miércoles, diciembre 30, 2015

El canto de los gallos

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.



En los pueblos a lo largo del país se escucha cada madrugada el canto de los gallos. Muchos creen que cantan para llamar al sol pidiéndole que vuelva. Pero el sol sale, con o sin canto de reclamo. Incluso, en las ciudades en las que tiempo atrás dejaron de cantar los gallos sigue apareciendo en el horizonte como cada mañana.  Y bien sabido es que a los gallos no les gusta perder el tiempo en tareas sin sentido.

Otros creen que lo que ocurre es que bien conoce el gallo que "al que madruga dios le ayuda". Pero eso no explica porque aún los gallos mas ateos gustan de cantar de madrugada.

Algunos dicen que los gallos extrañan la mañana, pero si así fuera cantarían en la tarde, e incluso en medio de la noche. Y, además su canto habría de ser nostálgico, triste como el canto de quien esta viviendo en medio de la ausencia.

La verdad es que el gallo no canta al sol, ni menos a la mañana. Canta porque está feliz, canta porque en su canción cuenta no el fin de la noche, ni la llegada de la luz. Lo que anuncia son sus promesas de amor. Canta desde lo alto del gallinero, para que todos sepan de sus pasiones.

El gallo es un romántico, que cada madrugada canta los amores que vivió en la noche.

Y las gallinas a quienes despierta, solo sonríen tímidamente. Saben que el gallo no es un buen amante, pero en su canto las plumas se convierten en alas que emprenden vuelo, su cacaraqueo en arrullo de sirenas. Saben que en su canto las convertirá en las gallinas más hermosas del mundo, y solo por eso, se dejan amar una vez más.
 

domingo, diciembre 27, 2015

Mar adentro

Hoy es el turno para enseñar mi primer autómata, y de paso, un ejercicio de talla en madera. 

Siempre he tenido una profunda fascinación por los autómatas, pero nunca había diseñado uno propio. Hoy, al fin, esto ha cambiado. 


video

miércoles, diciembre 23, 2015

Oveja

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.



Sucedió, alguna vez, que en el reino de las ovejas una de ellas padeció de insomnio. Cosa curiosa, sin dudarlo, una oveja con problemas para conciliar el sueño. 


Así que aquella oveja, siguiendo toda la lógica ovejuna decidió ponerse a contar humanos. Los puso a saltar por encima de una cerca como es la tradición. Pero la idea no resultó muy buena. Había que ver a esos pobres humanos tratando de saltar por encima de aquella valla. La mayoría enredaba sus piernas en la carrera, y unos pocos tomaban impulso y salían disparados como resortes solo para terminar magullados al otro lado de la cerca.

Así que aquella oveja, lista como era, pensó que tendría mejores opciones contando tortugas. Su movimiento lento resultaría ventajoso, pues habría de incitar al sueño. Para mayor seguridad decidió quitar la cerca, pues aunque dotadas con casco natural, no se imaginaba a las pobres criaturas dando muestras de aquella agilidad saltadora. Asi que las puso, simplemente, a subir y bajar una colina.

La cosa al principio, iba bien... pero poco a poco la lentitud se fue tornando en desespero. Aquellas tortugas tardaban eternidades en llegar a lo alto de la colina. Honestamente era una tarea de nunca acabar. Pronto, el desespero se convirtió en angustia. Una vez alcanzada la cima, las tortugas resbalaban y caían por la pendiente dando tumbos y volteretas que las dejaban paradas de espaldas y de cabeza. Así que la oveja decidió dejar de contarlas. Quería dormir, si, pero no a costa de ser proclamada como la responsable de la extinción de las tortugas.

Su tercera, a todas luces, no fue la idea más acertada: Optó por contar lobos. Bien sabía que podían cuidarse solos, y que además no tenían problemas saltando cercas. La dificultad vino cuando  una vez abierta la puerta a sueños de lobos no hay quien consiga dormir tranquilamente. Descansar en paz es otra cosa, pero ella no quería el sueño de los justos sino uno normalito de aquellos de 8 horas o 10 cuando más. Así que cuando al fin logró sacar a los lobos de su conteo, decidió pensarlo con cabeza fría, y escoger algún sistema que estuviese comprobado.

