, y también de recuperarlo. La nueva apariencia del blog busca resaltar un silencio que diga, que deje hablar. También he tratado de recuperar el decir de los dedos, y así surge este modelo cuyo tema base (un rostro del que saliera cabello hacia un lado) es idea de Fabián Correa.

Este silencio que he plegado hoy es un silencio fluido, un silencio que vive. Hace días quería plegar un modelo más cercano a mi alma, puesto que últimamente me dedico al mundo animal. Parte de una rectángulo de 2*1, y es resultado de la investigación en las técnicas de dobleces curvos y de bajo relieve. Solo presenta un par de dobleces “formales” en el diseño del rostro. Como línea de investigación y expresión, no puedo negar que me atraen estos diseños que hablan más de superficies que de pliegues, pero aún me resulta claro que la superficie ha de estar contenida por el pliegue. Como comentario, al margen de la hoja, esta línea de investigación es consecuencia de una serie de preguntas y recomendaciones realizadas por Saadya hace un par de años. A esas preguntas la única respuesta que he logrado dar aún sigue siendo, como lo fue cuando fueron formuladas, el silencio.


domingo, abril 15, 2007

Por la boca muere el pez...

El dios que me vino a tocar en suerte al nacer es un dios del signo piscis. No creo en horóscopos, aunque todo parezca indicar que soy un típico géminis. Me cuesta además creer en un dios que no hace el amor. Me duele creer en un dios así. El dios que me tocó en suerte al nacer es uno que no tiene cuerpo, ni sexo. Y no sabe de lo que se pierde el pobre (o quizás si sabe, y por eso ha dejado de tomarse tan en serio). Afortunadamente tiene palabra (quizá sea un milagro de consolación). Con la palabra crea, con la palabra destruye, con la palabra castiga, con la palabra reconstruye.

Esa paradoja me resulta encantadora. Es un dios del signo piscis, y es un dios de palabra. Extraña combinación pues el pez muere por su boca, y harto cuesta a los peces hablar. Otra cosa es caminar siendo un pez. Quizá por eso sea que ese dios no tenga piernas para abrir o para cerrar, para entregar.

En la pasada semana santa estuve leyendo, después de semanas sin facilidad de acceso a Internet, las novedades del mundo origamístico. Me encontré con la imagen que tomó Román de una máscara en México, rostro que era perfecta representación de aquel dios/pez del que hablaba. Aunque quise plegar el modelo en esa semana, solo en pascua tomó forma. Sale así uno de esos modelos que pedía la entrada anterior, uno que sea dos en uno, uno que siendo uno sea dos. Le enseñé, de paso sea dicho, el modelo a Jorge Jaramillo, uno de los más estudiosos origamistas que conozco. Su referente fue Escher. He de confesar que yo no pensé en este referente, aunque es sin duda acertado. Los trabajos de Escher pasan de ser pez a ave, ave a ciudad, ciudad a ajedrez. Este modelo pasa de pez a rostro, con una transición fluida que permite al pez nadar, o al rostro pensar; al pez ser dios; al dios ser pez.



domingo, diciembre 31, 2006

JANO - JANUS

Hace un par de años pude aprender, por tercera persona, cómo son plegados algunos de los impresionantes rostros de Joisel. La figura se crea a partir de la superposición de líneas que después permitirán la cavidad ocular y los ojos. Ese punto presenta el entrecejo, el punto donde nace la nariz. Esos rostros son hermosos, pero grotescos, con una propuesta estética que impresiona, pero que está lejos de ser realista. Cada línea toma significado en la medida en que se consiguen rostros con, digámoslo de alguna manera, “carácter”. No lo supe de primera voz, pero es claro que belleza y fealdad pueden convivir sin dejar de dar como resultado algo hermoso.
Hace unas semanas pude aprender, de viva voz, cómo son plegados algunos de los impresionantes rostros de Saadya. Es fascinante observar cómo se soluciona el problema de la creación a partir de un solo punto, lo cual permite un rostro “limpio” en el que los pliegues más importantes son los que resultan entre la nariz y la boca. Aunque Saadya no dijo nada sobre ese pliegue, recordé un antiguo mito que decía que esas pequeñas dos líneas en verticales que se esconden en la sombra de la nariz son un recuerdo del alma antes de llegar a la tierra: Un ángel de fuego pone su dedo sobre la boca y dice “calla lo que sabes”. Por eso no recordamos lo que sabemos del cielo.




