miércoles, agosto 07, 2019

Toro


Toro
Oleo Pastel sobre papel

A veces pinto rápido. 
A veces, literalmente, el alma sólo entiende de brevedades y quiere decir, decirlo todo, en sólo unos minutos. 

A veces, además, eso pasa mientras pinto toros. 

domingo, julio 14, 2019

Preguntas



¿Y quién consuela a la nube cuando cae bajo ella la lluvia?

¿Quién celebra a la flor que se olvida en fruto?

¿Quién conforta a las aves que en su canto lloran el árbol derribado?

¿Quién le dice al invierno que su partida saluda primaveras?

¿Y al otoño que aquel fruto que cae tal vez se vuelva árbol?

¿Quién acompaña a las estrellas que en el cielo se preguntan a dónde se ha ido la luna?

¿Y al marino que llora porque la estrella que seguía se ha soltado del cielo, temblorosa?

¿Quién guarda un minuto de silencio por la hoja en blanco que se volverá poesía?

Tal vez el tiempo ha borrado las respuestas.

Los hombres, cobardes, preferimos otras cuestiones

    más simples

        más ajenas.




Pero mientras quede alguien que se haga estas preguntas,

     habrá quien llore y habrá quien cante

          habrá quien consuele y quien sonría.




Mientras queden estas preguntas

estarás conmigo, vida mía.

lunes, julio 08, 2019

Pálpito:


Dicen que Facebook es algo que ya solo usan las mamás y las abuelas, y Rosalía, que ya es las dos cosas, lo usa el doble.

Tiene 63 años, un matrimonio, 4 hijos, una separación y 4 nietos. También tiene un amante. O lo tendrá, porque el lunes, a las 2:47 pm recibió un mensaje de un desconocido en su Facebook.

En la pantalla de su tableta aquella campanita dice hola.

Se llama Jorge, y le comenta que vió su foto y quiso conversar con ella. Le pregunta además de dónde es y a qué cosa se dedica.

Rosalía se pasa el día en angustia. A las 7 y 23 minutos de esa noche, su hija mayor, nada más cruzar la puerta, ve a su madre sentada, intranquila, en una silla.

+ Mija, dice Rosalía. Es que tengo algo que preguntarle.
- ¿Qué pasó mamá?
+ Ay, mija, es que me habló un hombre que yo no conozco.
- ¿Cómo así mamá?

Rosalía explica, y la hija, entre risas, le propone que investiguen si acaso aquel hombre será real.

Es médico de 69 años, según su perfil es separado y tiene un hijo, ya grande, que vive en Europa. El perfil parece real, no muestra ninguno de los indicadores típicos de ser una cuenta falsa o un príncipe nigueriano que quiere compartir su fortuna.

- Salúdelo tranquila, mamá, pero eso sí, por ahora no le vaya a decir que vive en Medellín. Máximo dígale que vive en Colombia.

Rosalía, a la lista de sus 63 años, un matrimonio, una separación, 4 hijos, 4 nietos, un amante, le ha agregado una mezcla entre angustia y emoción.

Jorge vive en Costa Rica, y le conversa un rato por las noches, cuando no tiene turno. Se saludan por la mañana, y se despiden para dormir. Es cardiólogo, y eso ella lo hubiera imaginado porque por su culpa le anda dando brincos el corazón.
Ya van 4 meses, y la hija de Rosalía le dice que mucho cuidado con ir a mandarle fotos sin ropa o cosas así. Las dos se ríen, sobretodo la hija al ver cómo se escandaliza la mamá.
Las amigas de Rosalía se burlan de ella. Dicen que se consiguió un médico extranjero y que desde eso parece una quinceañera. Con decir que ni de la ciática se ha vuelto a quejar. También le dicen que se cuide, que seguramente se ha de tratar de un hombre que la quiere estafar, o peor aún, de uno de esos truanes que no tiene sino el mismo interés que todos los hombres tienen. A Rosalía, por primera vez, se le metió una tristeza dentro.

Todo hubiera estado bien si esa misma noche Jorge no le hubiera preguntado si acaso no quisiera salir de viaje a Costa Rica.

Allí se terminó todo.

Porque Rosalía tuvo un pálpito. Pensó que aquel hombre se estaba tomando atribuciones que no eran las debidas. Primero pedía eso, quien sabe que pediría después.

