lunes, marzo 19, 2012

La casa grande

Si de algo estaba cansado era del tamaño de su casa. Escaso espacio para uno mismo, y menos aún para tener alguna compañía. A veces debía pensar en voz alta, pues no había espacio para cuerpo y pensamiento en el mismo caparazón. Así que decidió cambiar de casa, y buscar una más grande. "De una o dos alcobas, si se pudiera con jardín sería mejor aún."

Se fue de viaje mar adentro. Pero cuando se es un pobre cangrejo, o más bien un cangrejo pobre, ni nadar se puede. Así que comenzó su viaje paso a paso, caminando por el fondo del mar. El camino se recorría bastante lento. Andar con la casa a cuestas suele ser un asunto que requiere estado físico, y a aquel cangrejo últimamente le faltaba. A pocos metros de la playa vio que si quería la casa de sus sueños, debía caminar más rápido. La oferta de propiedades submarinas no es tan amplia como podría pensarse, y a ese ritmo nunca encontraría algo medianamente decente. Así que se quitó el caparazón y comenzó a caminar desnudo. 

A su paso algunos animales se burlaban mientras otros se escandalizaban y decían que se les subían los colores a las aletas. Pero aquel cangrejo tenía claro su camino. Y, allí, a medio océano, descubrió que sus patas en el lecho marino alguna ventaja tenían. Su caminar firme y decidido, resultó que al mar causaba risa. Patas a un lado, patas al otro, el mar se llenaba de carcajadas con su paso. Y cada carcajada era una ola, y cada ola era un paso mas. A su marcha, la risa marina iba tomando ritmo de canción, y era un ritmo contagioso, que hacía mover tentáculos y aletas.

A pocas semanas el mar entero era algo distinto. Los peces sonreían más, cantaban más. A pocos metros de un coral descubrió una casa nueva, con un aviso de "se renta" en plena entrada. La arrendataria, una cangreja grande y sexi, de patas bien torneadas, ojos oscuros y un poco loca de carácter le dijo que aquella casa era demasiado grande para ella. Que era una herencia, pero que nunca se había sentido del todo a gusto. Que, "o le sobraba espacio o le faltaba tamaño." Con los años se había cansado de tanta soledad pero sólo ahora, que en cada gota del mar se sentía una canción se había decidido: que se iba de baile aunque bailar no supiera.

Así fue como el pobre cangrejo consiguió una casa nueva.

Pero al cabo de unos días descubrió que la cangreja tenía razón. La casa era demasiado grande, tanto como para que a él o le sobrara espacio o le faltara tal vez tamaño. Descubrió que en su primera casa, la falta de habitaciones la hubiera aguantado. Lo que no soportaba era la falta de contacto. La piel se le secaba por dentro. No importa que viviera a orillas del mar, o que incluso en él se sumergiera. Poco a poco descubrió que necesitaba beber otra piel para refrescar el alma.

Entonces juntó sus patas de cangrejo y por vez primera rezó. Seguramente el dios de los cangrejos andaba por ahí cerca porque entonces sonó la puerta de su caparazón. Y allí estaba aquella cangreja. Decía que lo de bailar no había resultado una buena idea. Que a las pocas horas de haberse ido el mar dejó de sonar, como si no hubiese ya motivos para seguir riendo. Que ahora se encontraba sola y sin casa, y que si acaso alguna bondad tendría el de recibirla. El cangrejo se sonrió.

Para dos aquel caparazón no resultó tan grande, había espacio para que bailaran allí adentro. Ella se acomodaba abajo y el sobre ella sonreía. A veces sacaban las patas, el de un lado y ella de otro, primero caminaban a la izquierda, y luego a la derecha. Allí era cuando de nuevo el mar rompía en carcajadas.

Desde entonces aquel cangrejo vive feliz, adentro de aquella casa grande en la que bebe de la piel de una cangreja dulce que con su baile hace reír al mar.

miércoles, marzo 14, 2012

Brasil

Para quienes conocen soledades desde sus inicios, recordarán que uno de los momentos más emocionantes de todo este periodo fue cuando hace ya bastantes años recibí la invitación por parte de Pajarita a participar en su convención internacional. Fue un momento maravilloso, pues además compartiría espacio con Román Diaz, una de las personas que más aprecio y admiro del mundo del origami.

Quienes recuerdan esos tiempos, guardarán en su memoria que aquel viaje nunca pudo realizarse pues aquellos papeles que nos inventamos para permitir o no que pasemos de un país a otro me obligaron a faltar a aquella cita. España no fue, y desde eso, una deuda tengo con varios amigos españoles a quienes ya he puesto rostro pero aún no he podido poner tacto.

Hoy, una nueva alegría tiene soledades. Ya es pública la invitación al evento de origami en Brasil, al cuál tendré el enorme placer de asistir. Y, curiosamente, aquel evento cuenta también como invitado a Román Diaz. Con él  otro grupo maravilloso de origamistas como Isa Klein, Amália Araújo y Darcy Moraes

Sin duda, un bonito cierre a un ciclo maravilloso. Para mi fortuna, el coloso de suramerica no exige a los colombianos visa, así que la única restricción será el lenguaje. Afortunadamente, en estos años he aprendido que, cuando se trata de papel, los que hablan son los pliegues, y estos tienen un idioma universal.

