miércoles, diciembre 16, 2015

Los colores y el oso

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.


Años atrás todos los animales eran blancos, de formas y tamaños diferentes, pero todos del mismo color.

Fue entonces cuando un dios ligeramente aburrido de tanta monotonía decidió hacer un reparto de pinceladas entre los animales. Pero justo ese día, el oso blanco se quedó dormido así que el pobre nunca consiguió llenarse de color.

Cansado de las burlas y de la vanidad del resto de los animales que gustaban exhibirse como si de pavos reales se trataran, decidió irse al norte, donde podría vivir en paz.  Su alma de oso no estaba para conflictos.  

Desde entonces vive en soledad, esperando cada noche el encuentro de la aurora boreal que cae sobre él pintando su pelaje. Entonces se mira de colores, y vuelve a lanzarse al agua. No vaya a ser que se le suba la vanidad y se le tinture el alma, que bien sabe el que lo que importa es el blanco del espíritu más que el blanco de la piel.

miércoles, diciembre 09, 2015

La casa grande

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Si de algo estaba cansado era del tamaño de su casa. Escaso espacio para uno mismo, y menos aún para tener alguna compañía. A veces debía pensar en voz alta, pues no había espacio para cuerpo y pensamiento en el mismo caparazón. Así que decidió cambiar de casa, y buscar una más grande. "De una o dos alcobas, si se pudiera con jardín sería mejor aún."

Se fue de viaje mar adentro. Pero cuando se es un pobre cangrejo, o más bien un cangrejo pobre, ni nadar se puede. Así que comenzó su viaje paso a paso, caminando por el fondo del mar. El camino se recorría bastante lento. Andar con la casa a cuestas suele ser un asunto que requiere estado físico, y a aquel cangrejo últimamente le faltaba. A pocos metros de la playa vio que si quería la casa de sus sueños, debía caminar más rápido. La oferta de propiedades submarinas no es tan amplia como podría pensarse, y a ese ritmo nunca encontraría algo medianamente decente. Así que se quitó el caparazón y comenzó a caminar desnudo. 

A su paso algunos animales se burlaban mientras otros se escandalizaban y decían que se les subían los colores a las aletas. Pero aquel cangrejo tenía claro su camino. Y, allí, a medio océano, descubrió que sus patas en el lecho marino alguna ventaja tenían. Su caminar firme y decidido, resultó que al mar causaba risa. Patas a un lado, patas al otro, el mar se llenaba de carcajadas con su paso. Y cada carcajada era una ola, y cada ola era un paso mas. A su marcha, la risa marina iba tomando ritmo de canción, y era un ritmo contagioso, que hacía mover tentáculos y aletas.

A pocas semanas el mar entero era algo distinto. Los peces sonreían más, cantaban más. A pocos metros de un coral descubrió una casa nueva, con un aviso de "se renta" en plena entrada. La arrendataria, una cangreja grande y sexi, de patas bien torneadas, ojos oscuros y un poco loca de carácter le dijo que aquella casa era demasiado grande para ella. Que era una herencia, pero que nunca se había sentido del todo a gusto. Que, "o le sobraba espacio o le faltaba tamaño." Con los años se había cansado de tanta soledad pero sólo ahora, que en cada gota del mar se sentía una canción se había decidido: que se iba de baile aunque bailar no supiera.

Así fue como el pobre cangrejo consiguió una casa nueva.

Pero al cabo de unos días descubrió que la cangreja tenía razón. La casa era demasiado grande, tanto como para que a él o le sobrara espacio o le faltara tal vez tamaño. Descubrió que en su primera casa, la falta de habitaciones la hubiera aguantado. Lo que no soportaba era la falta de contacto. La piel se le secaba por dentro. No importa que viviera a orillas del mar, o que incluso en él se sumergiera. Poco a poco descubrió que necesitaba beber otra piel para refrescar el alma. 

Entonces juntó sus patas de cangrejo y por vez primera rezó. Seguramente el dios de los cangrejos andaba por ahí cerca porque entonces sonó la puerta de su caparazón. Y allí estaba aquella cangreja. Decía que lo de bailar no había resultado una buena idea. Que a las pocas horas de haberse ido el mar dejó de sonar, como si no hubiese ya motivos para seguir riendo. Que ahora se encontraba sola y sin casa, y que si acaso alguna bondad tendría el de recibirla. El cangrejo se sonrió.

Para dos aquel caparazón no resultó tan grande, había espacio para que bailaran allí adentro. Ella se acomodaba abajo y el sobre ella sonreía. A veces sacaban las patas, el de un lado y ella de otro, primero caminaban a la izquierda, y luego a la derecha. Allí era cuando de nuevo el mar rompía en carcajadas.

Desde entonces aquel cangrejo vive feliz, adentro de aquella casa grande en la que bebe de la piel de una cangreja dulce que con su baile hace reír al mar.

miércoles, diciembre 02, 2015

Dragón de mar

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Creen quienes viven a la orilla de aquella playa, y en eso no se equivocan, que los caballitos de mar son en realidad sutiles pieles que envuelven en su interior infinitas cantidades de agua dulce.


No es, eso es seguro, un agua cualquiera. Cuentan que el primer caballo de mar en realidad era una yegua proveniente de la tierra. No bastaban para ella las praderas ni las llanuras, en tierra el sol siempre la quemaba, secando sus ideas y sus sueños de galope.

