lunes, febrero 12, 2007

Querube

Se llamaba Serafín, de lo bonito que era. Los muslos gruesos solo provocaban agarrarlo, su cabello limpiamente se veía caer en su espalda. Los brazos, esos que parecían redonditos y hechos de nube, generaban entre las mujeres deseos de abrazos y de serafines propios. Era bonito siendo niño, pero cuando fue creciendo la hermosura se fue quedando anclada a los recuerdos de la infancia y los recuerdos, como todos sabemos son engañosos. Era gordo, eso sí, con una gordura que cuando niño generaba ternura y que ahora grande generaba dudas. ¿Será que los ángeles pueden acaso embarazarse?

Casos se han visto de vírgenes que tienen hijos, o de mujeres a quienes las aves desean, bien sean éstas (las aves, no las mujeres) palomas o cisnes. La madre de Serafín se llamaba Paloma, y esa casualidad podía explicar que se tratara de un milagro… El problema de Serafín era que, a todas luces, no hacía milagros, ni de los reales ni de los de consolación. Ya con los años descubrió que el milagro de sus brazos de nube no funcionaba con las mujeres que al verlo no sentían deseos de abrazos ni muchos menos de serafines propios.

Un día le dio por ponerse viejo, como nos da por ponernos viejos a todos.

Descubrió que no le gustaba trabajar los domingos, y que las alas se le habían encogido un poco o la panza se le había hinchado de más, una de dos. Descubrió que le gustaban las ropas holgadas, que cuando volaba parecían darle ondas en las piernas. Y descubrió también que estaba viejo. No era más que la caricatura de lo que fue siendo pequeño. De Serafín no quedaba más que el nombre y ese par de alas que de cielo eran.

Serafín murió de viejo, que de viejos se mueren hasta los ángeles cuando caen en el olvido. Pero justo antes de morir le dio por darle una vuelta al cielo, a ver si era verdad que los querubes habían, años atrás, perdido a un niño que se llamaba Serafín de lo bonito que era.

***




Casi nunca cuento historias. Puede ser porque las historias que escribo las cuento en otros escenarios que no son digitales, o puede ser también porque ya casi nunca escribo cuentos. Mucho menos he de contar cuentos en un blog que de papel habla. Pero quizás, algún día lo haré de nuevo, contando cuentos de mariposas enamoradas de su nombre o de mujeres que se mueren de hermosura.

Contar cuentos que vinculen modelos no es algo nuevo, aunque no es algo muy común. En estos tiempos digitales Alejandro Dueñas hace eso en casi todas sus entradas y Elerth Leiva en algunas otras (aunque debo confesar que en ambos casos algunos cuentos los entiendo, y otros simplemente permanecen en lo incomprendido). En tiempos de lápiz y papel también lo hizo Caboblanco o lo ilustró Riglos con la hermosa historia del naufragio de un barquito de papel.

Yo, normalmente, no cuento cuentos que acompañen los modelos. Siempre he pensado que es mejor que cada modelo hable por si mismo, pero hoy me ha atacado un serafín que algo quería decir. No se que (porque debo confesar que algunas veces lo entiendo y otras no), pero algo quería decir…


miércoles, febrero 07, 2007

Una para pensar

Vivimos una invasión de blogs. Es lógico, estamos en la época de la web 2.0, donde todos tenemos voz, donde todos tenemos algo para decir. Es lógico, porque además estamos en la época en la que más solos nos sentimos (tanto que buscamos a personas a cientos de kilómetros para que nos hagan compañía a solo un clic de distancia).

Vivimos una invasión de nuevos creadores. Lógico, todos queremos ocupar un pequeño espacio en el olimpo de los grandes origamistas (como semihéroes claro está, porque los dioses ya están elegidos). Es lógico, además, porque es un logro del que nos sentimos orgullosos, dar forma con las manos a lo que creamos.

Yo viví los dos fenómenos. Fui uno de los primeros blogger sobre origami en español (de hecho, creo fui el primero). Viví además la búsqueda por aprobación desde el primer modelo que creé, la búsqueda del momento en que todos los origamistas que, a mi juicio, tenían una categoría olímpica me dijeran que era invitado a beber de la ambrosía de los dioses.

