lunes, julio 27, 2020

Conejo




Conejo
Plegado con Aguapapel.


He plegado un conejo. En realidad, lo plegué hace un par de años, pero apenas ahora lo muestro por estos lados.

Me pasa mucho. Pliego modelos que luego no enseño a nadie. Se quedan olvidados, porque ni a cajón de sastre llegan. Pero por estos meses de encierros y cuarentenas, algunos de aquellos modelos están siendo, poco a poco, rescatados. Este conejo es uno de ellos. Me gusta su belleza, así, simple, un poco geométrico, pero al mismo tiempo lleno de volumen. 

Los diagramas saldrían en un texto de una convención que, como casi todas, debió moverse. Algún día, después de su salida, los compartiré también por estos lados.




jueves, julio 09, 2020

Diagramas del Toro


Un par de años atrás escribí esta entrada con un poema que, confieso, resultó mejor de lo que recordaba. Luego, unos días después, puse aquí los diagramas. Ahora, que los tiempos que corren son mediados por otras redes y otros intereses, pongo de nuevo los diagramas foto a foto por si alguno quiere plegarlo.






lunes, junio 15, 2020

Luces de Estío




Luces de Estío.
Acrílico y papel sobre más papel (o técnica mixta que le llaman)
(Agua papel, fabricado por Fabian Correa)


Un rostro más. Palabras para un rostro de sol.

martes, junio 02, 2020

Gran Kudu




Gran Kudu
Plegado con Aguapapel


Hace unos días dije que mostraría algunos modelos de origami que representaran, de una u otra forma, retos de complejidad.

Este es el segundo de aquellos modelos que deseo enseñar. Se trata de un Kudu, un animal de la familia de los antílopes que habita en las praderas de suráfrica. Su representación en origami suele ser sumamente elaborada debido a que se conjugan en este modelo un asunto asociado al largo del cuello y otro asociado a la presencia de los cuernos.

Esta es mi versión, manteniendo ambos factores pero sin tener que complicar infinitamente el resto del modelo.

domingo, mayo 24, 2020

Zarigüeya

Hace un par de días Noelia Ávila, una conocida origamista argentina, me invitó a participar en un Live de instagram en el que invita a origamistas de todo el mundo a que cuenten sobre sus pliegues y sus creaciones.

Desde unos días atrás pensaba qué modelo enseñar. No es tarea fácil eso de decidir que enseñar, especialmente cuando será una clase abierta con distintos niveles de participantes y sin mucha posibilidad de interacción.

La noche anterior, sobre el muro que sirve de quicio a una ventana, pasó una pequeña zarigüeya. Viene a veces de paseo, y se trepa en un árbol a un lado de la casa.

Pero justo esa noche, entre reja y ventana, se detuvo unos minutos y nos miró.

Aquí estoy, decía, como dijo en un viejo mito mejicano que cuenta que gracias a ella es que conseguimos los hombres el fuego. 

Viéndola allí recordé aquel mito que explicaba su cola sin pelo, y su extraño caminar. La recordé valiente, subiendo hasta donde vive el sol para robar una braza ardiente.

No pude resistirme a plegarla.

Salió de mis manos casi directamente, pequeña y bonita, en una versión que le hacía justicia a la imagen que me regalaba aquel animalito y pensé, sin duda, que ese era el modelo que debía enseñar.

En aquel encuentro presenté una versión simplificada del modelo y conté la historia. Confieso que en aquella clase virtual se notaba que era un modelo nuevo y que aún no vivía del todo en mi memoria, pero no importó. Fue feliz poder plegarlo. Prometí los diagramas del modelo a aquellos que siguieron la clase y, diligente, me puse a hacerlos.

Los comparto aquí para todos aquellos que deseen hacer sus propias interpretaciones. Esta versión es un poco más compleja que aquella que enseñé, con los correspondientes cambios de color para la cola además de la cabeza. 