Hace unos años empecé a investigar sobre el proceso de crear mis propios rostros. Trabajé la mayor parte del proceso por medio de pliegues escalonados. Esto permitió rostros con un amplia posibilidad expresiva, pero condenados por surcos que rodeaban la cara. Con el tiempo, aprendí a combinar otras técnicas y a lograr resultados más agradables…



He tratado de unir en un solo modelo algunos de estos aprendizajes, buscando un resultado propio a pesar de que el modelo use partes de lo creado por otros. Así ha nacido Janus. El primero de los meses, el dios de las puertas, de los principios, el dios que mira al futuro y al pasado, el dios de los finales. El dios de las dos caras, pícaro y diferente, similar en cada rostro, pero distinto. No sé si parezca un rostro propio o simplemente la copia de lo por otros hecho, no puedo juzgar eso. Nace de una hoja cuadrada, de un color en cada lado. Nace de la mezcla de escalones y de un solo punto. Nace de la búsqueda por un nuevo principio, por una nueva puerta. Una que podamos cruzar.

lunes, septiembre 04, 2006

Otros vientos

Todo comenzó con este barco, protagonista de los 8 versos. ¿Lo recuerdan?




Pues bien, ese pequeño barco ha navegado en los mares de aquello que podría ser creado durante algunos días, pidiéndome primero un delfín que lo acompañe, y luego, otros barcos más que pudieran llegar a puerto en su compañía. Fabián Correa, un compañero de LAO me sugirió ayer la idea de un rostro que acompañara la barca (cosa horrible esa que nos paso en LAO, que ya solo pensamos en rostros.) Esa idea me pareció hermosa. Podría ser quizás la imagen de un gigante que surgiera del fondo del océano, algún viejo titán o algún antiguo dios que gustara de jugar con aquellos barcos perdidos en el tiempo. Podría ser también que ese rostro fuera la imagen de algún coloso hoy hundido por las aguas, pero, en mi caso, he preferido mostrar a Eolo, dios de los vientos, dios viento, como un deseo y una petición de buenos vientos por venir. Para todos. Vientos que auguren un buen regreso a Itaca, aunque hacia ella el viaje fue tormentoso, vientos que traigan dulces cambios en la dirección que el alma los requiere, vientos que refresquen aquello que necesita ser refrescado… Pero pedir por vientos es una cuestión peligrosa. Un refrán popular ya entrado en desuso tenía a bien decir: “siembra vientos… y cosecharás tempestades”… Y pocas veces deseamos tempestades.
En las mejillas de Eolo se esconde el aire, que a veces es brisa suave y otras huracán. Se esconden consecuencias.


Hablando ahora en términos de papel, pedirle a una hoja (cuadrada como siempre) que oculte en sí vientos, barcas y mares no es una tarea simple… O quizás pedirlo sea simple, lo difícil sea conseguirlo. ¿Cómo puede representarse el viento? ¿Cómo ver aquello que es invisible? He encontrado en este modelo una respuesta que suelo odiar: viendo las consecuencias, no las causas. Pero en este caso por la vía de descubrir los resultados pueden imaginarse los motivos. Un oleaje tímido, una onda se desplaza sobre la superficie del papel permitiendo al espectador imaginar el viento que sale. Los cachetes del modelo (aunque sin boca que lo acompañen) guardan vientos que envían lejos aquella barca (si, lo sé, también podría leerse que en vez de enviar atraen, y que lejos y cerca siempre dependen del lugar en que uno se encuentra.) Las mejillas de Eolo cargan en sí los vientos que impulsan el modelo hacia otros mundos. Vientos de cambio, como los del origami.
Este modelo, aunque realizado en papel, en una sola hoja cuadrada y sin cortes, esta lejos de ser lo que se denomina origami tradicional. Aunque es posible “estandarizar” el modelo y obtener mediciones exactas para cada punto, para cada ola, confieso que no he usado ninguna. La confesión no es extraña, lo sé, porque quienes me conocen saben que mis modelos rara vez obedecen a puntos y medidas exactas. El barco se encuentra donde quiso estar, y las olas donde a bien tuvo el viento llevarlas. Otro tipo de modelos, otro origami, otra forma de decir más cercana a la escultura, pero aún y sin ninguna duda: Papel Plegado.
Por ahora solo me queda desear a los lectores: “buen viento, y buena mar”