Rosalía tiene casi 64 años, un matrimonio, 4 hijos, una separación, 4 nietos y un corazón que le cojea, un poco, del lado izquierdo. Los hijos dicen que debería ir al médico, pero ella no quiere porque siente, en lo profundo, que un cardiólogo le rompió el corazón.

miércoles, julio 03, 2019

torso




Torso

Oleo Pastel sobre cartulina negra.


Un ejercicio de dibujo en 5 minutos. La verdad no me gusta mucho el resultado, pero el ejercicio tiene su encanto.

lunes, abril 22, 2019

Un perro

Un niño me ha pedido 
que le dibuje un perro para jugar.
He pensado que no bastaba 
con un perro cualquiera.
He pintado un perro
que me pide un niño
para salir a jugar.



sábado, abril 13, 2019

A flor de piel

Vos, mujer, no sos de primavera
No hay flores a tu paso
Ni pájaros viajantes
con su vuelo de estación.

Vos, mujer, no sos de tierra
No tenés geografía de montañas
Ni hueles al pasto después de la llovizna
que trae el amanecer.

Vos, mujer, no has sido nunca de fuego
No ardes como braza incandescente
Ni consumes
como el incendio que prepara el sembradío.

Vos, amada mía, sos de agua
de mar
de río
de tormenta
de lluvia
de rocío

De tus labios corren ríos
de tus ríos se hacen mares

Y yo,
que de pensarte me hago un océano
te tengo a mar de piel.

martes, marzo 26, 2019

Espejo

Escribo cuentos que nadie lee
y cuento historias que nadie escucha.

Pasa 
cada cierto tiempo 
que termino algo 
y me miro en el espejo.

Tanto nos conocemos
mi reflejo y yo
que con sólo mirarme 
ya sé de qué me acusa. 

Pintas rostros que nadie admira
y caballos que sólo corren
en los ladrillos fríos que forman mi pared.

Imaginas relatos
y pájaros
y pliegues
(y silencios... 
imagino siempre 
tantos silencios)

Pero yo sé 
que son siempre gritos
y mensajes que salen
como botella en el mar
que sabe que no tendrá respuesta. 

¿Para qué sigues?
¿Para qué pintas, para qué bailas, para qué cantas, para qué escribes?

No importa,
le digo.

A mi puerta ha venido 
un colibrí.

martes, marzo 12, 2019

El Minotauro

Cuando Ariadna entró al laberinto lo descubrió vacío.  Valiente, tomó hilo y cuero, y se hizo una máscara de toro que ajustó, fuerte, a su cabeza.

Cuando se corrió la noticia de que el monstruo había regresado, la ciudad recuperó su esplendor y gloria.

No puede existir laberinto sin Minotauro.

jueves, febrero 28, 2019

Los bebedores de Ajenjo


Los bebedores de Ajenjo (Estudio)
Oleo pastel sobre cartulina negra.
***
Basado en el cuadro de Edgar Degas


Mis padres son quienes más obras mías tienen. A veces se trata de regalos que les hago, obras que hago especialmente para ellos. Otras veces ocurre que ven alguna obra y se antojan de ella: "yo quisiera ese cuadro", dicen, como quien no quiere la cosa. Y aquí voy yo y lo empaco, como no, que siempre es difícil decir que no a los padres.
Hoy es el cumpleaños de mi padre, y de regalo le he pintado este cuadro. El original, una obra de Degas con muchos nombres ("El ajenjo", "Los bebedores de absenta", "En un café, también llamado la Absenta") es una de sus obras favoritas, o por lo menos una de las obras que más veces le he escuchado mencionar.

Desde hace muchos años quería hacer una obra así, pero obviamente no puedo (ni quiero) evitar darle mi propia voz.

Esperemos que le guste.