El método que eligió fue el único que dicen resulta infalible: seguir el ejemplo de los hombres, y ponerse a contar ovejas. La cosa funcionaba, hasta que fueron precisamente sus compañeras de rebaño las que vinieron a confrontarla: "Pero cómo se te ocurre, le decían, ahora nos toca trabajar triple jornada", ya no sólo era ir de pastoreo todo el día y después pasar media noche saltando cercas para que los humanos pudieran dormir. Ahora resultaba que además debían volver a toda velocidad para saltar la cerca propia porque una oveja desconsiderada las quería volver a contar.

Le dijeron que "dejara de ser la oveja negra del grupo y se pusiera a trabajar, que aún más de un hombre faltaba por dormir". Pero la pobre oveja no quería. Su problema era de sueño propio, y no de sueño ajeno. Pero ya estaba claro que el asunto lo debía tomar por cuenta propia, que no podía confiar en otros animales.

Cansada, miro hacia el cielo, y lo descubrió lleno de luces. Comenzó a contar estrellas fugaces, y a pedir como deseo el sueño conciliar. Cuentan algunos que se quedó dormida cuando llegaba a contar el primer millón, y dicen que desde entonces sigue durmiendo. Bien sabido es que a las estrellas es mejor sólo pedir un deseo por vez...

sábado, diciembre 19, 2015

Rodolfo el Reno

Click para descargar
Años atrás realicé este modelo que en su momento fue hermosamente diagramado por Felipe Moreno.

Lo dejo hoy aquí, de nuevo, para que lo plieguen en esta navidad.

Felices fiestas a todos.


miércoles, diciembre 16, 2015

Los colores y el oso

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.


Años atrás todos los animales eran blancos, de formas y tamaños diferentes, pero todos del mismo color.

Fue entonces cuando un dios ligeramente aburrido de tanta monotonía decidió hacer un reparto de pinceladas entre los animales. Pero justo ese día, el oso blanco se quedó dormido así que el pobre nunca consiguió llenarse de color.

Cansado de las burlas y de la vanidad del resto de los animales que gustaban exhibirse como si de pavos reales se trataran, decidió irse al norte, donde podría vivir en paz.  Su alma de oso no estaba para conflictos.  

Desde entonces vive en soledad, esperando cada noche el encuentro de la aurora boreal que cae sobre él pintando su pelaje. Entonces se mira de colores, y vuelve a lanzarse al agua. No vaya a ser que se le suba la vanidad y se le tinture el alma, que bien sabe el que lo que importa es el blanco del espíritu más que el blanco de la piel.

miércoles, diciembre 09, 2015

La casa grande

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.


Si de algo estaba cansado era del tamaño de su casa. Escaso espacio para uno mismo, y menos aún para tener alguna compañía. A veces debía pensar en voz alta, pues no había espacio para cuerpo y pensamiento en el mismo caparazón. Así que decidió cambiar de casa, y buscar una más grande. "De una o dos alcobas, si se pudiera con jardín sería mejor aún."

Se fue de viaje mar adentro. Pero cuando se es un pobre cangrejo, o más bien un cangrejo pobre, ni nadar se puede. Así que comenzó su viaje paso a paso, caminando por el fondo del mar. El camino se recorría bastante lento. Andar con la casa a cuestas suele ser un asunto que requiere estado físico, y a aquel cangrejo últimamente le faltaba. A pocos metros de la playa vio que si quería la casa de sus sueños, debía caminar más rápido. La oferta de propiedades submarinas no es tan amplia como podría pensarse, y a ese ritmo nunca encontraría algo medianamente decente. Así que se quitó el caparazón y comenzó a caminar desnudo. 

A su paso algunos animales se burlaban mientras otros se escandalizaban y decían que se les subían los colores a las aletas. Pero aquel cangrejo tenía claro su camino. Y, allí, a medio océano, descubrió que sus patas en el lecho marino alguna ventaja tenían. Su caminar firme y decidido, resultó que al mar causaba risa. Patas a un lado, patas al otro, el mar se llenaba de carcajadas con su paso. Y cada carcajada era una ola, y cada ola era un paso mas. A su marcha, la risa marina iba tomando ritmo de canción, y era un ritmo contagioso, que hacía mover tentáculos y aletas.

