martes, marzo 20, 2007

Paralelos

Algunos de los amigos cercanos saben que he tenido un cambio enorme en la vida. Entre esos cambios, hay diferentes escalas de preocupación, de prioridades, de urgencias. En estos cambios de vida, he debido renunciar al Internet, y eso me ha resultado preocupante porque, entre otras cosas, muchos de los amigos a los que quiero los frecuento por Internet noche a noche. Uno de esos amigos se encontraba en un momento complicado de la vida, y yo solo pude escucharlo a medias, leyendo con retardo lo que escribía en su blog.

Curioso porque pasábamos cada uno a su manera por momentos complejos aunque harto disímiles el uno del otro. Por estos meses dejé de plegar, de amar el papel.
Obligado por un encargo que me hicieron de un modelo que sirviera de regalo a una mujer que obtenía su grado como música, volví a tocar el papel. El modelo que plegué lo hice para ella, claro está, y le entregué el original, el primero, aquel que siempre guardo para poder repetir la figura más tarde, cuando sea su tiempo.

Después de entregar auqel pianista que plegué supe que ese músico amigo a kilómetros de distancia estaba pasándolo mal, y decidí volver a plegar el modelo para él. En este momento quisiera poder enviárselo, pero la restricción presupuestaria lo impide, así que solo puedo enviarle un par de fotos.





Espero que la música siga iluminando su vida, como lo empieza a hacer para una mujer que apenas recibe su grado en música. Buena música emejota, y no olvides que no solo la técnica emana del espíritu, también emana el arte. El verdadero arte, el de vivir.

lunes, marzo 19, 2007

Silencio

Quizás la parte más importante de un diálogo es la que corresponde al silencio. En los tiempos en que vivimos rara vez dejamos que el silencio reemplace a la palabra, y es una pena, porque dice tanto un silencio que, a veces, es mejor que la palabra. Lo complejo del silencio suele ser su comprensión, porque así como hay palabras poli significantes casi todo silencio encierra múltiples sentidos. Pero le tememos al silencio.

Es un fenómeno que me parece precioso en la conversación. Tememos llegar al silencio, porque una vez en él no sabemos como romperlo. Y eso me alegra, porque implica que aún reconocemos algo de magia en el silencio que nos impide romperlo.

Las últimas semanas este blog ha tratado sobre el silencio. Y como en toda conversación con uno mismo ha llegado un momento en el cual he debido empezar a hablar de nuevo, y he temido hacerlo. Pero ese silencio de estas semanas me ha enseñado mucho. Ha sido un silencio de múltiples formas, razones y significados. Ha veces fue debido a que odiaba el mundo, y otras a que lo amaba profundamente. A veces fue un silencio por obligación, porque simplemente “no tenía nada que decir”, otras veces fue un silencio por necesidad y otras uno impuesto. Pero ha sido un silencio que me ha enseñado cosas. Una, que me ha resultado dolorosa, tiene que ver con el valor de estas soledades. No hablo esta vez del valor propio, ni de aquel que mencioné hace unos meses, hablo del valor que le dan los otros. Ha sido un silencio que me ha permitido responder, sin proponérmelo, una de las preguntas de la entrada anterior. Durante los meses en que he guardado silencio la parte más importante del blog hizo lo mismo. Me refiero por supuesto al otro, al lector, a ese voyerista que solo visita para llenarse de imágenes, para robar otros puertos, a ese lector que dejó esta soledad completamente sola.

En estas semanas 4 personas, a las que quiero agradecer, visitaron estas soledades y lanzaron una botella al mar esperando que alguien respondiera. A Eric, a obi, a untalgregorio, y a una anónima con rostro de mujer, gracias por leer, por preguntar, por esperar una respuesta. Esta entrada es para ustedes.

jueves, febrero 15, 2007

Sigo pensando

A ver. Últimamente me sorprende lo amplias que se están volviendo estas soledades. Un día me da por hablar de lo que vale un blog, y al otro por preguntar sobre por qué motivo escriben los nuevos bloggers, al siguiente me da por poner un cuento, y a futuro ya ni sé con que variedad saldré.

Va pues una confesión de paso, para que entiendan que pasa: Estoy pensando ser infiel a estas Soledades.

No sé si abandonarlas, no creo, pero es que a veces me da por contar cosas que no caben en este blog, y que quisiera dejar plasmadas. Lo vengo pensando hace meses, pero como saben algunos, montar un blog es lo más fácil del mundo, otra cosa es mantenerlo. Y como el tiempo no da para mantener otro blog, resulta que a estas pobres soledades les ha tocado aguantar estoicamente entradas que poco tienen de papel. Además, eso de tener una doble vida cuando uno ya mantiene 15 diferentes puede resultar agotador por no decir que imposible. Pero no iba a hablar de eso en esta entrada, sino que iba a dar cierre al tema que toqué dos entradas atrás, del cual no tengo aún respuesta: ¿Qué pasa con la invasión de bloggers?