Hoy miro atrás, y descubro que no vale la pena. Ni lo uno ni lo otro. Los sitiales en los panteones no los dan los dioses. Son las hazañas de los propios héroes las que permiten llegar a esos sitiales. El camino que debe recorrerse es el propio, no el de las complacencias…

Estas dos situaciones (invasión de blogs e invasión de nuevos “creadores”) me hacen pensar algo que espero puedan ayudarme a responder.

Por un lado, y con relación a tantos nuevos creadores:
  • ¿Qué está ocurriendo con nosotros, que creemos que con el primer modelo que creamos merecemos el reconocimiento del mundo? ¿Acaso es creador el que inventa su primer modelo?

Sobre la otra cuestión, la del exceso de bloggers, me pregunto dos cosas, una para aquellos viejos y una para los nuevos:
  • Para los jóvenes bloggers: ¿Qué es lo que están escribiendo, que parece que no aportan nada más que palabras vacías y que escasamente tienen sentido para el escritor?
  • Y para los viejos: ¿Será acaso que leen buscando entender (o aprender de) lo que dicen los otros, cuando la idea no es entender sino “algo más”? (En ese “algo más” es necesario colocar una palabra que desconozco, y que espero los jóvenes puedan colocar.)
A jóvenes y a viejos, a lectores y escritores, a creadores y a aquellos que simplemente gustan de mirar, les pido que me ayuden a solucionar las dudas. Probablemente no existan respuestas únicas sino un montón de puntos de vista que quisiera conocer.

Saludos a todos.

domingo, febrero 04, 2007

Interpretación

¿Lo recuerdas? Un día tuvimos memoria.


Hoy en día, somos seres sin memoria, sin recuerdo. La modernidad nos ha llevado al olvido de lo que fuimos y de lo que somos, y probablemente al olvido de lo que seremos. Es posible que se deba al exceso de información que tenemos día a día, que nos impide recordar todo lo que aprendemos. Es posible que sea debido a que ya no tenemos que aprender, confiados en los gigas que ofrece el disco duro, o en la memoria que ahora llevamos en el bolsillo. Pero sea cual sea el motivo, cada día prestamos menos atención a la memoria.

Ese olvido permanente nos lleva a injusticias que rara vez solucionamos, a omisiones que desconocemos. Pocos saben que al plegar a Montroll o a Komatsu están recordando a Kawahata, o que el elefante de Kamiya usa lo encontrado por Kawahata, que a su vez usaba lo encontrado por Yoshizawa. Pocos saben que al plegar a Joisel recuerdan a Elías. Y es una lástima, porque resulta fascinante recordar a los maestros, sobretodo en un arte tan nuevo como el nuestro. Llevamos menos de 100 años con un arte de papel, así que mucho puede haberse olvidado (e ignorado) en el camino. Joisel, por ejemplo, realizó ese recordar con cierta frecuencia: uno de sus más hermosos perros es simplemente una versión moderna de un modelo tradicional, muchos de sus rostros iniciales no son sino nuevas versiones de lo señalado por Elías. En mi caso, el recordar a los maestros no ha sido una labor sistemática, aunque sí una labor más o menos frecuente. A raíz de un comentario sobre un modelo clásico de Cerceda que olvidé mencionar en los antecesores del jinete a caballo he retomado uno de sus libros. En éste, encontré su “ave número 4”, un modelo simple que resulta poco detallado para un origamista que creó algunas de las palomas más bellas que he visto. El modelo, debo confesar, me ha parecido bastante “primario” (no olvidemos que observar desde el presente hacia el pasado sin mediar por el contexto suele generar subvaloraciones de lo observado). Me he decidido a plegarlo, y a medio camino he encontrado el ave propia que deseaba fluir. Nace entonces este cisne.