A pocas semanas el mar entero era algo distinto. Los peces sonreían más, cantaban más. A pocos metros de un coral descubrió una casa nueva, con un aviso de "se renta" en plena entrada. La arrendataria, una cangreja grande y sexi, de patas bien torneadas, ojos oscuros y un poco loca de carácter le dijo que aquella casa era demasiado grande para ella. Que era una herencia, pero que nunca se había sentido del todo a gusto. Que, "o le sobraba espacio o le faltaba tamaño." Con los años se había cansado de tanta soledad pero sólo ahora, que en cada gota del mar se sentía una canción se había decidido: que se iba de baile aunque bailar no supiera.

Así fue como el pobre cangrejo consiguió una casa nueva.

Pero al cabo de unos días descubrió que la cangreja tenía razón. La casa era demasiado grande, tanto como para que a él o le sobrara espacio o le faltara tal vez tamaño. Descubrió que en su primera casa, la falta de habitaciones la hubiera aguantado. Lo que no soportaba era la falta de contacto. La piel se le secaba por dentro. No importa que viviera a orillas del mar, o que incluso en él se sumergiera. Poco a poco descubrió que necesitaba beber otra piel para refrescar el alma. 

Entonces juntó sus patas de cangrejo y por vez primera rezó. Seguramente el dios de los cangrejos andaba por ahí cerca porque entonces sonó la puerta de su caparazón. Y allí estaba aquella cangreja. Decía que lo de bailar no había resultado una buena idea. Que a las pocas horas de haberse ido el mar dejó de sonar, como si no hubiese ya motivos para seguir riendo. Que ahora se encontraba sola y sin casa, y que si acaso alguna bondad tendría el de recibirla. El cangrejo se sonrió.

Para dos aquel caparazón no resultó tan grande, había espacio para que bailaran allí adentro. Ella se acomodaba abajo y el sobre ella sonreía. A veces sacaban las patas, el de un lado y ella de otro, primero caminaban a la izquierda, y luego a la derecha. Allí era cuando de nuevo el mar rompía en carcajadas.

Desde entonces aquel cangrejo vive feliz, adentro de aquella casa grande en la que bebe de la piel de una cangreja dulce que con su baile hace reír al mar.

miércoles, diciembre 02, 2015

Dragón de mar

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.


Creen quienes viven a la orilla de aquella playa, y en eso no se equivocan, que los caballitos de mar son en realidad sutiles pieles que envuelven en su interior infinitas cantidades de agua dulce.


No es, eso es seguro, un agua cualquiera. Cuentan que el primer caballo de mar en realidad era una yegua proveniente de la tierra. No bastaban para ella las praderas ni las llanuras, en tierra el sol siempre la quemaba, secando sus ideas y sus sueños de galope.

Decían los ancianos sabios que aquella yegua había contraído la enfermedad de la sed. No bastaba el agua de quebradas o ríos, su sed era siempre eterna. Así que galopó hasta el mar donde esperaba saciar su sed tranquila.

Era natural que con el paso del tiempo se volviera de agua, y cambiara las praderas terrestres por verdes campos submarinos, sus cascos por aletas, y su soledad de tierra por la compañía fértil del dulce mar.

Lo que no saben los ancianos es que bajo el agua, aquella yegua de mar se enamoró. No resultaba fácil aquel amor, sin duda diferente. Con sus relinchos de caballo amaba un árbol en el borde del acantilado, cuyas raíces en el mar bebían. A veces aquel árbol estiraba sus raíces y trataba de meterse en ella, dulce como era. Otras, era ella quien esperaba que las ramas tocaran el agua y entonces se amarraba a cada hoja como aquellos que desesperadamente aman suelen hacerlo.

Aquel amor tan grande fue que con el paso de los años aquel árbol se fue encogiendo, hasta tal punto que un día aquella yegua marina lo metió dentro de sí, tan profundo que desde entonces yegua de mar y árbol son uno sólo. Desde aquel día se esconden juntos en el mar profundo, uno en otro, a la espera de nuevos tiempos en los que aquel amor de agua dulce de a la luz una nueva raza de dragones de mar.

lunes, noviembre 30, 2015

Diagama: Cobra


En el año 2012 y como excusa para un pequeño cuento creé este modelo. Una cobra, simple, que me resultaba interesante.