martes, agosto 29, 2006

Vacío

Me he prometido a mi mismo, desde hace unos días, escribir una entrada por semana. A veces es difícil porque el tiempo juega a correr más rápido de lo normal. A veces es difícil porque el alma se opone a escribir. A veces es difícil porque éste es un blog con una excusa de papel, y no siempre tengo modelos que justifiquen la acción de poner un texto. El hecho de que el tiempo corra más rápido es el impedimento que más odio de los tres, porque ese no lo he logrado aceptar (aceptar y no vencer, porque no seré tan imprudente de tratar de vencer al tiempo). El hecho de no tener un modelo que sirva como excusa me gusta mucho, en particular porque es un estímulo permanente a la creatividad. Queda entonces una dificultad más por vencer: que el alma se oponga a escribir…




No sé si a los lectores les habrán gustado las entradas de las últimas semanas, pero sé que al único lector permanente de este blog no le convencieron. Las leía como entradas “forzadas”, de aquellas que salen por el compromiso adquirido de escribir una vez a la semana, de no dejar que el silencio abrume… Eso me ha llevado a pensar sobre lo escrito, y sobre el que decir, sobre el como decir. Quienes me conocen (en directo y en tiempo real) sabrán que no hablo de mí ni de mis emociones, al menos no con frecuencia ni con un lenguaje verbal. Mis emociones las lleva el cuerpo y lo no verbal, la acción y no la palabra hablada. Saben los que quiero que soy oídos antes que boca, que siempre escucho a mis amigos, pero que casi nunca les digo lo propio, lo que llevo dentro. (Aunque, he de confesar que en estos días tengo los oídos cansados de oír y la boca cansada de callar, confesar que el hecho de solo recibir, de llenarse de escucha sin tener un camino para la palabra, también agota).

Lo que he descubierto últimamente (cómo casi siempre en estas soledades, después que la mayoría) es que estas palabras que escribo, una vez por semana, son la válvula de escape por la que digo lo que siento y pienso, que se me va el alma por las manos en los modelos y en las palabras que l•e•t•r•a • p•o•r •l•e•t•r•a llegan a la pantalla. Aún así, es un canal velado y secreto, que puede ser leído entre líneas con el consecuente peligro de errar las interpretaciones. Pero es, sobretodo, un canal propio. El canal por el que hablo, por el que me hablo. Un canal que siempre tiene dos caras, dos puntos de vista, dos lados de un espejo, un positivo y un negativo.

Este modelo es, precisamente eso: Dos lados de un mismo espejo. Me recuerda en particular una ilustración de Magritte, aunque es una asociación que solo sale después de crear el modelo, no antes. Esta basado, por supuesto, en los rostros creados por Joisel y publicados por la BOS. Por supuesto, agradecer a Gabriel Blandón de LAO quien me ha recordado la técnica y quien, a pesar de mis sugerencias de crear este modelo, prefirió no hacerlo. Sin el saberlo me hizo un favor, permitirme crearlo a mí.

Dudo mucho que este modelo quede en el “top of mind” de los modelos en papel, pero por lo menos como idea es buena. Permite conocer las dos caras de la moneda (que en este caso son 4). Positivo y negativo, adentro y afuera, oído y voz. Permite enseñar ambas caras del espejo, esas que los origamistas solemos ocultar. No existen, al menos públicas, fotos de la espalda de decenas de modelos que lucen hermosos solo por una cara. La hermosa ballena azul de Kamiya luce terrible vista desde encima, los modelos de Daniel Naranjo suelen ocultar su espalda a media humanidad, la mayoría de rostros solo se muestran de frente, y a los animales no se les muestra por debajo. Mostramos (o tratamos de mostrar) solo una cara al mundo, aquella que consideramos más hermosa, aquella que sabemos que el mundo quiere ver, que soporta. Nunca había pensado en ello, pero se nota también ahí que el origami es un pleno reflejo del alma humana…

domingo, agosto 20, 2006

Rostros

Los lectores frecuentes se habrán dado cuenta que durante las últimas semanas estas soledades han estado llenas de rostros. Un árbol lleno de rostros, un rostro que crea un árbol, uno que produce una persona, alegría y tristeza en una sola hoja. En fin, rostros y más rostros que responden a distintas emociones y realidades, a distintas voces.