Robar modelos de otros suele ser un acto descarado y abusivo, que con frecuencia realizan los artistas. Los amigos artistas de Picasso escondían sus obras cuando veían que éste se acercaba. Picasso, buen ladrón, simplemente veía aquellas obras y luego regresaba a su estudio y las pintaba. Tristemente, rara vez dio el crédito a sus amigos (en parte debido a una cuestión del tiempo en que se realizaban las obras, en el cual reconocer influencias podía llegar a ser mal visto). Aún hoy en día, pareciera para muchos que plegar basándose en lo que otros han hecho es algo malo. En realidad, lo único mal visto es no dar el debido reconocimiento a aquellos de quienes tomamos las ideas.



domingo, enero 28, 2007

Belerofonte

Quisiera comenzar esta entrada de una vez, sin dar vueltas al asunto. Pero no puedo hablar sobre el mito si antes los lectores no lo conocen. Así que los invito a que lo conozcan una vez.




Algo de mágico tiene el mito de Belerofonte. No sé si sea anterior o posterior al mito de Ícaro, pero con él conserva una semejanza fundamental: la caída...

A mis ojos, quizás lo poético del mito no es solo la juventud del guerrero, o la forma de morir de quimera (muerta por el fuego que sale de su propia boca). No es tampoco el hecho de que el nombre que tenga el protagonista le es dado por la muerte de su hermano (hermosa figura ésa en la que el nombre que llevamos es el que nos han dado nuestros actos). Lo poético es la el destino posterior a la caída. La añoranza de glorias pasadas. Pasa su vida recordando otros tiempos, tiempos de héroes y de luchas.





Ése es, quizás, el problema que traen las quimeras. Alcanzarlas llena el alma orgullos y en algunos casos de arrogancias, y casi siempre, con las últimas vienen las derrotas y tras ellas la añoranza de recuerdos de tiempos pasados. Añoranza por el camino recorrido.

Ésa es, para mí, la figura más hermosa del texto, la de la añoranza del camino recorrido, de la búsqueda realizada. Ese placer de la búsqueda es, según dicen, mayor que el de la consecución. Dicen que algo así sienten los artistas, que el placer está en el proceso de la obra, no en la pieza terminada. Dicen también que el placer del seductor es precisamente la seducción, no el acto posterior a haber seducido. Los astronautas que llegaron a la luna vivieron el resto de su vida en depresión (puede ser que hubieran terminado enamorados de la luna sin saberlo). Yo no lo sé de cierto, pero supongo que todos aquellos decires pueden tener razón.

Puedo decir también que siempre he soñado con quimeras. No con las del mito, sino con la modernas, con esas que son propias (o de dos), con esas que nadie comparte y que sabemos que no sabemos como conseguir. Y puedo decir también que no soy el único que con quimeras sueña. Mujeres y hombre guardan en los bolsillos de su memoria sueños por cumplir. Sueños que los demás desconocen, sueños que tememos soñar porque no sabemos como han de realizarse, o que haríamos si se realizaran.



El tema de Belerofonte ha sido poco tratado en el origami. Probablemente se deba al alto grado de complejidad técnica que requiera poner a un hombre a lomos de un Pegaso, o quizás a que aún no tenemos una quimera digna de ser enfrentada. Me inclino más por la segunda razón que por la primera.

El modelo que presento, a decir verdad, no es uno de mis favoritos. Lo pliego como un ejercicio técnico, modificando el anterior hombre a caballo. Solo recuerdo el mismo tema con el guerrero sobre pegaso de Miyajima, un modelo hermoso, especialmente para quienes gustan de resolver cps.

Para aquellos que gusten del Belerofonte que presento queda pendiente la tarea de plegar una quimera que pueda enfrentarse (de hecho solo conozco una quimera en papel, del italiano Luca Vitagliano.) Y para aquellos que sepan que pueden hacer uno mejor queda la responsabilidad de plegarlo.

Solo recomiendo, a unos y a otros, que busquen el modelo con cuidado, que puede volverse tan peligroso como perseguir una quimera.

miércoles, enero 24, 2007

Complejidad:

“… para el verdadero artista del Romanticismo, el virtuosismo técnico del Estudio debía estar siempre subordinado a lo expresivo”. El texto proviene de La idea del norte, un blog sobre música que rara vez habla del tema (aunque dos cosas merecen ser dichas de paso: Cuando de música habla, tiene toda la propiedad para decir lo que dice, y, cuando no habla de ella, resuenan acordes y melodías en cada palabra en él escrito).