sábado, febrero 16, 2019

Mister Fox

En la vida he conocido todo tipo de turistas. Hay unos, extraños ellos, a los que denomino turistas express: son los que buscan devorar todo lo posible en cada minuto de su viaje. A veces creo que aquel será el único viaje de su vida y, quizás, por eso no paran de correr. Entre esos destacan unos, los más particulares, que buscan 10 ciudades en una semana. Nunca he logrado saber cómo se atreven a decir que lo conocieron todo. Son divertidos ellos. Despiertan cada día antes de salir el sol y corren, siempre corren, en una sola carrera en que no hay más meta que correr.
El otro extremo lo ocupan los calmados. Despiertan tarde, nunca saben a donde irán ese día. Creo que esperan, tan sólo, conocer realmente el pedacito de lugar al que llegaron. Si alguien que conociera aquel lugar les preguntara cómo les pareció, describirían aquel sitio con tal detalle que quien preguntó diría que el lugar debía haber cambiado mucho desde la última vez que fue. Por suerte nadie les pregunta nada, pues quienes los conocen temen perder el día entero escuchando su respuesta.
Hay otros, los turistas de caparazón, que van con la casa a cuestas. Esos son los que no tienen hogar en ninguna parte, pero a todas partes llaman hogar. Llegan a viejos con joroba y con memoria, pero también con desarraigo.
Están los turistas de celular, que buscan siempre los sitios famosos para tomarse, frente a ellos, fotos con cara de pato y cuerpo en curva para que también se vea su cola levantada. Esos son peligrosos. Cuando comen toman fotos de su plato y luego piden que lo cambien porque está frío. Algunos de ellos, los peores, suelen andar con un palo largo que agitan hacia los lados como si fueran armas de defensa personal. Perdón, dicen, y luego vuelven a poner la boca a punto para decir cuack.
Yo, por mi parte, soy un turista de librerías. Sospecho no somos muchos aunque tal vez me equivoque... Es una especie extraña, bien lo sé.
Permítanme explicarme: Cuando llego a una ciudad busco primero el hotel y allí descargo las maletas y luego, como quien no quiere la cosa, preguntó al recepcionista si conoce la dirección de la librería más cercana. A veces compro, por supuesto, pero otras me limito a estar allí, mirando, tratando de entender lo que entre paredes aquellos libros quieren decir. Las librerías, aprendí, son una confesión del librero que las puso.
Cuento esto para explicar que, en mi último viaje, en Bogotá, tuve la fortuna de encontrar un sitio que no había visto antes. En esa ciudad hay librerías maravillosas, pero ésta de la que hablo destacaba por un simple motivo: allí los libros no están puestos por autor o por editorial. La sección de novedades, llena siempre en todas partes, es, de hecho, bastante pequeña. Es más: la librería entera se recorre en una sola exhalación. Lo curioso, lo realmente extraño, es que allí los libros están acomodados por dolencia.
No, no me he equivocado de palabra. Los libros están acomodados por dolencia.
Aquel lugar, más que librería, es una suerte de farmacia en la que en vez de libreros han contratado boticarios.
» Buenas tardes, señor, ¿qué le anda doliendo?
+ Tengo nostalgia de la familia, dice uno, entrado en años, que acaba de cruzar la puerta.
» Entonces venga por aquí, que está la sección con libros sobre madres y padres y hermanos y abuelos...
» ¿Tiene ausencia, tal vez, porque alguna muerte llegó antes de tiempo? Entonces camine conmigo, que en este estante hay historias de princesas que aprenden de la muerte de sus padres y de patos que se olvidan de nadar.
+ Lo mío es... (dice una señora de mediana edad)
» ¿Si, dígame?
+ Lo mío es que olvidé cantar
» Entonces venga, señora, que aquí hay libros de mujeres que le enseñan a recuperar la voz...
Entre preguntas supe leer de dolores y de angustias, de crisis y de padecimientos que no faltan, y todos ellos, allí, sonaban fáciles de diagnosticar. Entre recetas y prescripciones recordé a aquel zorro que hablaba de amor a un príncipe que no sabía dibujar.
Quise preguntar algo, cualquier cosa, pero mi cabeza estaba en blanco. Hubiera podido inventar algo, decir que estaba triste, que la risa se me había quedado enredada en el pelo de una mujer de la que no sabía ni el nombre, o que no sabía bien quién era, tal vez inventar alguna enfermedad... pero no pude pensar en nada. Nunca he sido de enfermedades imaginarias y la mayoría de las reales ya se han ido curando solas, aunque siempre han dejado cicatriz.
Me despedí de todos y agradecí la tarde.
Al llegar a casa escribí esto que aquí pongo.
En el reverso de la hoja he comenzado una lista de dolores. La tendré en el bolsillo del pantalón, o en la billetera, justo al lado del documento de identidad.
Tal vez, cuando sea grande, pueda volver a aquel sitio y, entonces, comenzaré a preguntar.

domingo, febrero 10, 2019

Marranito


Para celebrar el cambio de año chino, muchos origamistas al rededor del mundo han realizado cerditos de todas las formas y colores.

Hace unos años diseñé una familia de cerdos que aún recuerdo con cariño, pero para esta ocasión decidí crear uno nuevo. 

Es un modelo simple, de esos que se hacen en menos de 10 minutos, lo que lo hace más encantador.

