miércoles, diciembre 30, 2015

El canto de los gallos

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.



En los pueblos a lo largo del país se escucha cada madrugada el canto de los gallos. Muchos creen que cantan para llamar al sol pidiéndole que vuelva. Pero el sol sale, con o sin canto de reclamo. Incluso, en las ciudades en las que tiempo atrás dejaron de cantar los gallos sigue apareciendo en el horizonte como cada mañana.  Y bien sabido es que a los gallos no les gusta perder el tiempo en tareas sin sentido.

Otros creen que lo que ocurre es que bien conoce el gallo que "al que madruga dios le ayuda". Pero eso no explica porque aún los gallos mas ateos gustan de cantar de madrugada.

Algunos dicen que los gallos extrañan la mañana, pero si así fuera cantarían en la tarde, e incluso en medio de la noche. Y, además su canto habría de ser nostálgico, triste como el canto de quien esta viviendo en medio de la ausencia.

La verdad es que el gallo no canta al sol, ni menos a la mañana. Canta porque está feliz, canta porque en su canción cuenta no el fin de la noche, ni la llegada de la luz. Lo que anuncia son sus promesas de amor. Canta desde lo alto del gallinero, para que todos sepan de sus pasiones.

El gallo es un romántico, que cada madrugada canta los amores que vivió en la noche.

Y las gallinas a quienes despierta, solo sonríen tímidamente. Saben que el gallo no es un buen amante, pero en su canto las plumas se convierten en alas que emprenden vuelo, su cacaraqueo en arrullo de sirenas. Saben que en su canto las convertirá en las gallinas más hermosas del mundo, y solo por eso, se dejan amar una vez más.
 

domingo, diciembre 27, 2015

Mar adentro

Hoy es el turno para enseñar mi primer autómata, y de paso, un ejercicio de talla en madera. 

Siempre he tenido una profunda fascinación por los autómatas, pero nunca había diseñado uno propio. Hoy, al fin, esto ha cambiado. 


video

miércoles, diciembre 23, 2015

Oveja

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Sucedió, alguna vez, que en el reino de las ovejas una de ellas padeció de insomnio. Cosa curiosa, sin dudarlo, una oveja con problemas para conciliar el sueño. 


Así que aquella oveja, siguiendo toda la lógica ovejuna decidió ponerse a contar humanos. Los puso a saltar por encima de una cerca como es la tradición. Pero la idea no resultó muy buena. Había que ver a esos pobres humanos tratando de saltar por encima de aquella valla. La mayoría enredaba sus piernas en la carrera, y unos pocos tomaban impulso y salían disparados como resortes solo para terminar magullados al otro lado de la cerca.

Así que aquella oveja, lista como era, pensó que tendría mejores opciones contando tortugas. Su movimiento lento resultaría ventajoso, pues habría de incitar al sueño. Para mayor seguridad decidió quitar la cerca, pues aunque dotadas con casco natural, no se imaginaba a las pobres criaturas dando muestras de aquella agilidad saltadora. Asi que las puso, simplemente, a subir y bajar una colina.

La cosa al principio, iba bien... pero poco a poco la lentitud se fue tornando en desespero. Aquellas tortugas tardaban eternidades en llegar a lo alto de la colina. Honestamente era una tarea de nunca acabar. Pronto, el desespero se convirtió en angustia. Una vez alcanzada la cima, las tortugas resbalaban y caían por la pendiente dando tumbos y volteretas que las dejaban paradas de espaldas y de cabeza. Así que la oveja decidió dejar de contarlas. Quería dormir, si, pero no a costa de ser proclamada como la responsable de la extinción de las tortugas.

Su tercera, a todas luces, no fue la idea más acertada: Optó por contar lobos. Bien sabía que podían cuidarse solos, y que además no tenían problemas saltando cercas. La dificultad vino cuando  una vez abierta la puerta a sueños de lobos no hay quien consiga dormir tranquilamente. Descansar en paz es otra cosa, pero ella no quería el sueño de los justos sino uno normalito de aquellos de 8 horas o 10 cuando más. Así que cuando al fin logró sacar a los lobos de su conteo, decidió pensarlo con cabeza fría, y escoger algún sistema que estuviese comprobado.

