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martes, marzo 12, 2019

El Minotauro

Cuando Ariadna entró al laberinto lo descubrió vacío.  Valiente, tomó hilo y cuero, y se hizo una máscara de toro que ajustó, fuerte, a su cabeza.

Cuando se corrió la noticia de que el monstruo había regresado, la ciudad recuperó su esplendor y gloria.

No puede existir laberinto sin Minotauro.

lunes, julio 23, 2012

La luna y el toro




Sí algo nunca ha de faltar a la luna son enamorados.

Cuando está llena, lobos y coyotes aullan su nombre al cielo. Mariposas nocturnas tratan de alcanzar su tenue luz, como sí la vida dependiera de ello. Incluso enamorados hombres cantan al astro celeste, mientras sueñan que la regalan a mujeres sin duda alguna terrestres.

Pero la luna, serena y dulce luna, a ninguno de aquellos ama. Sueña desde el cielo con aquel toro bravio que pasa días y noches en soledad.

Seguramente la luna a de ser mujer, pues no confiesa su amor al macho toro. Silenciosa, va dejando aquella redondez y poco a poco dibuja sobre ella un sutil llamado que tarda el toro en comprender. Aquella sonrisa de luna no es más que el dibujo que hace la luna con su llamado.

La ama el toro cuando está menguante, y la ama también cuando está creciente. Pero cuando es luna nueva y desaparecida está en el cielo, se enloquece el toro, y brama desesperado. Tanto la anhela, tanto la espera, que de su espalda salen alas y trepa al cielo en su búsqueda.

Y en aquella noche oscura luna y toro se aman en secreto. Nadie los ve, pues sin luz de luna no distinguen nada los ojos indiscretos.

domingo, octubre 18, 2009

Lento pero viene

"Que lento pasa el tiempo" dice el caracol.
Luego se echa a correr.


Años atrás el alma me pedía una mujer a lomo de un caracol. Aquel caracol iba sin prisas, creo, marcando la entrada a un tiempo nuevo en el que muchas cosas que eran dejaron de ser. En mi caso, el origami siempre ha sido autobiográfico. No sólo es que deje el alma en el papel, es que además los modelos surgen como un llamado de lo que el alma pide o de aquello que el universo otorga.

Es un tema que, hasta donde sé, comparto con pocos origamistas, pero que seguramente he de compartir con más. A fin de cuentas el no saber si algo se comparte no implica que no se haga. Pensándolo bien, ha de ser un asunto común a todo nuestro que hacer: Dejamos el alma en lo que hacemos, en el momento en que vivimos. Nuestros actos, sean sobre papel o sobre piel, sean sobre piedra o sobre las cuerdas de una guitarra, sean sobre poco o sobre mucho... nuestros actos hablan de quienes somos.


Quizás al caracol también se le juzgue por sus actos. En su defensa, es claro que se toma su tiempo para lo que hace (sea lo que sea). Quizás el caracol logre que lo que piensa sea igual a lo que dice y eso igual a lo que hace. O quizás el caracol vive renegando de su suerte, diciendo que hasta ella debe tardarse en llegarle...

Que poco sabemos de caracoles, y que tanto nos parecemos a ellos algunos días. En esos en los que el tiempo pasa más lento, en esos en los que se quiere que el tiempo deje de pasar. Son los días del caracol, esos en los que nos escondemos en aquella caracola que lentamente sube al cielo, esos en los que pensamos salir y dejarlo todo atrás, y sin embargo permanecemos con nuestra historia a cuestas como si se tratara de una vieja casa que oculta lo que somos. Esos días en los que nos recostamos en la caracola del oído y nos llegan de regalo palabras dulces que nos recuerdan el mar (y el amar).




domingo, julio 15, 2007

Otro ángel más

A veces olvidamos ser hombres de tierra o de maíz, y soñamos ser hombres de aire. Levedad y vuelo, pluma y ligereza. Los seres humanos sentimos una atracción especial por la ingravidez, por esa mágica sensación del vuelo. Creamos ángeles que son proyecciones de nosotros mismos intentando volar. Creamos mitos de Ícaros que se cuelgan un par de alas a su espalda y tratan de llegar al sol, de un eros que vuela lanzando amores a un alma que en tierra espera. Soñamos con volar, porque somos, aún, eternos soñadores.