La razón de estos modelos, o por lo menos la excusa para crearlos ha sido una exposición que está próxima a realizarse: Rasgos – máscaras en origami. La exposición se realizará en el Museo de la Universidad de Antioquia en la ciudad de Medellín y, como es habitual, se presentarán modelos originales creados por los miembros de LAO, y modelos de aquellos famosos del origami mundial.

No quiero hablar esta vez de los problemas típicos que trae el hacer una exposición así: Problemas de gusto, de coordinación, e incluso los problemas conceptuales que pueden surgir con las directivas del lugar en que se organiza la exposición o entre los propios miembros del grupo. Quiero señalar, esta vez, la oportunidad increíble que trae el realizar una exposición temática. Y es una oportunidad de estudio, de repasar aquellos rostros impresionantes que otros han creado, de estudiar técnicas y, si algún milagro ocurre, de crear las propias. Existen en origami algunos libros que son “piezas maestras” sobre el tema. El increíble “The Mask” de Tomoko Fuse, el recopilatorio “El libro de las Máscaras de Papel Plegado” del grupo Riglos, el boletín de la BOS sobre las máscaras de Eric Joisel, los “Origami VIP” de Carlos González y, por supuesto, las impresionantes fotos que se encuentran en la red.



Pero también es una oportunidad impresionante para estudiar sobre las máscaras y los rostros en general. Es un tema apasionante, porque el rostro es lo primero que dice quienes somos. Habla de la belleza y de la simetría. Habla del carácter. Eso es quizás lo más difícil de encontrar en una máscara plegada: Carácter. Pero es también la búsqueda más frecuente. Cada máscara de aquellos maestros del origami encierra un secreto que corresponde también a la época en que fue creada. Esa es, sin duda, una cuestión interesante. No estoy seguro de que la búsqueda haya sido desarrollada de manera independiente, especialmente porque el gran adelanto en la representación del rostro ha comenzado en los últimos 10 o 15 años, en los cuales el internet se ha convertido en método de transmisión de ideas y diagramas, o, como mínimo, de fotografías. Reconocer la mágica aparición de aquellos modelos que han dado nueva norma al arte de los rostros en origami es apasionante. Como breve recuento tomemos como punto de partida están aquellas máscaras tipo Yoshizawa, tan usadas por Gabriel Álvarez y por Kasahara, en las que el rostro es el resultado de dos puntas de papel. Una de ellas revela los ojos y la nariz, y la otra revela los labios. Máscaras hermosas que dominaron la escena del origami mundial durante años. Es esa la primera "norma del arte" de plegar rostros en papel.

Encontrar después las máscaras de “the mask” un paso en la misma dirección comenzada por los anteriores, pero con un giro más de tuerca. Los modelos de este libro son “lejanos” a lo que los occidentales acostumbramos ver como rostros, al menos en su temática. No aparecen en estas máscaras divinas proporciones ni tampoco esa identificación que tanto buscamos al ver a otros (especialmente aquellos que no son de papel).



Luego aparece la ruptura de dichos rostros con las máscaras de Joisel, en las que los ojos aparecen cada uno metido en medio de sus órbitas, dominando con su mirada, controlando, diciendo más de lo que antes había dicho cualquier ojo. He saltado, sin intención, los bustos de Elías, poco conocidos, poco señalados y plegados. Si se conocieran más, los espectaculares rostros plegados por Joisel no sorprenderían tanto por lo novedosos, sino por la forma en que lograron reinterpretar lo que otro planteó. Ese es uno de los caminos de la genialidad, el dar una nueva dimensión a lo que otros ya habían hecho. Esa genialidad la señala Saadya con sus rostros, tan llenos de carácter como los de Joisel. Parecidos, pero diferentes. Semejantes, pero distintos... Especialmente encantadores en su caso resultan sus mujeres, tema que en origami no me parece difícil sino imposible... Otra magia del arte. Hacer posible lo imposible.