Decían los ancianos sabios que aquella yegua había contraído la enfermedad de la sed. No bastaba el agua de quebradas o ríos, su sed era siempre eterna. Así que galopó hasta el mar donde esperaba saciar su sed tranquila.

Era natural que con el paso del tiempo se volviera de agua, y cambiara las praderas terrestres por verdes campos submarinos, sus cascos por aletas, y su soledad de tierra por la compañía fértil del dulce mar.

Lo que no saben los ancianos es que bajo el agua, aquella yegua de mar se enamoró. No resultaba fácil aquel amor, sin duda diferente. Con sus relinchos de caballo amaba un árbol en el borde del acantilado, cuyas raíces en el mar bebían. A veces aquel árbol estiraba sus raíces y trataba de meterse en ella, dulce como era. Otras, era ella quien esperaba que las ramas tocaran el agua y entonces se amarraba a cada hoja como aquellos que desesperadamente aman suelen hacerlo.

Aquel amor tan grande fue que con el paso de los años aquel árbol se fue encogiendo, hasta tal punto que un día aquella yegua marina lo metió dentro de sí, tan profundo que desde entonces yegua de mar y árbol son uno sólo. Desde aquel día se esconden juntos en el mar profundo, uno en otro, a la espera de nuevos tiempos en los que aquel amor de agua dulce de a la luz una nueva raza de dragones de mar.

lunes, noviembre 30, 2015

Diagama: Cobra


En el año 2012 y como excusa para un pequeño cuento creé este modelo. Una cobra, simple, que me resultaba interesante.

Para dicho modelo realicé los diagramas, pero los mismos nunca fueron publicados en ningún lugar. Hace unos días al volver a postear el cuento me puse a revisar algunos viejos archivos donde, maravillosamente, aparecieron aquellos dibujos. Los comparto ahora para darles una segunda vida.

Espero los disfruten.

Descargar aquí

miércoles, noviembre 25, 2015

La Celestina


Desde que comencé a escribir, mis historias han estado siempre llenas de escenas de amor. No importa si se trata de cuentos, de poemas o de penas, el amor ha estado siempre presente recorriendo los diversos espacios de la casa y de la vida. Tengo decenas de historias que ocurren en la cama o en la alcoba, escenas en la cocina en frente del fogón, escenas en la mesa o por lo menos en torno a ella. Incluso creo recordar algún doloroso amor ocurrido en el baño, puerta de por medio, mientras que otro glorioso como el que más pasaba dentro de la ducha.

Tengo, en resumen, palabras y sudores regados por toda la casa, excepción notoria del patio de ropas. Nunca he sabido el motivo de aquella ausencia. A pesar de mis intentos permanece virginal aquel lugar.

La culpa, sospecho, la tiene la lavadora. No se si lo mismo ocurra en cada casa, pero en esta sé de cierto que tengo por encargada mecánica del lavado de la ropa a una completa celestina. Lo notan pronto las prendas que allí se meten, que giro a giro se van abrazando con locura. Nunca falta una manga de camisa enredada en torno a un pantalón, un suéter que se envuelve a alguna falda, un par de medias amarradas salvajemente a cualquier otra prenda de ropa interior.Aquellos abrazos bien sé que no pueden ser accidentales. Mis intentos de separar las prendas dan prueba fiel de aquello. Mientras más tratan mis brazos de soltar aquellos nudos, más se aprietan fibra a fibra.

O tal vez, más que celestina, actúa aquella lavadora como trotaconventos de amores imposibles. Lo saben mis medias que con frecuencia entran como pareja para salir, luego, sólo una. Imagino aquella lavadora diciéndole a la esperanzada pareja que sólo una de las dos podrá escapar después de aquello. Y las medias, discutiendo cuál de las dos debe salvarse, cual terminará como trapo viejo o tal vez títere infantil. Tristes y medias ahora, terminarán su vida solas pensando quizás la una en la otra.

O quizás su historia sea la de alguna de aquellas meretrices de los bajos mundos. Organizadora de húmedos encuentros, de amarres entre dos y tres a un mismo tiempo, entre cinco o seis a cual más deseoso de contacto. Eso podría explicar porque se resisten manchas de sudor en el cuello y en los puños de las camisas, que a fin de cuentas no ha de ser sudor mío sino de las propias prendas que no tienen ni en su lavado un minuto de descanso.

Meretriz, trotaconventos o celestina, dejo confesar admiro profundamente la permanente lucha de aquella lavadora por la igualdad de género. A fin de cuentas parece que ella lo único que le importa es que dichas prendas se amen.

Dije, palabras atrás, que la ausencia de historias en el patio me resultaba un misterio. Que tonto he sido al pensar aquello. Ahora tengo claro que no puedo más que darle gracias a aquella lavadora que de amores ha llenado también aquel vacío espacio de la casa.

miércoles, noviembre 18, 2015

Diagrama Colibrí Enamorado

Bien sabido es por los lectores frecuentes de este blog que poco comparto diagramas pues, en realidad pocos diagramas suelo hacer. Pues bien, para los 10 años de Origami Brasilia me solicitaron una colaboración con un diagrama. El cariño profundo que tengo por los amigos de Brasil que me invitaron a su convención hace años ya, me sentó en la mesa de dibujo donde diagramé este colibrí, un modelo con varios años encima pero que muy pocas personas conocen. De hecho, nunca he tomado una foto del mismo en limpio así que el mundo primero verá las versiones de los demás que la mía propia.


Los diagramas los hago públicos ahora y pueden descargarlos aquí. Espero los disfruten.


Diagramas disponibles aquí