Como es habitual, plegado con aguapapel.

lunes, febrero 04, 2019

Retrato de Carolina Jaramillo



Retrato de Carolina Jaramillo
Oleo pastel sobre papel



A Carolina la conocí hace años. 



Cantaba, y todavía lo hace, para exorcizar demonios, para escapar del llanto, para escapar de lo que no era, para luchar contra el sueño que quería devorarlo todo. 

Hay gente así, que sabe que el arte es la única forma de seguir con vida. .

Hace unos días la pinté. 
Pintar para seguir con vida.

miércoles, enero 23, 2019

Café con palabras

Se llamaba Ana, y atendía el turno de las 2 hasta las 10 de la noche. Tenía ojos cafés.
Se llamaba Juan, y todos los días a las cinco le compraba, a Ana, un café, largo, con leche de soya y dos toques de canela.
Su amor hubiera sido eterno de no ser porque una tarde Juan descubrió que, en el vaso del café de quién se sentaba en la mesa a su lado, Ana había escrito las mismas palabras que él creía eran solo suyas.

sábado, enero 12, 2019

Pálpito

Rosalía tiene 63 años, un matrimonio, 4 hijos, una separación y 4 nietos. También tiene un amante. O lo tendrá, porque el lunes, a las 2:47 pm recibió un mensaje de un desconocido en su Facebook.

Dicen que Facebook es algo que ya solo usan las mamás y las abuelas, y ella que ya es las dos cosas lo usa el doble.

En la pantalla de su tableta aquella campanita dice hola.

Se llama Jorge, y le comenta que vió su foto y quiso conversar con ella. Le pregunta además de dónde es y a qué cosa se dedica.

Rosalía se pasa el día en angustia. A las 7 y 23 minutos de esa noche, su hija mayor, nada más cruzar la puerta, ve a su madre sentada, intranquila, en una silla.

+ Mija, dice Rosalía. Es que tengo algo que preguntarle.
- ¿Qué pasó mamá?
+ Ay, mija, es que me habló un hombre que yo no conozco.
- ¿Cómo así mamá?


Rosalía explica, y la hija, entre risas, le propone que investiguen si acaso aquel hombre será real.

Es médico de 69 años, según su perfil es separado y tiene un hijo, ya grande, que vive en Europa. El perfil parece real, no muestra ninguno de los indicadores típicos de ser una cuenta falsa o un príncipe nigueriano que quiere compartir su fortuna.

- Salúdelo tranquila, mamá, pero eso sí, por ahora no le vaya a decir que vive en Medellín. Máximo dígale que vive en Colombia.

Rosalía, a la lista de sus 63 años, un matrimonio, una separación, 4 hijos, 4 nietos, un amante, le ha agregado una mezcla entre angustia y emoción.

Jorge vive en Costa Rica, y le conversa un rato por las noches, cuando no tiene turno. Se saludan por la mañana, y se despiden para dormir. Es cardiólogo, y eso ella lo hubiera imaginado porque por su culpa le anda dando brincos el corazón.
Ya van 4 meses, y la hija de Rosalía le dice que mucho cuidado con ir a mandarle fotos sin ropa o cosas así. Las dos se ríen, sobretodo la hija al ver cómo se escandaliza la mamá.
Las amigas de Rosalía se burlan de ella. Dicen que se consiguió un médico extranjero y que desde eso parece una quinceañera. Con decir que ni de la ciática se ha vuelto a quejar. También le dicen que se cuide, que seguramente se ha de tratar de un hombre que la quiere estafar, o peor aún, de uno de esos truanes que no tiene sino el mismo interés que todos los hombres tienen. A Rosalía, por primera vez, se le metió una tristeza dentro.

Todo hubiera estado bien si esa misma noche Jorge no le hubiera preguntado si acaso no quisiera salir de viaje a Costa Rica.

Allí se terminó todo.

Porque Rosalía tuvo un pálpito. Pensó que aquel hombre se estaba tomando atribuciones que no eran las debidas. Primero pedía eso, quien sabe que pediría después.

Rosalía tiene casi 64 años, un matrimonio, 4 hijos, una separación, 4 nietos y un corazón que le cojea, un poco, del lado izquierdo. Los hijos dicen que debería ir al médico, pero ella no quiere porque siente, en lo profundo, que un cardiólogo le rompió el corazón.

miércoles, enero 09, 2019

Alma



No es la técnica, es el alma.

Si, sé bien que la técnica permite la expresión, que la potencia, que la dispara.