Por último, como no, aparecen los rostros de Joel... Ir más allá de lo alcanzado por Saadya y por Joisel resulta difícil. Es necesario tomar otros caminos para llegar a ese destino. Y el camino tomado por Joel es bien distinto a cualquier otro. Sus teselados dan un nuevo camino al origami, y otro posible norte al arte. Sus rostros son a un tiempo extraños y conocidos. Ajenos a cualquiera, pero cercanos a todos.

Me queda igual una pregunta y una certeza. Sé, sin duda, que mis modelos están lejos de llegar a darle regla a nuestro arte, pero como es lógico, queda la pregunta de cómo llegar a hacerlo... Al mismo tiempo, en el amor propio herido surge una respuesta y una consolación. ¿Por qué habría de buscar el darle regla?... Pero igual la pregunta sigue, y la respuesta dice poco...

martes, agosto 01, 2006

La triste alegría

Suele existir un asunto extraño en nuestra cultura. Pensamos en opuestos: Blanco es blanco. Su antónimo es el Negro. Negro es negro. Cada vez con más frecuencia nos olvidamos de pensar en aquellos opuestos que son complementarios, aquellos que no existen solos, que no son salvo cuando están el uno y el otro. Como los del Yin Yang, el masculino y el femenino, como los de estas célebres máscaras: Tragedia y comedia, alegría y tristeza...

Este es un tema que, por muchas razones me es especialmente cercano. Por un lado, estudié teatro mucho tiempo, y por el otro, siento que gran parte de la vida se ha movido así, entre la alegría y la tristeza. No deja de ser hermoso, o mejor, alegre, saber que a miles de kilómetros del mundo alguien siente lo mismo: que su vida pasa entre la alegría y la tristeza. No deja de ser triste saber que en últimas, como humanos, nos pasamos la vida, sin reconocer que lo único que hacemos es mecernos, como un viejo péndulo entre la sonrisa y el sollozo.

Risa y llanto. Dolor y alivio. A fin de cuentas la vida se pasa haciendo eso: regalándonos cual Pandora tristes alegrías e, incluso, alegres tristezas. En parte, una de las lejanías del origami con el arte es la falta de expresión de la emoción en el motivo artístico, tema del que me he cansado ya de hablar en este blog, y que, afortunadamente, empieza a mostrar excepciones con diversos autores de los que, aunque no me canso de hablar, no diré nada en este blog.

Ayer, precisamente, estuve recordando este tema. Regresé al escenario como espectador, cosa que hace algunos años no hacía, a ver contar cuentos. Contar historias. Decir memorias. Encontré tres espectáculos que me llevaron de la risa al llanto, aunque creo que nadie más que yo lo supo. Hablaban de llorar las historias que contaban, pero el público solo entendía reír. En últimas creo que es un problema que causó el hecho de que contar cuentos se volviera moda: El espectador solo busca reír, no pensar. No pido por un arte de la razón, porque harto me gusta el de la emoción: Pido por entender que necesitamos comprender que la risa no es la única emoción. Y, probablemente en términos del papel está pasando algo similar: El público esta pidiendo un arte de la razón (de la técnica y el realismo) y cuando se atreve a presentársele un arte de la emoción no sabe como responder.


***

Conozco en origami solo un modelo que representa este tema, una pieza hermosa de Akira Yoshizawa publicada por el grupo Riglos en “El libro de las máscaras de papel plegado”. Existe otro modelo, aunque confieso que nunca lo he plegado de Neal Elías. Sea este entonces un tercer modelo sobre el tema: No pretendo que cause risa… tampoco llanto. Pero si una sonrisa le genera a aquel lector que se atreve a ver, si alguna lágrima o algún recuerdo antiguo viene a su memoria, sabe bien que puede escribir un par de líneas bajo esta…

“Nuestra generación no ha sufrido una gran guerra. Tampoco una gran depresión. Nuestra depresión son nuestras vidas. Nuestra guerra es espiritual.”

martes, julio 25, 2006

Ouroboros:

“Al contrario de lo que se dice, no existen palabras vacías.”
La caverna, José Saramago.