El método que eligió fue el único que dicen resulta infalible: seguir el ejemplo de los hombres, y ponerse a contar ovejas. La cosa funcionaba, hasta que fueron precisamente sus compañeras de rebaño las que vinieron a confrontarla: "Pero cómo se te ocurre, le decían, ahora nos toca trabajar triple jornada", ya no sólo era ir de pastoreo todo el día y después pasar media noche saltando cercas para que los humanos pudieran dormir. Ahora resultaba que además debían volver a toda velocidad para saltar la cerca propia porque una oveja desconsiderada las quería volver a contar.

Le dijeron que "dejara de ser la oveja negra del grupo y se pusiera a trabajar, que aún más de un hombre faltaba por dormir". Pero la pobre oveja no quería. Su problema era de sueño propio, y no de sueño ajeno. Pero ya estaba claro que el asunto lo debía tomar por cuenta propia, que no podía confiar en otros animales.

Cansada, miro hacia el cielo, y lo descubrió lleno de luces. Comenzó a contar estrellas fugaces, y a pedir como deseo el sueño conciliar. Cuentan algunos que se quedó dormida cuando llegaba a contar el primer millón, y dicen que desde entonces sigue durmiendo. Bien sabido es que a las estrellas es mejor sólo pedir un deseo por vez...

sábado, diciembre 19, 2015

Rodolfo el Reno

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Años atrás realicé este modelo que en su momento fue hermosamente diagramado por Felipe Moreno.

Lo dejo hoy aquí, de nuevo, para que lo plieguen en esta navidad.

Felices fiestas a todos.


miércoles, diciembre 16, 2015

Los colores y el oso

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Años atrás todos los animales eran blancos, de formas y tamaños diferentes, pero todos del mismo color.

Fue entonces cuando un dios ligeramente aburrido de tanta monotonía decidió hacer un reparto de pinceladas entre los animales. Pero justo ese día, el oso blanco se quedó dormido así que el pobre nunca consiguió llenarse de color.

Cansado de las burlas y de la vanidad del resto de los animales que gustaban exhibirse como si de pavos reales se trataran, decidió irse al norte, donde podría vivir en paz.  Su alma de oso no estaba para conflictos.  

Desde entonces vive en soledad, esperando cada noche el encuentro de la aurora boreal que cae sobre él pintando su pelaje. Entonces se mira de colores, y vuelve a lanzarse al agua. No vaya a ser que se le suba la vanidad y se le tinture el alma, que bien sabe el que lo que importa es el blanco del espíritu más que el blanco de la piel.

miércoles, diciembre 09, 2015

La casa grande

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Si de algo estaba cansado era del tamaño de su casa. Escaso espacio para uno mismo, y menos aún para tener alguna compañía. A veces debía pensar en voz alta, pues no había espacio para cuerpo y pensamiento en el mismo caparazón. Así que decidió cambiar de casa, y buscar una más grande. "De una o dos alcobas, si se pudiera con jardín sería mejor aún."

Se fue de viaje mar adentro. Pero cuando se es un pobre cangrejo, o más bien un cangrejo pobre, ni nadar se puede. Así que comenzó su viaje paso a paso, caminando por el fondo del mar. El camino se recorría bastante lento. Andar con la casa a cuestas suele ser un asunto que requiere estado físico, y a aquel cangrejo últimamente le faltaba. A pocos metros de la playa vio que si quería la casa de sus sueños, debía caminar más rápido. La oferta de propiedades submarinas no es tan amplia como podría pensarse, y a ese ritmo nunca encontraría algo medianamente decente. Así que se quitó el caparazón y comenzó a caminar desnudo. 

A su paso algunos animales se burlaban mientras otros se escandalizaban y decían que se les subían los colores a las aletas. Pero aquel cangrejo tenía claro su camino. Y, allí, a medio océano, descubrió que sus patas en el lecho marino alguna ventaja tenían. Su caminar firme y decidido, resultó que al mar causaba risa. Patas a un lado, patas al otro, el mar se llenaba de carcajadas con su paso. Y cada carcajada era una ola, y cada ola era un paso mas. A su marcha, la risa marina iba tomando ritmo de canción, y era un ritmo contagioso, que hacía mover tentáculos y aletas.