Para dicho modelo realicé los diagramas, pero los mismos nunca fueron publicados en ningún lugar. Hace unos días al volver a postear el cuento me puse a revisar algunos viejos archivos donde, maravillosamente, aparecieron aquellos dibujos. Los comparto ahora para darles una segunda vida.

Espero los disfruten.

Descargar aquí

miércoles, noviembre 25, 2015

La Celestina


Desde que comencé a escribir, mis historias han estado siempre llenas de escenas de amor. No importa si se trata de cuentos, de poemas o de penas, el amor ha estado siempre presente recorriendo los diversos espacios de la casa y de la vida. Tengo decenas de historias que ocurren en la cama o en la alcoba, escenas en la cocina en frente del fogón, escenas en la mesa o por lo menos en torno a ella. Incluso creo recordar algún doloroso amor ocurrido en el baño, puerta de por medio, mientras que otro glorioso como el que más pasaba dentro de la ducha.

Tengo, en resumen, palabras y sudores regados por toda la casa, excepción notoria del patio de ropas. Nunca he sabido el motivo de aquella ausencia. A pesar de mis intentos permanece virginal aquel lugar.

La culpa, sospecho, la tiene la lavadora. No se si lo mismo ocurra en cada casa, pero en esta sé de cierto que tengo por encargada mecánica del lavado de la ropa a una completa celestina. Lo notan pronto las prendas que allí se meten, que giro a giro se van abrazando con locura. Nunca falta una manga de camisa enredada en torno a un pantalón, un suéter que se envuelve a alguna falda, un par de medias amarradas salvajemente a cualquier otra prenda de ropa interior.Aquellos abrazos bien sé que no pueden ser accidentales. Mis intentos de separar las prendas dan prueba fiel de aquello. Mientras más tratan mis brazos de soltar aquellos nudos, más se aprietan fibra a fibra.

O tal vez, más que celestina, actúa aquella lavadora como trotaconventos de amores imposibles. Lo saben mis medias que con frecuencia entran como pareja para salir, luego, sólo una. Imagino aquella lavadora diciéndole a la esperanzada pareja que sólo una de las dos podrá escapar después de aquello. Y las medias, discutiendo cuál de las dos debe salvarse, cual terminará como trapo viejo o tal vez títere infantil. Tristes y medias ahora, terminarán su vida solas pensando quizás la una en la otra.

O quizás su historia sea la de alguna de aquellas meretrices de los bajos mundos. Organizadora de húmedos encuentros, de amarres entre dos y tres a un mismo tiempo, entre cinco o seis a cual más deseoso de contacto. Eso podría explicar porque se resisten manchas de sudor en el cuello y en los puños de las camisas, que a fin de cuentas no ha de ser sudor mío sino de las propias prendas que no tienen ni en su lavado un minuto de descanso.

Meretriz, trotaconventos o celestina, dejo confesar admiro profundamente la permanente lucha de aquella lavadora por la igualdad de género. A fin de cuentas parece que ella lo único que le importa es que dichas prendas se amen.

Dije, palabras atrás, que la ausencia de historias en el patio me resultaba un misterio. Que tonto he sido al pensar aquello. Ahora tengo claro que no puedo más que darle gracias a aquella lavadora que de amores ha llenado también aquel vacío espacio de la casa.

miércoles, noviembre 18, 2015

Diagrama Colibrí Enamorado

Bien sabido es por los lectores frecuentes de este blog que poco comparto diagramas pues, en realidad pocos diagramas suelo hacer. Pues bien, para los 10 años de Origami Brasilia me solicitaron una colaboración con un diagrama. El cariño profundo que tengo por los amigos de Brasil que me invitaron a su convención hace años ya, me sentó en la mesa de dibujo donde diagramé este colibrí, un modelo con varios años encima pero que muy pocas personas conocen. De hecho, nunca he tomado una foto del mismo en limpio así que el mundo primero verá las versiones de los demás que la mía propia.


Los diagramas los hago públicos ahora y pueden descargarlos aquí. Espero los disfruten.


Diagramas disponibles aquí

martes, noviembre 17, 2015

Colibrí

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.



Canta el colibrí cuando ve la flor enamorada,
y al acercársele la arrulla para cuidar su sueño. 