Mucho antes de buscar mi voz en el origami encontré mi propia voz. Mi voz real. Hablo de aquella voz física que sale del estómago o los pulmones y atraviesa las cuerdas vocales. Hace muchos años encontré mi voz al contar cuentos. Palabras propias y ajenas, palabras de otros que se volvían mías en la boca, palabras que navegaban en el alma, en el corazón y a veces en la cabeza. Jugaba con las palabras, eternas jugadoras y creadoras… eternas destructoras. En esa época conocí el poder de las palabras, la facilidad que tienen para construir o para destruir, sus componentes mágicos, aquella capacidad que depende del lugar, del tono, del momento y también de la persona que las pronuncia. Palabras que permiten convocar y devorar.

En esos tiempos (que a veces aún son estos tiempos) contaba para encontrarme y para liberarme, pero sobretodo contaba para crear. Hoy, años más tarde al retomar el tema de las cosmogonías recuerdo aquellos mitos que tienen a la palabra como creadora, aquellos mitos que comienzan diciendo: “Y dijo:..” ... En últimas decir hace. En esos mismos tiempos recuerdo haber encontrado un ser que me ha acompañado en diversos proyectos a lo largo de la vida, el ouroboros. Un símbolo conocido en todos los lugares del mundo, de una serpiente (o a veces un dragón) que se devora a si mismo. Es un símbolo que representa al tiempo la divinidad, la continuidad, el alfa y el omega, lo eterno. Pero también es un símbolo que representa el verbo creador, la palabra. Lógicamente ese fue el símbolo que usé durante años al hablar de la palabra y también al hablar de la vida, porque el principio y el fin de lo que hacemos se confunde, se vuelve uno. Cada final es el comienzo de un nuevo hacer, de una nueva realidad. Cada comienzo es el final de lo pasado.

He creado este modelo hace un par de días. Tomé una hoja de papel y me decidí a amarla, y ella optó por volverse creación y origen, por volverse palabra que crea la vida. Pero esa misma creación, a los ojos de muchos ha sido fin. Algunos han visto una cabeza que convoca un cuerpo, otros un cuerpo que es devorado. Origen y final en un mismo modelo. Es precisamente así como me encuentro de nuevo, en otros tiempos, con el ouroboros.

No deja de extrañarme lo poco representado que es este modelo en el papel: Salvo una representación de Robert Neal y alguno propio que nunca vio la luz, es un modelo inexistente, reto harto hermoso para aquellos que buscan seres no creados y modelos nuevos.

Es claro que no es un modelo que obedezca a los cánones de representación que plantean conservar una relación directa entre el nombre y la figura. Pero es precisamente una nueva lectura de un viejo tema, de un viejo símbolo. Es en últimas lo mismo que hacen las palabras: Decir de nuevo lo que se decía antes, decir de otra forma aquello que antes se decía, juntarse unas con otras buscando nuevas cosas por decir…

lunes, mayo 15, 2006

Palabras

“Las palabras son de aire, y van al aire”

Siempre había creído en las palabras. En la capacidad mágica que tenían para conjurar, para realizar, para profetizar. Siempre había creído que eran, como ya alguien dijo, el recurso cuando todo lo demás falla. Confieso que había creído en el poder de la palabra que es verbo y acción, que es cualidad, que nombra…

Pero he descubierto que las palabras no dicen lo que deben decir, que son escasas, que se quedan cortas. Frente a aquellos momentos que son, por decir lo menos, gloriosos, son tantas las sensaciones y emociones, son tantas las ideas, los dolores, las alegrías y los recuerdos que se agolpan en la garganta, que las palabras no saben decidir. No saben salir. Olvidaron decir. No existen aún palabras que logren explicar realmente una emoción, no existe un mágico poder que permita que un par de fonemas o que una serie de sonidos articulados puedan interpretarse y traducir aquello que queremos expresar.


Dudo mucho que el alma hable con palabras. No, no dudo, estoy seguro.

Cuando el alma se decide a hablar, no lo hace con palabras.