Es una de las grandes alegrías que el mundo del origami me ha dado en estos años. Así que hoy, el día que se celebran los 101 años de yoshizawa y el seguidor 100 de estas soledades comparto también esta alegría:

¡¡En brasil nos vemos!!

domingo, marzo 04, 2012

El caballero oscuro (II)

¿Por qué caemos? 
"Para aprender a levantarnos"
Thomas Wayne a Bruce Wayne


 












El Caballero Oscuro

"Si te conviertes en algo más que solo un hombre, 
si te dedicas a un ideal y si no pueden detenerte, 
entonces te conviertes en algo totalmente diferente, 
una leyenda." 

Ra's al Ghul


El Caballero Oscuro (detalle)


martes, febrero 28, 2012

Golondrinas




Hay quienes dicen que  "una golondrina no hace verano" Yo no lo sé de cierto, pero supongo que algo de razón han de tener. El verano no puede hacerlo un ave sola. Quizás dos, o tal vez tres, pero una sola a cuestas no puede cargar a su espalda el verano entero.

Siempre pensé que aquella frase, del refranero colombiano, quizás pudiera leerse con algún verano de los nuestros, más ligero que los de otras partes del mundo, pero hace algunos días supe que en realidad la frase es de origen griego. La fábula original cuenta que un hombre gastó toda su fortuna hasta no quedar con nada más que el abrigo que tenía puesto. Y entonces al ver una golondrina, vendió su abrigo pues supo que llegaba al fin el verano. Pero aquel calor nunca llegó, y el hombre murió de frío, culpando a aquella ave. 

Que fácil buscamos culpas los hombres, y que tontos somos para leer el vuelo de las aves, y en particular de las golondrinas. Porque si algo tienen estas aves es que son incomprendidas. Sus vuelos a un mismo tiempo parecen erráticos, pero tan veloces que claramente deben tener algún destino. Su volar, a veces a derecha, a veces a izquierda, pareciera carecer de destino, y sin embargo a algún sitio siempre llegan. Cada una vuela sola, y sin embargo, bandadas enteras surcan a veces el cielo. Hasta su color pareciera en ellas indeciso: blanco parece su cuerpo, pero sus alas se tiñen de oscuro negro...

Por lo menos comprendemos, a veces, su belleza. Pero, tomando voz por aquellos alados mensajeros, he de contar que de todas aquellas incomprensiones sólo hay una que a la propia ave le duele. Creemos los que estamos atados a la tierra que anuncian el verano, pero ellas nunca han dicho aquello. No lo dijeron antes, que el clima era más o menos estable, y mucho menos lo dicen ahora que primero escampa y luego llueve, que en medio del sol hasta un arcoiris sale.

Si algo quisieran ellas es que entendiéramos que su vuelo no habla de llegadas, sino de regresos. Siempre vuelven las golondrinas por viejos caminos, a antiguos nidos que dieron alguna vez calor. 

Lo que anuncian con su vuelo, es que a la vida regresa la primavera.


viernes, febrero 17, 2012

miércoles, enero 25, 2012

El tren

Jaime, Carlos, Mónica, Julio, 
y todos aquellos que me han contado sus historias




Cuando niño, mi padre me dijo que "los libros son el viaje de quienes no pueden tomar el tren"


La frase no es suya, sino de Francis de Croisset, un comediógrafo francés. Mi padre, viajero incansable que casi nunca tomó el tren me enseño a mi también a viajar en el tiempo, pasados y futuros, a recorrer el pasado, el presente, el porvenir. Me enseño a deambular entre países, e incluso a recorrer mundos que podrían parecer inexistentes. Nunca olvidé esa frase, aunque confieso que hasta hace pocos días pensé que era una idea que hablaba siempre del lector.

Papel, Piel y Palabra, ha viajado ya a Nicaragua, España, Francia y Canadá. Ha recorrido buena parte de Colombia, y si la suerte le sigue sonriendo es probable que siga viajando. Y, curiosamente, he podido viajar con él.


Es cierto, no he tomado aún un solo tren, o un barco, mucho menos un avión, pero cada historia y cada destino han sido un nuevo viaje.

Sentado a su lado, he atravesado una ciudad entera, susurrando palabras al oído de un lector que, conmovido, no se ha atrevido a plegar aún. También, según me cuentan y ahora cuento yo, un pequeño de 6 años lo imagina un libro aventurero, capaz de recorrer mares y desiertos, escalar montañas y llegar desde nuevos hasta antiguos continentes. No es un libro de aventuras, eso es claro, pero eso no le impide ser un libro aventurero, que debe esquivar retenes en cada aduana, salvarse de atacantes con cuchillos, e incluso de reyes magos que no quieren dejarlo llegar a tiempo.

Viajé también hasta un hombre que plegó por última vez más de 30 años atrás. Y sin embargo hoy lee, esperando que recuerden sus dedos viejos pliegues.

Dormí también, bendecido yo, al lado de una mujer que decidió compartir con él su soledad. Que poco importa que se arruguen tus puntas si con ellas viene la felicidad.

Y también, según me he enterado hace unas horas, algún libro vive ahora bajo el agua, víctima de un aguacero de lágrimas de emoción. Ha de ser por eso que he tenido esta incomodidad en la garganta de las últimas semanas, que mojarse de manera permanente suele dar paso a malestares.

Años atrás, pensaba que los libros son un viaje... Sólo ahora logro comprender que no sólo lo son para quienes no pueden viajar, sino que también son el tren de quien ha puesto sus palabras en ellos.