En lo personal, no soy un devoto creyente de la angelología, aunque aún puedo recordar las categorías angelicales. Tampoco logré responder la pregunta teológica de cuántos ángeles caben en una cabeza de alfiler (aunque, verdades sean dichas, nunca traté de responderla). Me he cuestionado algunas veces por el sexo de los ángeles, pero ha sido por motivos plenamente artísticos y cuestionadores de la mitología propia: ¿Por qué, si me duele un dios sin sexo, no habría de dolerme un ángel con alas a cambio de piel?
No soy, como lo decía, de aquellos que ve ángeles en la calle (salvo a los amigos, que otra clase de guardianes son). Pero si soy, como no, un amante de aquellos seres con alas. Años atrás escribí una narración escénica que contaba de cuentos de amor entre ángeles y mujeres. Los ángeles eran ellos, y casi todos andaban por ahí perdiendo la cabeza (y las alas) por terrenales mujeres y celestes vírgenes. Otros años atrás creé un ángel de papel que, torpe figura, apenas lograba abrir las alas. Meses después, creé otro ángel más que casi quedó en el olvido, y un Serafín cuya cara habla de todo, menos de inocencia. Serafín cansado este último...

Lo cierto es, que no es acaso porque quiera crear ángeles sino más bien porque, como todos, anhele ponerle alas a mi espalda.




Este ángel que hoy presento no es otro más que uno que ya mostré meses atrás, pero esta vez envuelto en un cuadrado. Cambian sus alas, nutridas ahora por un exceso de papel, cambian sus manos, que ahora anhelan algo que sostener. ¿Qué sostendrías, acaso, si fueses aquel ángel con alas en tu espalda?

***

Versão em português (Untalgregorio)

Mais um anjo

Às vezes esquecemos de ser homens de terra ou de milho, e sonhamos ser homens de ar.
Leveza e vôo, penas e ligeireza. Os seres humanos sentimos uma especial atração pela ingravidade, por essa mágica sensação de vôo. Tentando voar criamos anjos que não são projeções de nos mesmos. Criamos mitos de Icaros que se penduram um par de assas nas costas e tentam chegar no sol; de um Eros que voa lançando amores a uma alma que na terra espera. Sonhamos em voar, porque somos, ainda, eternos sonhadores.

No pessoal, não sou um crente devoto da anjologia, porem ainda posso lembrar as categorias angelicais. Também não consegui responder a pergunta teológica de quantos anjos cabem numa cabeça de alfinete (porem, verdades sejam ditas, nunca tentei respondê-la) me questionei algumas vezes pelo sexo dos anjos , mais só por motivos plenamente artísticos e questionadores da própria mitologia: Por que, se me dói um deus sem sexo, não haveria de doer-me um anjo com assas a troca de pele?

Não sou, como tenho dito, um daqueles que vêem anjos nas ruas (tirando os amigos, que outra classe de guardiões são). Porem sou sim, como não ser, amante daqueles seres com assas. Anos atrás escrevi uma narração cênica que falava de contos de amor entre anjos e mulheres. Os anjos eram eles e quase todos andavam por aí perdendo a cabeça (e as assas) por terrenas mulheres e celestes virgens. Outros anos atrás criei um anjo de papel que, torpe figura, conseguia apenas abrir as assas. Meses depois, criei mais um anjo, que quase ficou no esquecimento; e um Serafim cujo rosto fala de todo, menos de inocência. Serafim cansado este último...

O certo é, que não é só porque queira criar anjos senão, mais bem porque, como todos, anseie pôr assas nas minhas costas.

Este anjo que hoje apresento não é senão um que já mostrei meses atrás, mais, desta vez, envolvido num quadrado. Mudam as assas, nutridas agora por um excesso de papel, mudam as mãos, que agora anseiam alguma coisa para segurar. Que segurarias, si fosses por acaso, aquele anjo com assas nas tuas costas?

domingo, abril 15, 2007

Por la boca muere el pez...

El dios que me vino a tocar en suerte al nacer es un dios del signo piscis. No creo en horóscopos, aunque todo parezca indicar que soy un típico géminis. Me cuesta además creer en un dios que no hace el amor. Me duele creer en un dios así. El dios que me tocó en suerte al nacer es uno que no tiene cuerpo, ni sexo. Y no sabe de lo que se pierde el pobre (o quizás si sabe, y por eso ha dejado de tomarse tan en serio). Afortunadamente tiene palabra (quizá sea un milagro de consolación). Con la palabra crea, con la palabra destruye, con la palabra castiga, con la palabra reconstruye.