Algunos origamistas realizan modelos absolutamente impresionantes por una razón muy simple: porque pueden. He de confesar que esos modelos rara vez me han gustado. Me asombran, eso sí, pero no tañen las cuerdas del alma propia (he aquí una excepción y aquí otra). Resulta injustificado el valor que le damos al alarde de la técnica sobre la expresión, pero ésa no es una cuestión propia del suramericano. Parece ser una cuestión propia de la modernidad, un remanente del proceso de industrialización. Sirva de ejemplo Ashipin, quien a mi juicio, es uno de los mejores origamistas del mundo. Su trabajo es precisamente un elogio de la expresión por encima de la técnica (aunque su técnica abunda), sin embargo es poco reconocido por los origamistas de otros continentes. Para la mayoría de creadores en el mundo (Ashipin incluido) resulta casi imposible combatir con el despliegue técnico de un Kamiya o un Chang.


Sin embargo, hacer modelos que sean un alarde técnico tiene sus ventajas para el espíritu. Probarse a uno mismo que se puede realizar una figura que parezca, a todas luces, sorprendente o que obliguen a llevar los conocimientos al límite, es un pequeño placer propio.

Pocas veces, en mi caso, he trabajado sobre modelos que sean un alarde técnico. Parte se debe a que normalmente no tengo una técnica de la cual alardear, y parte al elogio de lo simple que predico y, cuando puedo, aplico. KISS: Keep it Simple, stupid. En mi caso, la búsqueda ha sido siempre lo expresivo, no lo técnico.

Este modelo es una de esas excepciones: un modelo hecho simplemente para probar al reflejo que me mira desde el espejo que sí puedo.





El tema del modelo tiene lógicamente diversos antecedentes. En 1960 comenzó un boom norteamericano del origami. En esos tiempos, surgieron modelos complejos que unían dos o más motivos en una sola hoja de papel. Lógicamente, en esos tiempos, los hombres a caballo no fueron la excepción. Jinetes y caballos de una sola hoja, casi todos de rectángulos y algunos con cortes, fueron naciendo a la luz de un alarde técnico. Un ejemplo típico es el "Moro a Caballo" del argentino Adolfo Cerceda, un modelo que parte de un rectángulo y al cual se aplica un corte paa obtener las orejas. En tiempos más modernos, pocos modelos con ese tema han aparecido, y más pocos aún han deslumbrado. Peter Engel tiene alguno en Origami: from angel fish to zen, John Montroll tiene otro, David Brill tiene uno que sale de un rectángulo y que publicó en Brillant origami, y Saadya alguno más, que nunca ha sido publicado. Me falta por recordar a Jason Ku quien tiene un nazgul, elogio de lo complejo, que clasifica como una variedad de jinete a caballo.

Los motivos de lo poco plegado de este modelo quizás se deban a algo que señaló Yoshizawa y que repitió Brill: “Caballos y humanos existen separados… ¿Por qué hacerlos en una sola hoja?”

A pesar de lo cierto del comentario, yo presento ahora esta figura. Jinete y caballo nacen de un cuadrado sin cortes, como es la tradición. Las piernas del jinete, una vez terminado el modelo, son libres de agitarse al galope del caballo. No sé si en las votaciones que se hacen sobre los mejores modelos sobre un tema llegue acaso a destacar entre los primeros. No sé si termine en el cajón de los modelos olvidados o alguna vez plegados. Sé, por ahora, que es un modelo que me ha puesto orgulloso. ¿Por qué? Simplemente porque me demuestra algo: que puedo.

lunes, enero 22, 2007

Complemento:

He leido este fin de semana una frase, por demás brillante, que por ahora cierra perfectamente el tema del “valor”:


“Los modelos de papel plegado, como cualquier obra de arte, no tienen un valor exacto: Lo valen todo o no valen nada.” Carlos Pomarón Arbues


Si alguno de los presentes conoce la fecha en la que se escribió el texto y su lugar de publicación, gustosamente, recibo la información.

jueves, enero 18, 2007

Valor

Vamos ahora con una entrada curiosa. Con alguna frecuencia me he enfrentado a la pregunta de cuánto vale una figura de origami propia. Cuánto vale un “daniel naranjo original”. También me he preguntado cuanto vale una figura de Yoshizawa, o de Román Díaz, o de Joisel, Saadya, Brill, amén de otros cientos de origamistas.

