lunes, julio 16, 2018

Regalo

Te regalo tu primera palabra, cortica, de dos sílabas.
Te regalo tu primer abrazo, seguro y temeroso.
Te regalo también aquella primera sonrisa que no sabía que tenía
y el pedazo de corazón que no sabía que esperaba aún por estrenar.

Te regalo tu primer cuaderno. Y un lápiz y un crayón.
Mi primer regaño, que me duele más a mí que a vos.

Te regalos mis errores. Serán muchos, tantos que no acabarás de listarlos en toda la vida.
Espero algún día me regales tu perdón por ellos.

Te regalo también mi historia y la de tus abuelos:
Hay anhelos y dolores,
cuentos a los que les he quitado el polvo y sacado un poco de brillo
En unos años sabrás que es lo único que tuve y tengo.
Y son tuyos, te los regalo. Algún día también tu les sacarás brillo y quitarás el polvo.
Agregaremos juntos historias nuestras que, después, serás tu quien cuente.
Ese día sabrás que eso es lo único que somos.

Con el tiempo entenderás, mi dulce niño,
que te regalo todo lo que tengo.

sábado, junio 16, 2018

Un regalo para 200

La semana pasada la página de Facebook que suele ser un espejo de este blog llegó a 200 personas. Aquello me alegró. Siempre me parece bonito que haya alguien que se interese por lo que hago.

Para celebrar aquello, diagramé un toro que presenté hace unas semanas (pueden verlo aquí).

Esos diagramas, los pasos para hacer ese modelo, son un regalo para esas 200 personas.

Espero lo disfruten y, si lo pliegan, compartan las fotos del mismo. 

Solo deben hacer clic debajo de la foto para descargar


Descargue aquí



jueves, junio 07, 2018

Cotidianidades (XV)

Me siento en un bus y saco un libro. Leo, una página tras otra. Sonrío. El hombre sentado a mi lado mira de reojo. Sonrío de nuevo. Frente a mis ojos en aquel libro dos seres se aman, y luego cuatro, y luego diez. La felicidad llega a aquella pequeña casa de un viejo pescador que sólo sabeamar.

Llego al punto final del capítulo y cierro el libro. Suspiro. La sonrisa no se borra de mis labios.
El hombre a mi lado me pregunta: ¿de que trata el libro? No sé, le respondo. Que buena respuesta, dice. Le digo que son cuentos, de un hombre que adopta un hijo, de una mujer cuya única posesión es un nombre hermoso, de todo, pero también de nada.

El también se sonríe. Yo vi que usted se sonreía leyendo, se nota que lo disfrutaba. Si, le digo, no hay nada mejor que un libro que te regala una sonrisa.

El conductor del bus dice: próxima parada, San Antonio, y yo me río porque hace con su voz como si fuera la grabación del metro. En un semáforo, un hombre juega malabares. En otro tres personas hacen acrobacia y al otro lado de la calle alguien toca el saxofón y otro golpea un redoblante.

Hay días en los que la ciudad es una fiesta. Y también el alma.

miércoles, mayo 30, 2018

Política del miedo

Lo siento, pero no.
Estoy cansado del ritmo que marcan tus palabras de guerra
que confunden paz con venganza, indignación con odio,
patria con egoísmo.

No celebrarás conmigo
un homenaje a la mentira,
al engaño
y a la muerte.

Conozco de sobra el golpeteo del veneno
que se destila de tus actos
maquillado como primaveras
en las que sólo florecen
los huesos de la muerte

Lo siento, pero no.
No entiendo más de aquella locura de extremos
en las que el otro es el enemigo,
en la que pensar distinto es ser odiado,
en la que pensar se ha convertido en un pecado.

Porque en mi vida,
mucha o poca,
pobre o rica,
no mandará el miedo.
Que mi vida está hecha
de esperas y esperanzas.

viernes, mayo 25, 2018

miércoles, mayo 16, 2018

Una mujer llorando

Hoy he visto una mujer llorando. Dicen mis amigos que todas las mujeres lloran, que es algo natural en ellas y que hay que acostumbrarse. Yo no lo sé de cierto. Lo que sí sé, es que yo lloro con ellas. No debería parecerme extraño verla así, enjuagando con el borde de sus manos la comisura de sus ojos, tratando de limpiar aquella lágrima que ya rodaba por el borde de su cara, pero algo en ella había, en esa mirada que no es triste y sin embargo llora, en esa mirada dulce que convocaba el agua.

Aquella mujer lloraba mientras sus manos, pasaban una a una las páginas de un libro.

Temí preguntarle por su tristeza, que soy de naturaleza tímida y dado a las fantasías.

» Disculpe señorita, ¿Por qué llora?
» Por un hombre
» ¿La ha tratado mal acaso?
» No a mi, sino a mi amiga, la de la página 44. Pero es como si el dolor me lo causara a mi.
» La entiendo. Siempre hay quienes maltratan a otros que son como uno aunque no son uno.
» ¿Usted cree?
» No sólo creer, señorita, que yo lo sé de cierto.

Pero nada de aquello dije, y nada de aquello dijo ella. Soy tímido, ya lo dije.

En cambio me quedé allí, sentado, viendo como sus manos se deslizaban suavemente acariciando las páginas de un libro.

Ella no me vio. Nunca alzó la mirada. Me consuelo pensando que tal vez algún día lea estas breves frases y descubra que yo lloro viendo a una mujer que llora viendo las páginas de un libro.

lunes, mayo 14, 2018

Toro





Como un toro
te miro
desde el otro lado de la cerca.

Caminas con tu vestido rojo
ignorante de mi presencia.
Espero.

En silencio te quitas el vestido
y agitas tu falda
como si fuera una invitación al ruedo.

De mi voz un ruego
de mi cuerpo un resoplido
  bramido profundo e incompleto.

En segundos rompo
las vallas que separan
carne de deseos.
Con los cascos te recorro
blanca tierra
y con la cabeza baja
de impulsos arremeto.
Ciego del rojo
de tu sangre que bebo
levanto el rostro al cielo
que es de todo testigo.

Allí, en tu mar termino
por vos 

vencido.