Esa paradoja me resulta encantadora. Es un dios del signo piscis, y es un dios de palabra. Extraña combinación pues el pez muere por su boca, y harto cuesta a los peces hablar. Otra cosa es caminar siendo un pez. Quizá por eso sea que ese dios no tenga piernas para abrir o para cerrar, para entregar.

En la pasada semana santa estuve leyendo, después de semanas sin facilidad de acceso a Internet, las novedades del mundo origamístico. Me encontré con la imagen que tomó Román de una máscara en México, rostro que era perfecta representación de aquel dios/pez del que hablaba. Aunque quise plegar el modelo en esa semana, solo en pascua tomó forma. Sale así uno de esos modelos que pedía la entrada anterior, uno que sea dos en uno, uno que siendo uno sea dos. Le enseñé, de paso sea dicho, el modelo a Jorge Jaramillo, uno de los más estudiosos origamistas que conozco. Su referente fue Escher. He de confesar que yo no pensé en este referente, aunque es sin duda acertado. Los trabajos de Escher pasan de ser pez a ave, ave a ciudad, ciudad a ajedrez. Este modelo pasa de pez a rostro, con una transición fluida que permite al pez nadar, o al rostro pensar; al pez ser dios; al dios ser pez.



domingo, septiembre 17, 2006

Agua Sonora

Años atrás un compañero me enseñó una ilustración que desde esa época ha llenado mi cabeza gota a gota: Hermosos caballos, blancos como la espuma, surgían desde el agua invocados por una mágica voz que hacía que nada pudiera enfrentarse a su paso. Años después supe que aquellos caballos de agua formaban parte de una escena de un texto mágico (y sí, también de una película) que me conmovió profundamente. En cierta medida eso generó un amor por los caballos, pero más aún por aquellos seres que del agua surgen. En mi caso ya había trabajado sobre ese tema como una forma de intervenir uno de los cuadros japoneses más famosos, pero no sé de otros origamistas que hayan trabajado este modelo en particular.

Sin duda, los caballos son seres hermosos. La historia del hombre no sería la que es sin la presencia de aquellos seres que han sido más que una simple compañía para el hombre. El Quijote sin Rocinante sería literalmente un caballero “andante”, D’Artagnan debe parte de sus aventuras a otro famoso jamelgo y las Valquirias, sin caballos, no podrían recorrer los campos en busca de guerreros para el Valhala … Es triste, sin embargo, que tantos caballos tan hermosos no tengan nombre … La mitología griega está llena de caballos hermosos, pero ninguno de ellos responde a una palabra que lo marque, que lo nombre: Son caballos los que guían el carro del sol sobre la bóveda celeste, son famosas las yeguas de Diomedes, los caballos de las amazonas y, por supuesto, es famoso el caballo de Troya.
Algunas mitologías, sin embargo, han dado nombre a sus caballos, entre ellas la normanda y, por supuesto, la creada por Tolkien (que aunque no es mitología en un sentido estricto, poco a poco parece conseguirlo)

En origami el tema de los caballos es recurrente, aunque el de los caballos míticos es mínimo. Aparece solo el hermoso Sleipner (que traducido significaría: resbaladizo) caballo de Odín, una creación de Kamiya. Por supuesto que podrían incluirse en la lista pegasos y unicornios, pero es difícil incluirlos en la categoría de “caballos puros.” Por supuesto, pueden señalarse como caballos famosos del origami el de Brill, Miyajima, Komatsu, Diaz, Wu, Voyer (diagramas), Saadya y Lang (gracias a Felipe por la ayuda con la lista)

Este en particular, es una adaptación del hermoso caballo creado por Román Diaz. He usado la misma secuencia de plegado que diagrama Román en OPI en la cabeza y patas de su caballo, sin embargo la base es completamente diferente. Hace mucho no creaba algo partiendo de la variación del trabajo de otro, y sin duda no deja de ser un proceso encantador. El honor del modelo sin dudas es todo suyo.

Solo resta contar sobre su nombre. No sé escribir en élfico, eso es claro, pero su nombre me pareció hermoso: “agua sonora” (Bruinen). Quisiera, como no, haber podido escribir su nombre en alguna de esas lenguas de criaturas mágicas, pero mis conocimientos están lejos de llegar a tanto. Si algún fanático aprende como escribirlo quedo pendiente de los comentarios.