Murmura palabras que suben por su tallo, 
y hermosamente la flor se deja ir. 

Y mientras duerme, piensa aquella ave... 

"Duerme desnuda mi amada, 
y sus poros se abren uno a uno para saciar mi sed. 
De sus flores dulce nectar tornasol 
que gota a gota tiñe de color mis plumas. 
Dormida a veces habla. 
Cuenta sus desvarios con cada pétalo de su cuerpo. 
Su cáliz, como boca, espera el beso que la toma" 

Despierta después la flor, y amarra al colibrí a su aroma. 
Por siempre en ella ha de beber.

miércoles, noviembre 11, 2015

Caballitos de mar

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.



Decía mi abuelo que antes existían tiempos más simples. Eran tiempos en los que cada cual hacía lo que a bien quería hacer. Había quien subía al cielo cada noche y pegaba en el estrellas; trabajo de nunca acabar sobra decir pues justo al culminar la jornada alguno más llegaba pintando el cielo entero de color azul. Otros se dedicaban a colorear las hojas de los árboles, según la estación que otros más quisieran en los prados dibujar.

En esos tiempos, según cuenta, el mar era una mujer inmensa y dulce. Bastaba estar a su lado para que el vaivén bajo su cintura vientos de huracanes atrajera. Llamados por la tormenta, los marinos se perdían a si mismos. Era lógico;  tanta agua tenía aquel mar que ahogaba los pesares, dejando sólo recuerdos de humedad.

Aquella mujer solo una vez se había enamorado. Fue, según cuenta, de un hombre pequeño y dulce que siete días tardaba en recorrerla y 78 noches empleaba en amarla. Ningún empleo tenía aquel hombre, más que el de sacarle cada noche brillo al rostro de la luna. A pesar de su pobreza, de él se enamoró aquella mujer cuando para conquistarla le regaló siete caballos libres a quienes apenas enseñaba a galopar

Entonces dios se cansó de tanto desorden, y se tomó unos días para separar los cielos de la tierra, la luz de la oscuridad y todo aquello que los domingos en misa suelen contar. Lo que no cuentan es que aquel hombre se quedó atrapado en la luna sin poder de nuevo bajar.

Hasta su regreso ella ha cambiado lo dulce por lo amargo y aquel movimiento se ha convertido ahora en un simple mecer que en las olas se reconoce. Y sin embargo, aún a veces se sonríe, cuando en medio de la luna llena el galope de los caballos recorren sus piernas acariciándola de abajo a arriba, revolcándole con su paso los recuerdos del amar.

miércoles, noviembre 04, 2015

El elefante

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 


las palabras de este blog.



¡Has tu truco! le decían. Y Lentamente subía a lo alto de una esfera que parecía iba a estallar con su peso.

¡Otro más!, gritaban, y bajaba de la esfera y levantaba sus patas mientras el público estallaba en gritos de admiración.

¡Has otro!, y entonces levantaba una pata más, quedando en un equilibrio que poco tenía que ver con su tamaño. 

Decían que era un gran acróbata, un talento innato como saltimbanco. Algunos lo confundían con un contorsionista. Pero en realidad, bien sabía que no era más que un simple payaso, obligado a hacer reír a quienes el circo visitaban. Su mejor truco, su único truco real, era evitar que cada noche lo vieran llorar. Descubrió qué era en realidad cuando una noche la esfera que cargaba su peso reventó y el cayó tonelada a tonelada sobre un piso que no quiso amortiguar el golpe mientras carcajada a carcajada el público reía. Un payaso. Nada más.

A veces, se consolaba pensando que su vida no era tan mala. Un viejo orangután le decía que el sabia de zoológicos y que eso si era una vida triste, todo el día recorriendo la misma jaula. Le decía que los elefantes en esas jaulas simplemente se balanceaban, añorando vidas que no tuvieron. 

Había recorrido el mundo, o algo así. No era mucho el mundo que se recorre cuando desde un contenedor sólo puede verse hacia afuera, estirando un poco la trompa. A su madre le habían tocado otros tiempos, en los que ella misma vagaba por las calles, con un aviso que colgaba sobre ella. Pero ya las ciudades no daban permiso a los elefantes de caminar por media calle, que siempre complicaban el tráfico y obligaban a pagar horas extras a los encargados de limpiar. Su vida se pasaba del contenedor a la carpa, y de la carpa al contenedor. Pensaba a veces que los suyos eran barrotes de color, pero a fin de cuentas barrotes.