Resulta que emejota ha puesto una entrada debido a un texto que le envió Barbarita, quien a su vez lo ha recibido de Álvaro Ramirez, quien fué comentado por Victor Solano, aunque el origen de la idea lo saca de Iria Puyosa quien, a su vez lo recibió de hlp que probablemente lo sacó de otro lugar que no logré rastrear. De hecho, yo no conozco a hlp, ni a Iria, ni a Álvaro, ni a Barbarita, ni a a emejota. Bueno, miento. A emejota lo conozco desde hace un año (si puede decirse que conocer es leer día a día lo que otro escribe), y a Victor resulta que tangencialmente lo conozco, porque es uno de los mejores bloggers de Colombia, asi que algo de él he leído (mira que es pequeño el mundo).
Además de parecerme un ejercicio de introspección muy interesante, algunas de las preguntas que aparecieron podrían ayudar a cerrar perfectamente el tema que planteé la pasada vez. Pregunto de nuevo entonces, esperando de nuevo respondan:

1. ¿Por qué comenzaste a escribir un blog?

2. ¿Sobre qué temas escribes? ¿Por qué?

3. Si la gente dejara de leerte y comentar, ¿seguirías escribiendo?

4. ¿Crees que al escribir un blog debe seguirse algún tipo de ética?

La entrevista sigue con 4 preguntas más, que no son las cruciales en este momento. De todos modos pueden verlas en las correspondientes entradas de emejota, Barbarita, Álvaro Ramirez, Victor Solano, Iria Puyosa, hlp y otros más que en ya deben haber respondido....

A ver si con eso logramos entender algo más del tema que, por ahora, doy por terminado.
Ah!, y si por casualidad han llegado a esta entrada que nada de papel tiene en ella y les parece interesante, los invito a que respondan la encuesta (ojalá completa) y a que den un paseo por estas soledades.

Un saludo por lector

lunes, febrero 12, 2007

Querube

Se llamaba Serafín, de lo bonito que era. Los muslos gruesos solo provocaban agarrarlo, su cabello limpiamente se veía caer en su espalda. Los brazos, esos que parecían redonditos y hechos de nube, generaban entre las mujeres deseos de abrazos y de serafines propios. Era bonito siendo niño, pero cuando fue creciendo la hermosura se fue quedando anclada a los recuerdos de la infancia y los recuerdos, como todos sabemos son engañosos. Era gordo, eso sí, con una gordura que cuando niño generaba ternura y que ahora grande generaba dudas. ¿Será que los ángeles pueden acaso embarazarse?

Casos se han visto de vírgenes que tienen hijos, o de mujeres a quienes las aves desean, bien sean éstas (las aves, no las mujeres) palomas o cisnes. La madre de Serafín se llamaba Paloma, y esa casualidad podía explicar que se tratara de un milagro… El problema de Serafín era que, a todas luces, no hacía milagros, ni de los reales ni de los de consolación. Ya con los años descubrió que el milagro de sus brazos de nube no funcionaba con las mujeres que al verlo no sentían deseos de abrazos ni muchos menos de serafines propios.

Un día le dio por ponerse viejo, como nos da por ponernos viejos a todos.

Descubrió que no le gustaba trabajar los domingos, y que las alas se le habían encogido un poco o la panza se le había hinchado de más, una de dos. Descubrió que le gustaban las ropas holgadas, que cuando volaba parecían darle ondas en las piernas. Y descubrió también que estaba viejo. No era más que la caricatura de lo que fue siendo pequeño. De Serafín no quedaba más que el nombre y ese par de alas que de cielo eran.

Serafín murió de viejo, que de viejos se mueren hasta los ángeles cuando caen en el olvido. Pero justo antes de morir le dio por darle una vuelta al cielo, a ver si era verdad que los querubes habían, años atrás, perdido a un niño que se llamaba Serafín de lo bonito que era.

***




Casi nunca cuento historias. Puede ser porque las historias que escribo las cuento en otros escenarios que no son digitales, o puede ser también porque ya casi nunca escribo cuentos. Mucho menos he de contar cuentos en un blog que de papel habla. Pero quizás, algún día lo haré de nuevo, contando cuentos de mariposas enamoradas de su nombre o de mujeres que se mueren de hermosura.