Espero la disfruten. A los asistentes, mil gracias por permitirme plegar a su lado. 















viernes, mayo 15, 2020

Alce





Alce  
Plegado con Agua Papel

Hace algunos meses, para un evento, envié una propuesta de exposición y charla basado en el tema que ha dominado mi plegado durante los últimos años: la búsqueda de lo simple. 

He dicho ya por aquí, muchas veces, que siempre me ha parecido un tema apasionante. ¡Es tan complejo llegar a ser simple!

Para ese evento me había puesto en la tarea de buscar algunos modelos de origami que son, de una u otra forma, retos de complejidad. Mi reto, que a veces me complico la vida a propósito, era lograr plegarlos de manera simple;  lograr interpretar aquellos sujetos de enorme complejidad de una manera más sencilla, y quizás si tenía suerte más poética. 

No es sencillo, insisto. 

Dentro de los modelos elegidos este en particular me resultaba deseable. El alce, célebre por su famosa cornamenta, suele ser un sujeto difícil de interpretar y quienes lo han plegado suelen acudir siempre a versiones de múltiples pasos que para muchos terminan siendo retos difíciles de alcanzar. En resumen, no existe una forma fácil de hacerlo simple. 

Busqué este modelo por varios días hasta que logré encontrarlo justo como lo deseaba.

Durante las próximas semanas mostraré algunos de esos modelos que deseaba llevar a aquella exposición pero que por muchos motivos, no se pudo concretar. Así pasa, a veces, en estos tiempos complejos en los que vivimos.  

Yo, por mi parte, seguiré buscando el único camino que se me ocurre: volver a lo simple.

domingo, mayo 10, 2020

Un agujero en el vestido





Un agujero en el vestido.
Acrílico y papel sobre más papel (o técnica mixta que le llaman)
(Agua papel, fabricado por Fabian Correa)



Tengo 41 años, ya casi 42. A veces se sienten más, a veces se sienten menos. 

Todavía le hago manualidades a mi madre, para regalárselas en el día de la madre.

Y todavía ella, cuando las recibe, dicen que es "lo más lindo que le he hecho".

Supongo que a sus ojos sigo siendo el mismo de hace 41 años, casi 42.

Ella...

Ella sigue siendo mi mamá.





viernes, mayo 08, 2020

Caballo





Caballo

Oleo Pastel sobre cartulina negra


Hace unos meses mostré este mismo caballo, aunque con un tratamiento diferente en torno a fondos y colores. Porte y forma bastante similares pero...  No era igual, no era lo mismo.

Este que enseño hoy resuena mucho más en mi. 

Esa es también parte de la definición del arte, creo yo:

Seguir buscando hasta que encuentras otra forma de decir lo que ya dijiste.

domingo, abril 26, 2020

Cotidianidad XXIII - Cuarentena.

Es domingo. La tarde cae en medio de una cuarentena que no te deja saber si es lunes o jueves, abril o diciembre. De repente suena el teléfono: me ha llamado mi marquetera. Suena gracioso pero en mi caso tengo marquetera de confianza porque uno no puede ir, así como así, dejando los cuadros en manos de cualquiera.

Me ha dicho que desde mañana comienzan a trabajar, "a puerta cerrada don Daniel, pero comenzamos a trabajar". Menciona además, como de paso, que si quiero ella puede venir hasta mi casa a recoger lo que necesite enmarcar.

Le digo que sí, que claro, que sigo en casa en cuarentena, pero que la espero para entregarle un par de cuadros que tengo para enmarcar. Aquí estaré cuando pueda venir.

Dafnis (tiene nombre de historia antigua, aunque según me dijo ella nunca ha leído el libro que lo cuenta), me ha dado las gracias con esperanza. No ha habido trabajo en un montón de semanas, y ese par de cuadros serán por lo menos un comienzo.

"Mañana mismo voy, don Daniel," me dice.



Quizás mis pinturas no sean buenas, quizás a nadie gusten.

Pero a mi marquetera y a mí nos han dado lo mismo: Consuelo en medio del miedo. Tal vez no sea mucho, pero para mi ya es un comienzo.

miércoles, abril 15, 2020

Amanecer de Buenos Días



Amanecer de buenos días.