Sobra decir que recordaba. Cada año de su vida, cada momento, cada risa.  A veces hubiera querido olvidar, dejar aquella memoria prodigiosa, y vivir un día a la vez. Pero no podía luchar contra su naturaleza de elefante.

Una noche, en las afueras de una ciudad pobre, de la cual nunca supo su nombre, descubrió que la puerta del contenedor no estaba bien cerrada. Un nuevo ayudante del circo había olvidado poner el candado que evitaba la puerta se moviera. Así escapó. Corrió toda la noche y todo un día, ebrio de libertad, aquel payaso triste que no sabía que esperar. Despertó en un bosque hondo, oscuro, rodeado de una enorme soledad. Aprendió a sacar raíces, a encontrar algo que comer. Nunca supo si lo buscaron o no. A fin de cuentas era un elefante viejo, que probablemente no valdría la pena recuperar. 

Hizo nuevos amigos en los animales del bosque, o al menos eso quiso pensar. Todos ellos se impresionaban por su tamaño, por esa trompa larga y sobretodo por esa fuerza que permitía arrancar un árbol de raíz. 

En las noches se reúnen a su lado, y lo escuchan contar sus historias del circo. Nunca falta un animal que sorprendido le diga: ¡Has tu truco! y entonces hace equilibrio en una sola pata, y sin que nadie se de cuenta comienza de nuevo a llorar. 

lunes, noviembre 02, 2015

Colibrí de pico corto


En Colombia existen más de 150 especies de colibríes, lo que equivale a cerca del 50% de las especies en el mundo. Por estos días pareciera que en mi alma ocurre lo mismo. 

En mis pliegues, el colibrí es normalmente un ave asociada a la esperanza. Ligera, leve, fugaz. Esperanza al fin de cuentas. 


Este modelo en particular es una modificación de las gaviotas que hice hace cerca de una década y que se publicaron en el libro Papel, Piel y Palabra. Como ellas, también tiene la posibilidad de ser construida en dos sentidos, de manera que si se hace con un papel bicolor permita obtener dos versiones, ambas mostrando los colores empleados.

Invitados todos los plegadores a buscarlos a partir de los diagramas del libro que, por cierto, pueden descargar gratuitamente.


miércoles, octubre 28, 2015

La luna y el toro

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.



Sí algo nunca ha de faltar a la luna son enamorados.

Cuando está llena, lobos y coyotes aullan su nombre al cielo. Mariposas nocturnas tratan de alcanzar su tenue luz, como sí la vida dependiera de ello. Incluso enamorados hombres cantan al astro celeste, mientras sueñan que la regalan a mujeres sin duda alguna terrestres.

Pero la luna, serena y dulce luna, a ninguno de aquellos ama. Sueña desde el cielo con aquel toro bravio que pasa días y noches en soledad.

Seguramente la luna a de ser mujer, pues no confiesa su amor al macho toro. Silenciosa, va dejando aquella redondez y poco a poco dibuja sobre ella un sutil llamado que tarda el toro en comprender. Aquella sonrisa de luna no es más que el dibujo que hace la luna con su llamado.

La ama el toro cuando está menguante, y la ama también cuando está creciente. Pero cuando es luna nueva y desaparecida está en el cielo, se enloquece el toro, y brama desesperado. Tanto la anhela, tanto la espera, que de su espalda salen alas y trepa al cielo en su búsqueda.

Y en aquella noche oscura luna y toro se aman en secreto. Nadie los ve, pues sin luz de luna no distinguen nada los ojos indiscretos.

lunes, octubre 26, 2015

ícaro



Mi primer intento en la escultura en otros medios diferentes a los pliegues. 

Ícaro, modelo que muchas veces he plegado, de nuevo pierde su vuelo de papel (esta vez papel maché).

miércoles, octubre 21, 2015

La Piragua

Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.