Contar cuentos que vinculen modelos no es algo nuevo, aunque no es algo muy común. En estos tiempos digitales Alejandro Dueñas hace eso en casi todas sus entradas y Elerth Leiva en algunas otras (aunque debo confesar que en ambos casos algunos cuentos los entiendo, y otros simplemente permanecen en lo incomprendido). En tiempos de lápiz y papel también lo hizo Caboblanco o lo ilustró Riglos con la hermosa historia del naufragio de un barquito de papel.

Yo, normalmente, no cuento cuentos que acompañen los modelos. Siempre he pensado que es mejor que cada modelo hable por si mismo, pero hoy me ha atacado un serafín que algo quería decir. No se que (porque debo confesar que algunas veces lo entiendo y otras no), pero algo quería decir…


miércoles, febrero 07, 2007

Una para pensar

Vivimos una invasión de blogs. Es lógico, estamos en la época de la web 2.0, donde todos tenemos voz, donde todos tenemos algo para decir. Es lógico, porque además estamos en la época en la que más solos nos sentimos (tanto que buscamos a personas a cientos de kilómetros para que nos hagan compañía a solo un clic de distancia).

Vivimos una invasión de nuevos creadores. Lógico, todos queremos ocupar un pequeño espacio en el olimpo de los grandes origamistas (como semihéroes claro está, porque los dioses ya están elegidos). Es lógico, además, porque es un logro del que nos sentimos orgullosos, dar forma con las manos a lo que creamos.

Yo viví los dos fenómenos. Fui uno de los primeros blogger sobre origami en español (de hecho, creo fui el primero). Viví además la búsqueda por aprobación desde el primer modelo que creé, la búsqueda del momento en que todos los origamistas que, a mi juicio, tenían una categoría olímpica me dijeran que era invitado a beber de la ambrosía de los dioses.

Hoy miro atrás, y descubro que no vale la pena. Ni lo uno ni lo otro. Los sitiales en los panteones no los dan los dioses. Son las hazañas de los propios héroes las que permiten llegar a esos sitiales. El camino que debe recorrerse es el propio, no el de las complacencias…

Estas dos situaciones (invasión de blogs e invasión de nuevos “creadores”) me hacen pensar algo que espero puedan ayudarme a responder.

Por un lado, y con relación a tantos nuevos creadores:
  • ¿Qué está ocurriendo con nosotros, que creemos que con el primer modelo que creamos merecemos el reconocimiento del mundo? ¿Acaso es creador el que inventa su primer modelo?

Sobre la otra cuestión, la del exceso de bloggers, me pregunto dos cosas, una para aquellos viejos y una para los nuevos:
  • Para los jóvenes bloggers: ¿Qué es lo que están escribiendo, que parece que no aportan nada más que palabras vacías y que escasamente tienen sentido para el escritor?
  • Y para los viejos: ¿Será acaso que leen buscando entender (o aprender de) lo que dicen los otros, cuando la idea no es entender sino “algo más”? (En ese “algo más” es necesario colocar una palabra que desconozco, y que espero los jóvenes puedan colocar.)
A jóvenes y a viejos, a lectores y escritores, a creadores y a aquellos que simplemente gustan de mirar, les pido que me ayuden a solucionar las dudas. Probablemente no existan respuestas únicas sino un montón de puntos de vista que quisiera conocer.

Saludos a todos.

domingo, febrero 04, 2007

Interpretación

¿Lo recuerdas? Un día tuvimos memoria.


Hoy en día, somos seres sin memoria, sin recuerdo. La modernidad nos ha llevado al olvido de lo que fuimos y de lo que somos, y probablemente al olvido de lo que seremos. Es posible que se deba al exceso de información que tenemos día a día, que nos impide recordar todo lo que aprendemos. Es posible que sea debido a que ya no tenemos que aprender, confiados en los gigas que ofrece el disco duro, o en la memoria que ahora llevamos en el bolsillo. Pero sea cual sea el motivo, cada día prestamos menos atención a la memoria.

Ese olvido permanente nos lleva a injusticias que rara vez solucionamos, a omisiones que desconocemos. Pocos saben que al plegar a Montroll o a Komatsu están recordando a Kawahata, o que el elefante de Kamiya usa lo encontrado por Kawahata, que a su vez usaba lo encontrado por Yoshizawa. Pocos saben que al plegar a Joisel recuerdan a Elías. Y es una lástima, porque resulta fascinante recordar a los maestros, sobretodo en un arte tan nuevo como el nuestro. Llevamos menos de 100 años con un arte de papel, así que mucho puede haberse olvidado (e ignorado) en el camino. Joisel, por ejemplo, realizó ese recordar con cierta frecuencia: uno de sus más hermosos perros es simplemente una versión moderna de un modelo tradicional, muchos de sus rostros iniciales no son sino nuevas versiones de lo señalado por Elías. En mi caso, el recordar a los maestros no ha sido una labor sistemática, aunque sí una labor más o menos frecuente. A raíz de un comentario sobre un modelo clásico de Cerceda que olvidé mencionar en los antecesores del jinete a caballo he retomado uno de sus libros. En éste, encontré su “ave número 4”, un modelo simple que resulta poco detallado para un origamista que creó algunas de las palomas más bellas que he visto. El modelo, debo confesar, me ha parecido bastante “primario” (no olvidemos que observar desde el presente hacia el pasado sin mediar por el contexto suele generar subvaloraciones de lo observado). Me he decidido a plegarlo, y a medio camino he encontrado el ave propia que deseaba fluir. Nace entonces este cisne.