Un abrazo a todos




***

Raquel, desde España, me envía el nombre Bruinen en élfico. No sé como suene al pronunciarlo, pero al menos sé que se ve bonito. Gracias a Raquel.

lunes, septiembre 04, 2006

Otros vientos

Todo comenzó con este barco, protagonista de los 8 versos. ¿Lo recuerdan?




Pues bien, ese pequeño barco ha navegado en los mares de aquello que podría ser creado durante algunos días, pidiéndome primero un delfín que lo acompañe, y luego, otros barcos más que pudieran llegar a puerto en su compañía. Fabián Correa, un compañero de LAO me sugirió ayer la idea de un rostro que acompañara la barca (cosa horrible esa que nos paso en LAO, que ya solo pensamos en rostros.) Esa idea me pareció hermosa. Podría ser quizás la imagen de un gigante que surgiera del fondo del océano, algún viejo titán o algún antiguo dios que gustara de jugar con aquellos barcos perdidos en el tiempo. Podría ser también que ese rostro fuera la imagen de algún coloso hoy hundido por las aguas, pero, en mi caso, he preferido mostrar a Eolo, dios de los vientos, dios viento, como un deseo y una petición de buenos vientos por venir. Para todos. Vientos que auguren un buen regreso a Itaca, aunque hacia ella el viaje fue tormentoso, vientos que traigan dulces cambios en la dirección que el alma los requiere, vientos que refresquen aquello que necesita ser refrescado… Pero pedir por vientos es una cuestión peligrosa. Un refrán popular ya entrado en desuso tenía a bien decir: “siembra vientos… y cosecharás tempestades”… Y pocas veces deseamos tempestades.
En las mejillas de Eolo se esconde el aire, que a veces es brisa suave y otras huracán. Se esconden consecuencias.


Hablando ahora en términos de papel, pedirle a una hoja (cuadrada como siempre) que oculte en sí vientos, barcas y mares no es una tarea simple… O quizás pedirlo sea simple, lo difícil sea conseguirlo. ¿Cómo puede representarse el viento? ¿Cómo ver aquello que es invisible? He encontrado en este modelo una respuesta que suelo odiar: viendo las consecuencias, no las causas. Pero en este caso por la vía de descubrir los resultados pueden imaginarse los motivos. Un oleaje tímido, una onda se desplaza sobre la superficie del papel permitiendo al espectador imaginar el viento que sale. Los cachetes del modelo (aunque sin boca que lo acompañen) guardan vientos que envían lejos aquella barca (si, lo sé, también podría leerse que en vez de enviar atraen, y que lejos y cerca siempre dependen del lugar en que uno se encuentra.) Las mejillas de Eolo cargan en sí los vientos que impulsan el modelo hacia otros mundos. Vientos de cambio, como los del origami.
Este modelo, aunque realizado en papel, en una sola hoja cuadrada y sin cortes, esta lejos de ser lo que se denomina origami tradicional. Aunque es posible “estandarizar” el modelo y obtener mediciones exactas para cada punto, para cada ola, confieso que no he usado ninguna. La confesión no es extraña, lo sé, porque quienes me conocen saben que mis modelos rara vez obedecen a puntos y medidas exactas. El barco se encuentra donde quiso estar, y las olas donde a bien tuvo el viento llevarlas. Otro tipo de modelos, otro origami, otra forma de decir más cercana a la escultura, pero aún y sin ninguna duda: Papel Plegado.
Por ahora solo me queda desear a los lectores: “buen viento, y buena mar”

domingo, agosto 13, 2006

La mujer del caracol


(¿Pensará el caracol que camina lento?)


Normalmente escribir las entradas de este blog es una labor sencilla. Algunas entradas tardan más que otras, otras salen de un solo impulso... Pero ésta viene lenta, con las palabras a cuestas como caminar de caracol, ésta se toma su tiempo, sabiendo que, a la larga, ha de llegar a algún destino.

Empieza hablando sobre el tiempo, ese engaño que inventaron antiguos dioses para que las cosas no ocurran todas a un mismo tiempo. Hablando de la mentira y el engaño que el tiempo trae consigo. Bendición y maldición, premura y parcimonia. Tiempo que cura, tiempo que condena... Ante todo, tiempo que se vuelve relativo. En la felicidad el tiempo es corto, y en la tristeza suele ser eterno. En la guerra, cualquier tiempo es mucho, y en la paz siempre ha de ser corto. Es el tiempo un tirano que nos rige y que a veces nos colma de favores. Es el tiempo aquel bien extraño cada vez más difícil de encontrar.