Acrílico y papel sobre más papel (o técnica mixta que le llaman)
(Agua papel, fabricado por Fabian Correa)



A veces me gusta lo que pinto. 

Quizás pintar no sea la palabra adecuada, lo sé,
     pero es la única que viene a mi ayuda en este instante. 

A veces se me mezcla todo sobre la misma hoja, y se me salen las palabras y los trazos y el papel.

A veces se me sale el alma.


viernes, marzo 20, 2020

Una grulla de papel

Hace unos años, (casi 10, calculo al aire), descubrí esta grulla, pero nunca enseñé a plegarla en público. En aquella época enseñé el modelo a Román Díaz, quien con su típica genialidad tomó el modelo y decidió hacer un par de cambios aquí, otros allá, una decena más allá, y obtuvo como resultado su infinitamente bella y famosa grulla. 

He recordado por estos días aquella historia. Plegar entre dos aquello resultó un asunto feliz, como feliz suele ser el compartir. 


Con el tiempo se nos olvidan cosas como esas, como lo feliz que fue crear con alguien, lo feliz que puede llegar a hacerte diseñar algo en compañía. Se nos olvida lo importante de verdad que resulta el compartir. 

Por estos días el mundo anda en cuarentena. Muchos recuerdan lo que en realidad es importante, enfrentados a un encierro que nos recuerda lo que en realidad vale la pena. Yo, entre todas esas cosas, he recordado esta grulla, y he realizado los diagramas de la misma.

No es ni sombra de la creada por Román, pero siempre tendrá para mí el encanto de los modelos simples, pero sobretodo de los modelos compartidos.

Para todos, una grulla de regalo. Y recuerden que una antigua historia cuenta que todo aquel que pliegue 1000 grullas de papel tendrá una vida larga y plena de salud. No sé si sea cierto, pero puedo asegurar que tendrá 1000 regalos para dar.

Y eso vale la pena. 











jueves, marzo 05, 2020

El río

Llevo mi barca a la orilla
Meto en el agua
    la punta de los dedos
Veo el cause, infinito.

Me tomas de la mano y me guias
por remanso y remolinos
Me enseñas la ola que escucho
   dando vueltas 
     caracol de mi oído.

Me entrego al flujo del agua
  Al ondulado vaivén 
    En los resaltos me aferro
      De los rápidos bebo

Al fin hundo mi barca.
Río y navío son ya lo mismo
Nado en vos 
  que me dejas en la orilla,
 vencedor vencido.

Tu, mujer, eres el río.

miércoles, marzo 04, 2020

Rinoceronte




Rinoceronte
Plegado en Agua Papel


Hace unos días, Tuan Nguyen Tu, uno de mis origamistas favoritos, tuvo la gentileza de plegar uno de mis modelos. Se trata de un rinoceronte que creé hace unos años, el cual está pensado como parte de un capítulo de un libro que quizás, si la fortuna lo desea, vea la luz alguno de estos días.

El modelo original, este que presento aquí, es una búsqueda sobre la simplicidad y la geometría: 

  • ¿Cómo lograr expresar la esencia de un modelo con la mínima cantidad de pliegues
  • ¿Cómo lograr que, además, sean pliegues con una marcada geometría y que por ende sean fáciles de plegar por cualquiera?
La respuesta no es fácil, pero como siempre lo importante suele estar en la pregunta, que detona la búsqueda una y otra vez.

Es uno modelo de una serie que iré mostrando en próximos días, de esta serie hace parte la jirafa que también enseñé hace unas semanas.

La versión realizada por Tuan Nguyen Tu es maravillosa. Plegó el modelo con una interpretación basada en curvas, no en líneas rectas. Es un ejercicio que me parece maravilloso, pues muestra el enorme poder de la interpretación en el proceso de plegado.

martes, febrero 25, 2020

Jirafa



Jirafa.
Plegada con Agua Papel

Me gusta cómo se escribe la palabra «Jirafa»
  • La «f», alta, que mira desde más arriba hacia la copa de los árboles. 
  • La «j», hacia abajo cuando es minúscula, como el cuello de la jirafa cuando va a beber al río. 
  • La «J», otra vez, pero ahora alta porque es mayúscula y mira hacia lo lejos.
¿Sabrá la Jirafa que su palabra la refleja? 

jueves, febrero 20, 2020

Eso somos


Eso somos...

Una gota de sangre fluye
en medio de un cuerpo que es
      la totalidad 

del universo conocido.

Un grano de polvo que se pregunta:
¿existirá algo más allá
de la infinita playa de arena cósmica que conoce?

Tan sólo...

Una ola que a lo lejos,
 cree ser capaz de recorrer 

     un mar entero.
No se pregunta por la playa,
    por la piedra 

       o por el mar,
pero choca contra el acantilado y vuelve a ser tan sólo...
     una gota de agua.

Una célula encerrada en un organismo,
      un electrón dando vueltas entorno a un núcleo,
         un planeta orbitando un sol en medio de la nada.

Todo es vacío más allá de nosotros mismos...

No somos, lo sé,
más que átomos en medio de un universo que nos ignora.

O tal vez no nos ignora,
   sino que,
      simplemente,
ha decidido no prestarnos atención.

Esa es nuestra gran desventura
     o tal vez, nuestra única esperanza.

Eso somos...
      Desventura y esperanza.

lunes, febrero 17, 2020

Lógica de billetera

Dicta la lógica de la billetera
que ya tenemos demasiados psicólogos
    y demasiados sociólogos
       por no hablar de los historiadores 
         (que abundan por montón)

Esa misma lógica,
   que bien intencionada cree
      que sólo importa lo que tiene trabajo de inmediato,
esta segura de que los músicos sobran
    y los que hacen cine
       y los que escriben
          y los que piensan que el arte es
           un camino para que valga la pena 
                vivir la vida.

Cree la misma lógica de billetera
que el empresario sólo necesita
contratar dos horas a la semana.

Se olvida tal vez que la gente sigue triste
Que no nos entendemos, 
      los unos a los otros
Que nos quedamos sin memoria,
     y sin pasado, y sin historia.

Se olvida que la elección 
     de qué hacer en la vida
debería primero preguntar
   al alma de cada uno.

Yo celebro a los que escuchan a los otros
   A los que aman lo que hacen
     A los que impiden que la memoria caiga en el olvido
       A los que bailan, cantan o cuentan cuentos
          A los que estudian lo que el alma les dicta.

Porque la vida, 
  no se olviden,
está para ser vivida
y para eso 
  (aunque suene extraño 
    a la lógica de la billetera)
existe más de una manera.
    

viernes, enero 31, 2020

Cotidianidades (XXII)

Hay una relación entre las palabras y la edad. No es novedad, lo sé, pero permítanme explicarlo.

Un día alguien te dice «señor». En ese momento, de golpe, envejeces 10 años y te encuentra la edad adulta.
Luego, otro día, alguien te dice «don». Allí descubres que las canas que creíste que "caminando rápido no se notaban", si lo hacen. Y que esas cosas que llamabas líneas de expresión, en realidad, deberían llamarse por su nombre, el de verdad, y no ese que te inventas para seguirte creyendo joven.

La cosa grave no termina ahí.

Un día cualquiera, al final final, llega la palabra que lo 
termina todo, aquella que hace que caigan sobre ti los años que aún no habían llegado. Ese día, un cualquiera, alguien que no conoces, un vendedor o el cajero de algún banco te dice, sin pensarlo: «padrecito».

Ese día comienzas a considerar comprar ese atractivo paquete funerario que no sabes bien por qué no habías visto antes y miras hacia el infinito como cuando ves que en el cine pasan los créditos que anuncian el final de la película y solo resta esperar The End.

miércoles, enero 29, 2020

El aire y la lluvia.

«Acaba de morir tu papá», dice mi madre, con aquella voz quebrada a través del teléfono.
«Ya voy» respondo. Nunca he sabido que decir en los momentos importantes. «Ya voy», como si aquella fuera una frase necesaria, como si ayudara en algo.
Camino un par de cuadras en medio de las lágrimas. Me falta el aire, como sé que le faltaba a él. Hay muertes esperadas, algunas incluso deseadas. Las largas agonías que se vuelven despedidas repetidas, en las que ya no hay nada por decir, como una obra de teatro que ha dicho su última línea pero el público no quiere irse y los actores ya no tienen más palabras.
«Acaba de morir», me repito, mientras me pregunto cuantas veces he pensado en eso antes, mientras escucho el sonido de mis pasos sobre el asfalto, mientras siento como todo se vuelve nuboso, como si la niebla estuviera dentro, como si un humo denso me impidiera ver más allá del recuerdo.

Cuando los que se aman se mueren, también se muere uno con ellos.

***

Me cambio de ropa y salgo a tomar un bus. Me pongo una chaqueta negra, siguiendo esa convención que tenemos de vestir por fuera el negro que llevamos dentro.
En bus serán dos horas de viaje, como siempre, porque al tiempo no le importa si hay afán o no. Jamás he manejado auto, y con los años montar el bus se ha convertido en un asunto de responsabilidad ambiental. Un bus lleno contamina menos que uno vacío. Sobre la ciudad siempre se ve una nube oscura que lo envenena todo. Mi padre lo sabía y lo sufría cada día. Le faltaba el aire, un poco más que a todos. Trató de vivir en el campo, pero el aire limpio y tal vez más liviano le causaba dolor en los pulmones. 

Me monto en el bus y pienso que bien podría haberme ido en taxi y llegar un poco más rápido, pero aquello no importa de nada. Por más rápido que vaya no lograré llegar antes de su muerte. 

Al tiempo sigue todo sin importarle.

***

No recuerdo nada del viaje. Miraba al cielo. Las nubes no se pintaban de grises ni avisaban lluvia. Me cuesta entender eso.  Siempre he creído que cuando alguien muere el cielo debía llenarse de lluvia. Sería impráctico y llovería todo el día, porque igual, la gente se muere todo el tiempo, pero también sería bonito. La gente sentiría la ausencia de manera distinta si el cielo se hiciera presente, si llorara lo que no puede llorar uno.

Los llantos compartidos alivian penas, creo, y un cielo en llanto suele ser un espectáculo bonito. En el aire las gotas bailan. Espirales de lluvia que llegan a la tierra.

No llovió durante el viaje, ni tampoco las horas siguientes. El viento no amenazó tormenta ni vendaval. No hubo baile de despedida en las gotas que caían. El clima dormía el sueño de los justos que mi padre también tenía.

***

Mi madre me abrazo. Fue un abrazo de esos largos, que no dejan espacio sin cubrir. Me llevaron a la habitación donde estaba mi padre. Nada había cambiado y sin embargo todo era diferente. Sobre la cama estaba su cuerpo, una sombra de lo que era, con su rostro envuelto en una mortaja. 

En otros tiempos hubieran puesto monedas sobre sus ojos para pagar a Caronte el viaje al reino de los muertos. Hoy no se paga con monedas y supongo el viaje sea otro. Tal vez sean las aves las que, como barqueros, atraviesan las corrientes del cielo, llevando el alma que se va con su último aliento.

Me pregunto qué habrá pasado con él. Sé de familias que lo han guardado, capturado en un vaso puesto sobre su boca. Quizás el alma se queda allí, encerrada, y por eso el vidrio se pone opaco con el tiempo. Cómo nos duele dejar ir lo que fuimos, lo que otros fueron para nosotros.

Supongo el último aliento de mi padre haya salido de la habitación y flotaba por ahí, una partícula más en la infinidad del aire. Tal vez se había metido entre el abrazo que mi madre me daba o, tal vez, ente aquellas decenas de abrazos que entre los presentes había. En el cielo seguía sin llover, pero el viento por primera vez corría. Quizás, él también llegaba tarde, quizás el vuelo de una lechuza lo había despertado, quizás pensaba cómo despedirse, quizás...

***

La muerte pareciera que se escribe así, por capítulos, como espacios de recuerdos en medio de un fluir interrumpido. Es el problema de la memoria, por supuesto, que deja de funcionar de corrido y empieza a dar saltos de un lado al otro. 

Pasaron horas, creo. En ellas, aquellos que viven en medio de la muerte no paran de realizar su oficio. 
La noticia  corre y se repite como el canto de las aves que de un árbol a otro gritan anunciando el paso del hombre. En el teléfono no cantan aves pero también llegan mensajes. 

No recuerdo una sola de aquellas palabras, lo que dijeron o dejaron de decir. 

Quizás, pienso, toda palabra sea vacía frente a la muerte.

*** 

La niebla lo llena todo de blanco, incluso el paso del reloj. 

Quizás, ante a la muerte, sea cuando más claramente se logre comprender la densidad del tiempo. 

***


En medio de la noche (no se cual) alguien cuenta una historia. Un recuerdo que en su memoria resulta feliz y que tiene a mi padre de protagonista.
A aquella historia sigue otra, y a esa la acompaña otra más. 

«Así era él», decimos todos, y aquello se convierte en una letanía que decimos como respuesta a cada nueva historia. «Así era él», decimos, y a veces nos sobreviene la risa. 

Hay quienes no tienen nada que contar y quienes, en cambio, parecen libros abiertos y escritos a dos, a cuatro, a ocho manos. No importa. Aquellas historias nos unen en medio de la oscuridad que deja su partida. 

Toda palabra es vacía. Pero las historias, ¡oh, las historias! esas tienen vida propia. Son rugido, son canto, son grito, son caricia. 

Las palabras quizás se vayan con el viento, pero las historias anidan dentro de quien las cuenta, y con suerte de quien las escucha. 

En medio de aquella noche pienso que tal vez le hubiera gustado estar allí esa noche, escuchando contar historias. 

***

A veces el viento pasa en silencio.

***

Las cenizas de mi padre yacen en la base de un árbol en medio del campo. Es un árbol joven, de nombre complicado: Meriania nobilisuna. Quedan pocos, según me dicen, aunque antes podían encontrarse en los reinos donde habita el frío.  Es un árbol bello y extraño, cada vez más difícil de encontrar. Me sonrío al pensar en lo acertada de la comparación.

Durante los años que aquel árbol viva seguramente será hogar de aves, de hongos, de insectos. Probablemente corran ardillas y ratones de campo. 

Los pulmones, por dentro, parecen pequeños árboles en miniatura. El árbol que será mi padre dará a los otros el aire que le faltó en la vida.

Es bonito eso. Pensar que, con el tiempo,  se volverá aquello que tantas veces le hizo falta. Tal vez al tiempo este asunto si le importe un poco.

El aire se siente frío y el viento canta entre las hojas de aquel árbol.

Se despide.

Al fin comienza a llover.

martes, enero 14, 2020

Correcciones



Por las noches los recuerdos...
No, no es así...
Hay recuerdos, por las noches,
que persiguen madrugadas.


Guardo en medio del pecho...
No, corrijo...
Hay en medio del pecho
un latido que desafina.

Llevo en el borde de los ojos...
No, perdón, que mal lo digo...
Derrama en el borde de los ojos
una lágrima de sal sin arcoíris.

Tengo en medio de las piernas...
No, no es cierto...
Se acomoda entre las piernas
una ausencia de despedida.

Perdonen que me equivoque tanto en lo que digo
y que confunda lo propio con lo ajeno...
Pero es que la vida se me enreda a veces
Y se me olvida
que no son mías estas cosas...
Que si acaso lo fueran
estaría insomne sin remedio,
con sordera de latidos,
de lágrimas sería sequía,
y de ausencias un desahucio...


Así que me pongo en orden
y te devuelvo más bien
esas cosas tuyas que llevaba
que se queden contigo
que yo quiero lo mío:
sueños propios
latidos a mi ritmo
lágrimas de risa
y ganas de bienvenidas.

Lo digo de nuevo:
hoy te he escrito correcciones