A pocas semanas el mar entero era algo distinto. Los peces sonreían más, cantaban más. A pocos metros de un coral descubrió una casa nueva, con un aviso de "se renta" en plena entrada. La arrendataria, una cangreja grande y sexi, de patas bien torneadas, ojos oscuros y un poco loca de carácter le dijo que aquella casa era demasiado grande para ella. Que era una herencia, pero que nunca se había sentido del todo a gusto. Que, "o le sobraba espacio o le faltaba tamaño." Con los años se había cansado de tanta soledad pero sólo ahora, que en cada gota del mar se sentía una canción se había decidido: que se iba de baile aunque bailar no supiera.

Así fue como el pobre cangrejo consiguió una casa nueva.

Pero al cabo de unos días descubrió que la cangreja tenía razón. La casa era demasiado grande, tanto como para que a él o le sobrara espacio o le faltara tal vez tamaño. Descubrió que en su primera casa, la falta de habitaciones la hubiera aguantado. Lo que no soportaba era la falta de contacto. La piel se le secaba por dentro. No importa que viviera a orillas del mar, o que incluso en él se sumergiera. Poco a poco descubrió que necesitaba beber otra piel para refrescar el alma. 

Entonces juntó sus patas de cangrejo y por vez primera rezó. Seguramente el dios de los cangrejos andaba por ahí cerca porque entonces sonó la puerta de su caparazón. Y allí estaba aquella cangreja. Decía que lo de bailar no había resultado una buena idea. Que a las pocas horas de haberse ido el mar dejó de sonar, como si no hubiese ya motivos para seguir riendo. Que ahora se encontraba sola y sin casa, y que si acaso alguna bondad tendría el de recibirla. El cangrejo se sonrió.

Para dos aquel caparazón no resultó tan grande, había espacio para que bailaran allí adentro. Ella se acomodaba abajo y el sobre ella sonreía. A veces sacaban las patas, el de un lado y ella de otro, primero caminaban a la izquierda, y luego a la derecha. Allí era cuando de nuevo el mar rompía en carcajadas.

Desde entonces aquel cangrejo vive feliz, adentro de aquella casa grande en la que bebe de la piel de una cangreja dulce que con su baile hace reír al mar.

miércoles, diciembre 02, 2015

Dragón de mar

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Creen quienes viven a la orilla de aquella playa, y en eso no se equivocan, que los caballitos de mar son en realidad sutiles pieles que envuelven en su interior infinitas cantidades de agua dulce.


No es, eso es seguro, un agua cualquiera. Cuentan que el primer caballo de mar en realidad era una yegua proveniente de la tierra. No bastaban para ella las praderas ni las llanuras, en tierra el sol siempre la quemaba, secando sus ideas y sus sueños de galope.

Decían los ancianos sabios que aquella yegua había contraído la enfermedad de la sed. No bastaba el agua de quebradas o ríos, su sed era siempre eterna. Así que galopó hasta el mar donde esperaba saciar su sed tranquila.

Era natural que con el paso del tiempo se volviera de agua, y cambiara las praderas terrestres por verdes campos submarinos, sus cascos por aletas, y su soledad de tierra por la compañía fértil del dulce mar.

Lo que no saben los ancianos es que bajo el agua, aquella yegua de mar se enamoró. No resultaba fácil aquel amor, sin duda diferente. Con sus relinchos de caballo amaba un árbol en el borde del acantilado, cuyas raíces en el mar bebían. A veces aquel árbol estiraba sus raíces y trataba de meterse en ella, dulce como era. Otras, era ella quien esperaba que las ramas tocaran el agua y entonces se amarraba a cada hoja como aquellos que desesperadamente aman suelen hacerlo.

Aquel amor tan grande fue que con el paso de los años aquel árbol se fue encogiendo, hasta tal punto que un día aquella yegua marina lo metió dentro de sí, tan profundo que desde entonces yegua de mar y árbol son uno sólo. Desde aquel día se esconden juntos en el mar profundo, uno en otro, a la espera de nuevos tiempos en los que aquel amor de agua dulce de a la luz una nueva raza de dragones de mar.