El padre de mi bisabuelo contaba que cuando era niño los árboles no estaban amarrados a la tierra. Caminaban por las calles tomados de las ramas, usando las raíces como piernas, opacando un poco el cielo en su caminar.
Las personas por esos tiempos no se asustaban. Se quitaban el sombrero para saludar, y el árbol suavemente se inclinaba. Cuando estaban de buen humor llegaban incluso a regalar sus frutos a los niños que bajo ellos transitaban.

Tenían, eso sí, problemas al pasar los ríos. Con la corriente a veces raíces y ramas se enredaban así que preferían, en lo posible, evitar cruzar los cauces que se ponían en su camino. No dejaba aquello de ser nostálgico, pues bien sabido es que los árboles aman beber el agua dulce que acaba de nacer.

Decía que para los árboles caminantes, la primavera era su musa, era su amada. Aún viejo recordaba cuando era niño ver árboles enamorados, que con sus hojas parecían cantar. Eran aquellos los que más disfrutaba ver, pues el amor se les notaba hasta en el tronco y en el olor dulce que dejaban salir cuando la felicidad los hacía florecer. Había entonces árboles artistas cuyo movimiento más que danza parecía poesía, y otros cuyas hojas  parecían cantar de caricias y palabras de amor.

Cuenta mi padre que mi bisabuelo lloraba cuando le contaba aquella historia. Dice que hubo un año en el que la primavera se fue de viaje más tiempo del que nunca antes se había ido. Entonces llegó el frío y los árboles se entumecieron, sus troncos se volvieron duros y sus raíces dejaron de moverse. Decía que sin primavera no queda más que la soledad, y ni árboles ni personas nacimos para estar solos. Las musas no son estaciones ausentes, decía.

El padre de mi bisabuelo, y luego su hijo y el hijo de su hijo fueron toda su vida barqueros. A veces, en las mañanas, tomaban su piragua y dentro de ella ponían árboles que no tenían que beber. Con ellos iban en busca de la primavera que tardaba en regresar.

Y si acaso la encontraban, al día siguiente el pueblo habría de encontrar un camino de flores amarillas, que los árboles habrían dejado cuando regresarán a sus sitios tras una noche con un nuevo caminar.

lunes, octubre 19, 2015

Colibrí

Hoy a muerto un colibrí.
¿Existirá una escena más triste?
Un colibrí tendido en el asfalto.

La lógica dicta 
que todos los días muera alguno, 
pero hasta hoy 
nunca había visto 
aquel ligero fragmento de vuelo 
mortalmente interrumpido.

Dicen que sus alas dibujan 
continuamente 
el infinito

Quizás eso pasó. 
Se cansó de volar eternamente, 
dejándolo roto en mil pedazos

Tal vez fue el corazón, 
que no aguantó 
una eternidad de feliz vuelo.

Puede ser que se le fue el alma
que sabia que aquel suspiro de felicidad 
no podía ser eterno.

El cuerpo de un colibrí 
permanece en el suelo
¿Existe acaso algo más triste?

Colibrí




miércoles, octubre 14, 2015

Eva


Esta entrada se publicó originalmente aquí
acompañando un modelo de origami.  
Se publica de nuevo, ahora sin imágenes y con algunas 
correcciones de estilo, 
para comodidad de quienes sólo buscan 
las palabras de este blog.



Si a la serpiente la hubieran dejado contar su versión, bien distinta sería la historia, pero a ella nadie le preguntó, pues bien sabido es que a los escritores de ficción nunca les ha interesado validar las fuentes.

El paraíso, lo que se dice entretenido, no era. Adán soñaba con montar un circo. Decía que "podía dominar las bestias" pero era claro que aquello no gustaba a nadie. Por un lado a éstas poco o nada les gustaba que tan despectivamente las llamaran, y por el otro es que aquello de dominar no era para nada cierto. Ellas se dejaban, pero sólo cuando querían. Además, la idea del circo a todos resultaba ridícula pues ¿quién iría a verlo?

Pero ese era Adán. Se pasaba de locura a locura, y de locura a tontería. Como si fuera poco, aquella alimentación a base de hortalizas lo mantenía de mal genio. Pero en eso hay que ser honestos, que la idea no había sido suya, sino de Eva que no paraba de leer libros de dietas y de auto ayuda. Y Adán no estaba tan gordo. Si había ganado algunos kilos, es cierto, pero era normal con los años. Además, si a eso vamos, tampoco es cierto que la manzana engorde de más.