Si, bien sé la angustia de no poder expresar por no contar con las herramientas adecuadas, el placer de un buen material y la frustración de uno malo (te hablo especialmente a ti, maldito óleo pastel blanco y a ti, acrílico detestable que arruinaste la paleta que hasta ese momento era impecable)

Pero no es la técnica, es el alma.

Conozco fotógrafos que saben cada secreto de su cámara y que sólo obtienen fotos frías, que nada dicen, que nada suman.


Conozco músicos, virtuosos de escalas y de digitación perfecta, que sólo aburren, que no conmueven, que no te tocan. 

Escritores que saben 1000 adjetivos pero sus historias carecen del cariño de lo propio, del mimo de lo deseado. 

Y también artistas, expertos en 1000 pliegues o 10.000 trazos (que para esto que digo viene a ser lo mismo) que sólo saben repetir al otro, al que algo dijo al que algo más que repeticiones mecánicas tiene para poner.

Sus voces son sólo ecos en los que nada real brilla.

Prefiero el alma, la voz propia, la pasión del decir. Porque la técnica, bendita ella, siempre ha de venir luego del espíritu.

No es la técnica, te digo. Es el alma.
Así que, si vas a hacer arte, más te vale que tu alma tenga algo que decir.

lunes, enero 07, 2019

domingo, enero 06, 2019

Propósito de año nuevo



Sufro de lo que parece ser una timidez artística. Es extraña y selectiva.

La mayoría de lo que hago en plastilina lo muestro por estos lados, sin vergüenza o pena alguna. Una suerte de exhibicionismo descarado. Allí no hay ninguna timidez.

Con el origami, en cambio, soy más selectivo. Muestro algunas cosas, aquellas que me tomo el tiempo de plegar en limpio en algún buen papel. El resto duerme en cajas regadas por la casa, esperando algún día ver la luz. Si, sé que es difícil de creer, pero aún pliego. De hecho, un libro completo está ya diagramado esperando sólo algún día pliegue y tome las fotos que los modelos merecen.

Con lo que escribo depende el día y la necesidad. Algunas cosas las muestro, otras las dejo en el olvido. Antes guardaba cosas para concursos que nunca ganaba o editoriales que nunca quisieron publicarme. Nunca he sabido si escribo mal o solo soy aburrido o tal vez repetitivo. Ya es poco lo que escribo, y menos lo que muestro.

Cuando cuento cuentos.... Bueno, ya nunca cuento cuentos, salvo como regalo a los que amo y me aman de vuelta.

Con lo que pinto, en cambio, muy pocas cosas muestro, y pocas veces considero son cosas buenas. No sé, es una paradoja que aún no entiendo en mi. Solo algunos pocos, excesivamente cercanos, conocen lo que hago. Arrumados uno sobre otro descansan decenas de cuadros que he pintado. Me digo a mi mismo que son estudios, bocetos para cuando algún día sepa pintar de verdad, y así me perdono (a veces) por dejarlos abandonados. Sufro de una timidez que no entiendo, que no me entiendo.

Esta semana estuve organizando algunas cosas. Cambio de año, supongo, y deseos vanos de una casa un poco ordenada para variar. Encontré en el olvido tantas obras, tantas cosas que a veces hablan de arte que decidí llenar las paredes de la casa, los muebles, las repisas. 


De repente vi... Belleza. Tan solo eso, belleza.

Este año trataré de mostrar un poco más de lo que hago. Primero en mis paredes, luego en las demás. No sé si sean cosas buenas o no, pero es por ahora mi propósito de año nuevo. 


¿Valdrá la pena?

jueves, enero 03, 2019

Buho (I)




A mi padre le gustan los búhos, lo sé desde que soy un niño.

Colecciona pequeños objetos con su forma, algunos de piedra, otros de cerámica, algunos tejidos, algunos de papel. El material nunca le ha importado mucho, sólo el búho que allí vive.

Con los años le he regalado algunos que me han parecido tienen su nombre en él. Que se le va a hacer, hay regalos así, que tienen nombre propio.

Y, aunque creo que regalar arte (o artesanía) siempre es difícil, pues debes adivinar el gusto de quien recibe y no solo seguir el gusto propio, en algunos casos como el de
la catrina de hace unos días o en el de este búho, es un gusto conocido y la suerte suele acompañar el regalo.


Me gusta, lo confieso, hacer yo mismo los regalos que entrego. Es dejar parte de uno en ellos.
Este es solo uno de una serie de 6 que ahora adornar su pared.
Pintado con Oleopastel sobre cartulina negra. En unos días iré mostrando los demás.