Resulta entonces agradable encontrar un modelo como este. Sin prisas, conciente de su tiempo. De su propio tiempo. Un modelo que sabe que llegará a su destino alguna vez. No es una figura común, y se presta a encantadoras interpretaciones. Un caracol que lleva sobre si a una mujer que es su casa, una casa que es una mujer. (“Si esa mujer es una casa su sexo ha de ser mi cama” ). Una mujer, que es dueña del tiempo y sobre él camina. (“no somos otra cosa más que tiempo”). Una mujer que es de agua, y cuyo único rastro lo deja el caminar de un caracol. Una mujer que es un caracol.

Bonita imagen, y cercana a la realidad. Es la mujer un caracol que carga a cuestas a quienes la habitan. En el caracol de mi oído resuenan siempre palabras de mujer. Algunas dulces que hablan de amores. Otras que me hablan de recuerdos.



***

Este modelo, para ser honesto, ha venido lento. Lleva varios días dando vuelta en mi cabeza tratando de salir, pero solo ayer encontró un camino. El caracol está lógicamente basado directamente en los trabajos de Tomoko Fuse y sus hermosas espirales y, visualmente, en los hermosos caracoles de Manuel Sirgo y Nícolas Terry, aunque la forma de plegarlos es bien distinta. La mujer, por su parte, es una de las típicas mujeres que resultan de mis dedos cuando de acariciar una hoja de papel se trata. No sé si existen otros modelos similares a este. Surge de una sola hoja de papel cuadrada, sin cortes, que convierte mujer en caracol. En este modelo es especialmente atractivo la diferencia entre las dimensiones de los dos protagonistas. El caracol puede ser visto como un abuso, y la mujer como apenas un suspiro. Solo me queda entonces una pregunta: ¿Qué estará pidiendo mi alma en estos momentos que me dice a gritos que coloque a una mujer a lomo de caracol?

martes, julio 25, 2006

Ouroboros:

“Al contrario de lo que se dice, no existen palabras vacías.”
La caverna, José Saramago.

Mucho antes de buscar mi voz en el origami encontré mi propia voz. Mi voz real. Hablo de aquella voz física que sale del estómago o los pulmones y atraviesa las cuerdas vocales. Hace muchos años encontré mi voz al contar cuentos. Palabras propias y ajenas, palabras de otros que se volvían mías en la boca, palabras que navegaban en el alma, en el corazón y a veces en la cabeza. Jugaba con las palabras, eternas jugadoras y creadoras… eternas destructoras. En esa época conocí el poder de las palabras, la facilidad que tienen para construir o para destruir, sus componentes mágicos, aquella capacidad que depende del lugar, del tono, del momento y también de la persona que las pronuncia. Palabras que permiten convocar y devorar.

En esos tiempos (que a veces aún son estos tiempos) contaba para encontrarme y para liberarme, pero sobretodo contaba para crear. Hoy, años más tarde al retomar el tema de las cosmogonías recuerdo aquellos mitos que tienen a la palabra como creadora, aquellos mitos que comienzan diciendo: “Y dijo:..” ... En últimas decir hace. En esos mismos tiempos recuerdo haber encontrado un ser que me ha acompañado en diversos proyectos a lo largo de la vida, el ouroboros. Un símbolo conocido en todos los lugares del mundo, de una serpiente (o a veces un dragón) que se devora a si mismo. Es un símbolo que representa al tiempo la divinidad, la continuidad, el alfa y el omega, lo eterno. Pero también es un símbolo que representa el verbo creador, la palabra. Lógicamente ese fue el símbolo que usé durante años al hablar de la palabra y también al hablar de la vida, porque el principio y el fin de lo que hacemos se confunde, se vuelve uno. Cada final es el comienzo de un nuevo hacer, de una nueva realidad. Cada comienzo es el final de lo pasado.

He creado este modelo hace un par de días. Tomé una hoja de papel y me decidí a amarla, y ella optó por volverse creación y origen, por volverse palabra que crea la vida. Pero esa misma creación, a los ojos de muchos ha sido fin. Algunos han visto una cabeza que convoca un cuerpo, otros un cuerpo que es devorado. Origen y final en un mismo modelo. Es precisamente así como me encuentro de nuevo, en otros tiempos, con el ouroboros.

No deja de extrañarme lo poco representado que es este modelo en el papel: Salvo una representación de Robert Neal y alguno propio que nunca vio la luz, es un modelo inexistente, reto harto hermoso para aquellos que buscan seres no creados y modelos nuevos.

Es claro que no es un modelo que obedezca a los cánones de representación que plantean conservar una relación directa entre el nombre y la figura. Pero es precisamente una nueva lectura de un viejo tema, de un viejo símbolo. Es en últimas lo mismo que hacen las palabras: Decir de nuevo lo que se decía antes, decir de otra forma aquello que antes se decía, juntarse unas con otras buscando nuevas cosas por decir…

sábado, julio 08, 2006

Mi propia voz

Ese hombre es habitado por cientos. Algunos de esos cientos son ángeles y otros demonios, algunos explotan su perversión y otros la esconden. Algunos sufren, algunos lloran, algunos aman, algunos olvidan, algunos recuerdan, algunos odian, algunos ríen, algunos callan. Quiero pensar que eso le pasa a todos, pero solo puedo asegurar que me ocurre a mi. Dicen que “no se puede hablar de yo si no se habla de otros”, y tiene especial validez en los tiempos que vivimos, sometidos a una “puesta en escena cotidiana”, a un actuar según el lugar y el momento, a un no ser yo, a un ser otro yo.

Hoy hablo sobre mí con otra voz, en otro lugar. Hablo sobre quien soy y quien no soy, sobre quien no era, sobre quien no seré. Hace unos días, un amigo me recordaba el valor del silencio, del propio y del ajeno, de poder callar las voces que lo habitan a uno (algunas propias y otras ajenas) y escuchar, cuando más, solo una voz.

Agradezco, como no, a Felipe por darme voz, he invito a los lectores de estas soledades a que lean “Cosas de pajaritas”.


sábado, abril 15, 2006

La Noche (Cielo con luna)

"Puedo escribir los versos más tristes esta noche"
Neruda


Sin duda, modelos de este tipo implican un cierto grado de compromiso y de suicidio. Tantos y tantos escriben sobre ella, tantos y tantos la han pintado, tantos y tantos se consideran sus habitantes, sus cómplices. Eso implica, por supuesto, que sea lo que sea que se presente, alguno dirá que esa no es "su" noche. Y tienen razón. La noche es propia, y para muchos va por dentro. Este es uno de esos modelos que hace tiempo quería plegar. Vale la pena, para empezar, recordar de que estoy hablando, y, sobretodo, recordar los comentarios que sobre la idea planteó Román.






Y bien, después del recuerdo viene el presente. Crear un modelo de este tipo es, sin duda, un reto harto complejo. Se suma a lo planteado en la entrada anterior un punto complejo pues no quiero un modelo abstracto ni caer en el exceso de simplemente tener una hoja en blanco (o negro) y ponerle como nombre "la noche". Quiero un modelo que, sin ser representativo pueda ser entendido. Pero al tiempo, quiero un modelo en el que se note la mirada estética que deseo.
He pensado para este modelo en varias cuestiones fundamentales.

Primero, "la" noche. Eso implica que se entiende como mujer... Curioso es que en otros idiomas pudiera ser masculino en vez de femenino. A pesar de la dualidad la pienso femenina y para eso acudo a un punto que es fundamental en la representación de la feminidad: la curvatura. Esta curvatura por un lado debe señalarse en el torso. El cabello, ondulante rodea el cuerpo al mismo tiempo que ofrece contrapeso al desnivel que genera el brazo al otro lado.

Segundo, la "noche". ¿Que representa la noche? En este caso he optado por el elemento fundamental que resume la noche (la parte por el todo) que es la luna. El largo brazo de la noche a un tiempo pone la luna en el cielo y la desplaza por la bóveda celeste. Es el brazo lo que envuelve, a un tiempo que separa. Es el brazo el que como en tantos mitos separa el cielo de la tierra.

Como verán son dos elementos muy simples que permitieron conformar el modelo. Optar por la luna como elemento síntesis de la noche permite hacer que el modelo sea reconocible, a pesar de no ser representativo. Esta clase de modelos, son bastante lejanos al origami tradicional, teniendo sus raices en la escultura y la plástica en general. Queda ahora disponible para los ojos, los labios y los dedos de aquellos que deseen comentar o tan solo ver. Un abrazo

"Me desprendo del abrazo, salgo a la calle.
En el cielo, ya clareando, se dibuja, finita, la luna.
La luna tiene dos noches de edad.
Yo, una."

Eduardo Galeano