Bien sabía la serpiente que era Eva quien llevaba las hojas de parra de la relación, o como dicen modernamente: los pantalones. Y es que era sexy, tanto como para despertar los celos de Adán cada que ella le decía que "tenía que ir a hablar con dios, que no volviera hasta que lo llamara". Es que además Eva llegaba a ser cruel, con una facilidad que impresionaba.

Era provocativa, insistía la serpiente, tanto cómo para poner nervioso a dios cuando le decía que lo esperaba "como la habían traído al mundo", es decir, llena de preguntas.

Pero entre Eva y dios nunca hubo nada. A Eva le gustaban los amantes que se olvidaban de ellos mismos, que amaban sin recato. Y dios siempre vive preocupado de si mismo y del que dirán, si hasta ángeles tiene que le cantan todo el día.

Si le hubieran preguntado a la serpiente ella hubiera contado que por eso Eva prefería su reptil compañía. Que se habían enamorado cuando le había hablado desde lo alto del manzano. Que amaba el ondular sinuoso cuando ella bajaba hasta el piso y luego trepaba por sus piernas, buscando dónde amarrarse cómo las serpientes hacen. Que cuando estaba en el manzano la esperaba y que cuando se veían no paraban de hablar. Es verdad que a la serpiente le parecía que Eva no requería libros de autoayuda y mucho menos libros de dietas, pero la oferta literaria en el paraíso era francamente pobre.

Si alguien hubiera escuchado a la serpiente, ella le habría contado que cuando Adán puso a Eva a escoger, atacado por los celos que de dios tenía, ella no dudo en segundo en irse al manzano a buscar a su serpiente. Y que dios, herido en ese orgullo que tenía a imagen y semejanza de Adán, sintió que la cólera lo invadía.

La pataleta de Adán al encontrarse engañado con la serpiente tampoco ayudó mucho, pues como buen patrón que era dios decidió que no tenía por qué aguantarse las quejas del uno y los desplantes insinuantes de la otra y los echó a los dos aunque con eso se quedó sin quien pagara arriendo por el paraíso.

Pero nada de esto cuenta la serpiente. Pues desde que Eva se fue ya con nadie habla. Sin Eva en el paraíso no hay más que soledad.

lunes, octubre 12, 2015

La soledad

Comenzamos hoy esta nueva etapa en Soledades. La forma elegida para este nuevo camino es mostrando un libro ilustrado que realicé hace unos meses. Está pensado para un público adulto, lo que no es tan común en el mundo de este tipo de libros.

Que lo disfruten. 

 

sábado, octubre 10, 2015

Aviso de prensa

Vamos al punto: Hace 10 años decidí crear este blog el cual con el tiempo se fue convirtiendo en un espacio propio, una suerte de diario público y siempre filtrado en el que no cuento sinó las fantasías de una realidad que sin duda resulta difícil vivir sin el lente que el arte ofrece. Digamos en resumen y retomando un poco una idea de Picasso que ha sido esta mi forma de mentir. Muchas veces lo he abandonado y tengo la certeza de que muchas veces más lo haré.

Desde su inicio este fue un espacio dedicado casi de manera exclusiva al origami, una excusa personal para mostrar pliegues y modelos, para mostrar mis búsquedas con el papel. Con el tiempo también fueron apareciendo en Soledades algunas palabras. No muchas, pero también ellas hicieron presencia.

Sin embargo, nunca he sentido aquí la confianza para mostrar otras facetas de esta misma vida que también soy, otras pasiones, otras realidades. Después de pensarlo durante un par de años he decidido que este lugar también será el repositorio de otras cosas que también me recorren. A veces pinto, a veces escribo, a veces dibujo, a veces no sólo la musa de los pliegues me visita. Todas esas cosas se han mantenido escondidas en unos y ceros dentro de la memoria de un computador. Hoy, después de tanto tiempo, saldrán a la luz. Dicho sea de paso en Flickr, lugar hermano de este pero donde la palabra nunca ha tenido cabida, algo similar comenzará a ocurrir.

No sé si alguien las lea. Quizás ahora los lectores se multipliquen por mil traidos por otros gustos e intereses. