sábado, agosto 05, 2006

10000 + 1

Hace algunos meses observaba, desde la barrera, una idea que hablaba sobre el oráculo. No era el de delfos, sino el de google. Un moderno adivino que obsequiaba a los visitantes, llenos de preguntas, respuestas que a veces son oscuras y engañosas, y otras veces son de una claridad que asusta… Provocativamente, esa idea se convirtió en un puerto al que visito todos los días. Hace algunos meses, menos de los que dije antes, observaba como celebraban los 10.000 algúnos de los blogs que son hermanos de este. Uno agradecía, el otro miraba atrás y descubría que había crecido. Hace algunos meses añoraba la mágica llegada a 10.000. Hoy, las soledades han sido plenamente concurridas. Con visitantes que han sido magos, críticos, enamorados, silenciosos, amantes…

Preguntando yo también al oráculo descubro maravillas que me permiten comprender que, en últimas también he construido un lugar ambiguo, oscuro y engañoso, y que a veces tiene una claridad que asusta.

Me he dedicado tambien a imaginar los rostros de los visitantes: Aquel que llegó buscando “mujeres en hilos” y que llegó a las soledades de babel. Pobre. Uno anhelando piel y viene a encontrarse con palabras. Aquel que buscaba sobre las “soledades de Ana” que en últimas no sé quien sea, pero que imagino que se siente sola. Existen también quienes han venido buscando diagramas o modelos nuevos para plegar, esos casi siempre han salido decepcionados… Y también, existen aquellos que se han sentido felices con uno. Porque sí. Porque uno dijo la palabra justa en el momento justo y con el tono justo. Y quienes se han sentido heridos, o defraudados. Otros han venido buscando mitos y se han sorprendido encontrandolos en papel, y otros han tenido la capacidad de leer lo que he escrito con más claridad que la que yo escribi. Esos sobretodo me sorprenden.

Hoy, he llegado a los 10.000 y encuentro que no hay nada que celebrar…

He llegado también a los 10.001 y he descubierto que tengo mucho por agradecer. Especialmente agradecer al 1. Ese uno que ha venido y me ha dado las gracias, ese uno que se volvió compañía de las noches, ese otro uno que es un crítico implacable y detestable que por sobre todas las cosas considero maestro y amigo, ese uno que se casó conmigo y una vez al mes lee estas soledades, ese uno que entendió que busco convertir el origami en un medio para comunicar. Ese uno sin pelos en la lengua que se rodea de sus propios pliegues que con seis patas y un par de alas llenan los rincones. Ese uno que también es colombiano y que no lee todos los días, pero que siempre esta pendiente. O ese otro uno que se queda despierto hasta las 3 de la mañana para preguntarme como estoy y que sin duda pliega mejor que yo aquello que yo mismo creo. Ese uno que supo entenderme mejor que yo mismo. Ese uno que se sorprende, ese uno que regresa ese uno que esta aquí en este momento…

Solo me resta, a todos esos unos decirles algo: 10.001 gracias, a cada uno de ellos…

martes, agosto 01, 2006

La triste alegría

Suele existir un asunto extraño en nuestra cultura. Pensamos en opuestos: Blanco es blanco. Su antónimo es el Negro. Negro es negro. Cada vez con más frecuencia nos olvidamos de pensar en aquellos opuestos que son complementarios, aquellos que no existen solos, que no son salvo cuando están el uno y el otro. Como los del Yin Yang, el masculino y el femenino, como los de estas célebres máscaras: Tragedia y comedia, alegría y tristeza...

Este es un tema que, por muchas razones me es especialmente cercano. Por un lado, estudié teatro mucho tiempo, y por el otro, siento que gran parte de la vida se ha movido así, entre la alegría y la tristeza. No deja de ser hermoso, o mejor, alegre, saber que a miles de kilómetros del mundo alguien siente lo mismo: que su vida pasa entre la alegría y la tristeza. No deja de ser triste saber que en últimas, como humanos, nos pasamos la vida, sin reconocer que lo único que hacemos es mecernos, como un viejo péndulo entre la sonrisa y el sollozo.

Risa y llanto. Dolor y alivio. A fin de cuentas la vida se pasa haciendo eso: regalándonos cual Pandora tristes alegrías e, incluso, alegres tristezas. En parte, una de las lejanías del origami con el arte es la falta de expresión de la emoción en el motivo artístico, tema del que me he cansado ya de hablar en este blog, y que, afortunadamente, empieza a mostrar excepciones con diversos autores de los que, aunque no me canso de hablar, no diré nada en este blog.

Ayer, precisamente, estuve recordando este tema. Regresé al escenario como espectador, cosa que hace algunos años no hacía, a ver contar cuentos. Contar historias. Decir memorias. Encontré tres espectáculos que me llevaron de la risa al llanto, aunque creo que nadie más que yo lo supo. Hablaban de llorar las historias que contaban, pero el público solo entendía reír. En últimas creo que es un problema que causó el hecho de que contar cuentos se volviera moda: El espectador solo busca reír, no pensar. No pido por un arte de la razón, porque harto me gusta el de la emoción: Pido por entender que necesitamos comprender que la risa no es la única emoción. Y, probablemente en términos del papel está pasando algo similar: El público esta pidiendo un arte de la razón (de la técnica y el realismo) y cuando se atreve a presentársele un arte de la emoción no sabe como responder.


***

Conozco en origami solo un modelo que representa este tema, una pieza hermosa de Akira Yoshizawa publicada por el grupo Riglos en “El libro de las máscaras de papel plegado”. Existe otro modelo, aunque confieso que nunca lo he plegado de Neal Elías. Sea este entonces un tercer modelo sobre el tema: No pretendo que cause risa… tampoco llanto. Pero si una sonrisa le genera a aquel lector que se atreve a ver, si alguna lágrima o algún recuerdo antiguo viene a su memoria, sabe bien que puede escribir un par de líneas bajo esta…

“Nuestra generación no ha sufrido una gran guerra. Tampoco una gran depresión. Nuestra depresión son nuestras vidas. Nuestra guerra es espiritual.”

martes, julio 25, 2006

Ouroboros:

“Al contrario de lo que se dice, no existen palabras vacías.”
La caverna, José Saramago.

Mucho antes de buscar mi voz en el origami encontré mi propia voz. Mi voz real. Hablo de aquella voz física que sale del estómago o los pulmones y atraviesa las cuerdas vocales. Hace muchos años encontré mi voz al contar cuentos. Palabras propias y ajenas, palabras de otros que se volvían mías en la boca, palabras que navegaban en el alma, en el corazón y a veces en la cabeza. Jugaba con las palabras, eternas jugadoras y creadoras… eternas destructoras. En esa época conocí el poder de las palabras, la facilidad que tienen para construir o para destruir, sus componentes mágicos, aquella capacidad que depende del lugar, del tono, del momento y también de la persona que las pronuncia. Palabras que permiten convocar y devorar.

En esos tiempos (que a veces aún son estos tiempos) contaba para encontrarme y para liberarme, pero sobretodo contaba para crear. Hoy, años más tarde al retomar el tema de las cosmogonías recuerdo aquellos mitos que tienen a la palabra como creadora, aquellos mitos que comienzan diciendo: “Y dijo:..” ... En últimas decir hace. En esos mismos tiempos recuerdo haber encontrado un ser que me ha acompañado en diversos proyectos a lo largo de la vida, el ouroboros. Un símbolo conocido en todos los lugares del mundo, de una serpiente (o a veces un dragón) que se devora a si mismo. Es un símbolo que representa al tiempo la divinidad, la continuidad, el alfa y el omega, lo eterno. Pero también es un símbolo que representa el verbo creador, la palabra. Lógicamente ese fue el símbolo que usé durante años al hablar de la palabra y también al hablar de la vida, porque el principio y el fin de lo que hacemos se confunde, se vuelve uno. Cada final es el comienzo de un nuevo hacer, de una nueva realidad. Cada comienzo es el final de lo pasado.

He creado este modelo hace un par de días. Tomé una hoja de papel y me decidí a amarla, y ella optó por volverse creación y origen, por volverse palabra que crea la vida. Pero esa misma creación, a los ojos de muchos ha sido fin. Algunos han visto una cabeza que convoca un cuerpo, otros un cuerpo que es devorado. Origen y final en un mismo modelo. Es precisamente así como me encuentro de nuevo, en otros tiempos, con el ouroboros.

No deja de extrañarme lo poco representado que es este modelo en el papel: Salvo una representación de Robert Neal y alguno propio que nunca vio la luz, es un modelo inexistente, reto harto hermoso para aquellos que buscan seres no creados y modelos nuevos.

Es claro que no es un modelo que obedezca a los cánones de representación que plantean conservar una relación directa entre el nombre y la figura. Pero es precisamente una nueva lectura de un viejo tema, de un viejo símbolo. Es en últimas lo mismo que hacen las palabras: Decir de nuevo lo que se decía antes, decir de otra forma aquello que antes se decía, juntarse unas con otras buscando nuevas cosas por decir…

miércoles, julio 19, 2006

Gracias

...A Saadya




click



Gracias, Merci, Thanks, Grazie, Obrigado, ευχαριστώ, Danke, asante, ありがとう, 由于, Namaste, תודה

jueves, julio 13, 2006

Cosmogonías

Pocas preguntas son tan apasionantes como aquellas sobre el origen del hombre. Aún hoy nos preguntamos por quienes somos y de donde venimos, como un vano intento de saber hacia donde vamos. A estas preguntas no han faltado respuestas. Desde aquellas que plantean que mágicamente surgimos por un instante de aburrición divina hasta aquellos que plantean que somos el simple resultado de una mutación (forma elegante que a veces puede ser entendida como error, lo que no deja de ser curioso: Somos el resultado de un error). En últimas, resolver esa pregunta termina siendo un asunto sobre el cuál infaliblemente volvemos a preguntarnos. Entre tantas posibles respuestas me encantan las míticas. Pensar que “fuimos creados” por un dios (a veces bondadoso, a veces terrible) que tomó un poco de arcilla y nos moldeó, pensar que hemos surgido de un grano de maíz, que somos hijos del agua, o de un cielo enamorado de la tierra, o quizás de un árbol gigante del cual somos fruto, que nacimos de la palabra pronunciada, en fin, ese pensar llena mi cabeza de imágenes que poseen una poética impresionante.

He usado la palabra poética, por que es en últimas aquella que mejor explica el ejercicio creador: Poesía viene del griego poiesis que significa hacer y creación…

Es curioso también observar como tantas culturas han otorgado su origen a un demiurgo al cual después se le dará profesión: Pasa de ser gobernante y rector de los destinos de sus creaciones a ser titiritero, arquitecto, ingeniero, escultor de la vida humana. (En unos años será genetista o biólogo molecular, pero esa es otra cosa…). En últimas, se vuelve creador aquel que crea. Creador de seres nuevos, de cosas nuevas, artífices de nuevas cosas.

Desde hace algunos días el tema de las creaciones me viene sirviendo de inspiración. El “hacedor de árboles” fue, precisamente, el origen de múltiples modelos que obedecen a un principio rector clave: Un ser crea a otro. En algunos casos esta búsqueda ha dado resultados hermosos, en otros, relativos fracasos. Emplearé un ejemplo de cada uno de ellos, con un par de modelos que me han obligado a hablar:

El primero, es un ejemplo de aquella acción de crear al otro. Realizado con una hoja cuadrada sin cortes, aunque es un modelo que representa y, espero, transmita la sensación de creación no es un modelo que técnicamente me parezca óptimo. Pero como tantas veces lo he dicho: La técnica y la estética no tienen que estar juntas para que algo sea considerado bueno, o hermoso, o bello, o… A pesar de no tener un “buen acabado” o una “definición” en ambos personajes, es clara la existencia de dos seres en un solo modelo, de dos modelos que surgen unidos… Por título le he nombrado cosmogonía, y espero sea la primera de muchas…





El segundo modelo, aunque es totalmente distinto al anterior representa la misma idea. Un ser que crea a otro. En este caso, nace de una hoja rectangular de 1*1,5 unidades, a la cual tampoco se le realizan cortes… pero… Pero en este caso el modelo, aunque pueda parecer hermoso, esta a mis ojos lejos de poseer ese “arte” que permita que supere el ejercicio técnico. El modelo es un “alarde” de técnica por encima de un alarde de emoción o sensación. Aunque provienen de la misma hoja de papel han perdido en el camino la magia de ser un solo modelo. Se han vuelto dos, uno puesto sobre otro… Independiente de eso, es un modelo que creo pueda parecer atractivo, que luce bien, que atrae. Sin embargo, aún no soporta las palabras de mi crítica. Cosa dura esa, pero al tiempo cierta: “No hay crítica más difícil que la de uno mismo”…


sábado, julio 08, 2006

Mi propia voz

Ese hombre es habitado por cientos. Algunos de esos cientos son ángeles y otros demonios, algunos explotan su perversión y otros la esconden. Algunos sufren, algunos lloran, algunos aman, algunos olvidan, algunos recuerdan, algunos odian, algunos ríen, algunos callan. Quiero pensar que eso le pasa a todos, pero solo puedo asegurar que me ocurre a mi. Dicen que “no se puede hablar de yo si no se habla de otros”, y tiene especial validez en los tiempos que vivimos, sometidos a una “puesta en escena cotidiana”, a un actuar según el lugar y el momento, a un no ser yo, a un ser otro yo.

Hoy hablo sobre mí con otra voz, en otro lugar. Hablo sobre quien soy y quien no soy, sobre quien no era, sobre quien no seré. Hace unos días, un amigo me recordaba el valor del silencio, del propio y del ajeno, de poder callar las voces que lo habitan a uno (algunas propias y otras ajenas) y escuchar, cuando más, solo una voz.

Agradezco, como no, a Felipe por darme voz, he invito a los lectores de estas soledades a que lean “Cosas de pajaritas”.