Robar modelos de otros suele ser un acto descarado y abusivo, que con frecuencia realizan los artistas. Los amigos artistas de Picasso escondían sus obras cuando veían que éste se acercaba. Picasso, buen ladrón, simplemente veía aquellas obras y luego regresaba a su estudio y las pintaba. Tristemente, rara vez dio el crédito a sus amigos (en parte debido a una cuestión del tiempo en que se realizaban las obras, en el cual reconocer influencias podía llegar a ser mal visto). Aún hoy en día, pareciera para muchos que plegar basándose en lo que otros han hecho es algo malo. En realidad, lo único mal visto es no dar el debido reconocimiento a aquellos de quienes tomamos las ideas.



domingo, enero 28, 2007

Belerofonte

Quisiera comenzar esta entrada de una vez, sin dar vueltas al asunto. Pero no puedo hablar sobre el mito si antes los lectores no lo conocen. Así que los invito a que lo conozcan una vez.




Algo de mágico tiene el mito de Belerofonte. No sé si sea anterior o posterior al mito de Ícaro, pero con él conserva una semejanza fundamental: la caída...

A mis ojos, quizás lo poético del mito no es solo la juventud del guerrero, o la forma de morir de quimera (muerta por el fuego que sale de su propia boca). No es tampoco el hecho de que el nombre que tenga el protagonista le es dado por la muerte de su hermano (hermosa figura ésa en la que el nombre que llevamos es el que nos han dado nuestros actos). Lo poético es la el destino posterior a la caída. La añoranza de glorias pasadas. Pasa su vida recordando otros tiempos, tiempos de héroes y de luchas.





Ése es, quizás, el problema que traen las quimeras. Alcanzarlas llena el alma orgullos y en algunos casos de arrogancias, y casi siempre, con las últimas vienen las derrotas y tras ellas la añoranza de recuerdos de tiempos pasados. Añoranza por el camino recorrido.

Ésa es, para mí, la figura más hermosa del texto, la de la añoranza del camino recorrido, de la búsqueda realizada. Ese placer de la búsqueda es, según dicen, mayor que el de la consecución. Dicen que algo así sienten los artistas, que el placer está en el proceso de la obra, no en la pieza terminada. Dicen también que el placer del seductor es precisamente la seducción, no el acto posterior a haber seducido. Los astronautas que llegaron a la luna vivieron el resto de su vida en depresión (puede ser que hubieran terminado enamorados de la luna sin saberlo). Yo no lo sé de cierto, pero supongo que todos aquellos decires pueden tener razón.

Puedo decir también que siempre he soñado con quimeras. No con las del mito, sino con la modernas, con esas que son propias (o de dos), con esas que nadie comparte y que sabemos que no sabemos como conseguir. Y puedo decir también que no soy el único que con quimeras sueña. Mujeres y hombre guardan en los bolsillos de su memoria sueños por cumplir. Sueños que los demás desconocen, sueños que tememos soñar porque no sabemos como han de realizarse, o que haríamos si se realizaran.



El tema de Belerofonte ha sido poco tratado en el origami. Probablemente se deba al alto grado de complejidad técnica que requiera poner a un hombre a lomos de un Pegaso, o quizás a que aún no tenemos una quimera digna de ser enfrentada. Me inclino más por la segunda razón que por la primera.

El modelo que presento, a decir verdad, no es uno de mis favoritos. Lo pliego como un ejercicio técnico, modificando el anterior hombre a caballo. Solo recuerdo el mismo tema con el guerrero sobre pegaso de Miyajima, un modelo hermoso, especialmente para quienes gustan de resolver cps.

Para aquellos que gusten del Belerofonte que presento queda pendiente la tarea de plegar una quimera que pueda enfrentarse (de hecho solo conozco una quimera en papel, del italiano Luca Vitagliano.) Y para aquellos que sepan que pueden hacer uno mejor queda la responsabilidad de plegarlo.

Solo recomiendo, a unos y a otros, que busquen el modelo con cuidado, que puede volverse tan peligroso como perseguir una quimera.