Nunca he logrado responder esa pregunta de forma que me deje satisfecho. Valorar el arte es cosa seria sobre la cual hablaré (probablemente como administrador) alguna vez… Hoy hablaré de algo distinto: ¿Cuánto vale este blog? Si, como lo oyen: Cuántos dólares podría valer este blog. Pues bien, ya tengo una respuesta: USS $7,903.56. Ni más ni menos. Lo he calculado vía Business Opportunities Weblog , usando una metodología que explican aquí para los curiosos.

$7.903,56 dólares…. A mi el valor me sorprende por varias cosas. Primero, por lo exacto. Si pudiera preguntarle cuanto vale un modelo y me respondiera con esa exactitud me quitaría un peso de encima. Me sorprende también porque me parece alto: Eso es más de lo que gano en un año. Es, de hecho, suficiente para comprar 4 orquestas de Joisel con todos sus músicos y demás (según la última subasta de ebay). Suficiente para comprar aproximadamente unos 200 libros de origami, o suscribirse a la AEP, BOS y JOAS por al menos 40 años (suponiendo una inscripción de 40 dólares anuales). Me sorprende porque, según eso, el valor de cada palabra que he dicho en estas soledades es de aproximadamente 0,20 centavos de dólar. Me imagino que algunas palabras deberán valer más que otras, y que, como hay palabras repetidas, no deberían costar todas lo mismo. Además resulta que he dicho demasiado si mis palabras valen tan poco. No sé el valor de cada foto, porque si lo incluyo las palabras deberían valer menos y no tienen porqué hacerlo. Lo que más me sorprende del valor es que no creo que exista un comprador dispuesto a dar $7,903.56 dólares por estas soledades. Y si lo hay me encantaría conocerlo.

Y como me he puesto curioso con esos valores he preguntado por otros blogs de estos que tratan de papel y que se llevan en pantalla.
Power Fold, un blog con algunos modelos muy interesantes vale $2,822.70 dólares. Según eso, escribir en inglés no tiene que ser razón para ser más valioso que escribir en español.
Cosas de pajaritas vale $0 dólares. ¿Será ese el valor que se le da a un lugar que escribe sobre las historias reales de otros que no son apellido Jolie o Pitt?
El código del cp $4,516.32 dólares, lo que podría indicar que es más valioso enseñar a resolver un cp que mostrar a un borrico dando coces. Por cierto, cada una de esas coces dicen valer US $0.
Líneas de origami vale $6,774.48, dólares, casi lo mismo que estas soledades y oriproyectos $5,080.86.
El blog de Komatsu, alcanza los $5,645.40 y el de Saadya los $3,387.24 dólares

El más valioso que he encontrado hasta el momento es Dosis Diaria: $9,032.64 dólares. Esto sirve para demostrar que las adicciones cada vez se vuelven más costosas, y que valen más unas palabras que otras. Habría que preguntarle a Román si estaría dispuesto a venderlo.


La invitación queda abierta a que se pregunten por el valor de aquellos blogs que conocen, pero más aún a que se pregunten por como valorarían lo que han leído en cada uno de ellos. Y, por último, me gustaría preguntarles. ¿Cuánto valen para ustedes estas soledades?

Si no poseen dinero no importa, acepto a cambio figuras, libros y palabras, recuerdos de alegrías que les haya dado o de tristezas que hayan compartido. Se reciben propuestas por aquello que considere, cada cual, que es el valor de este blog.

Un abrazo a todos.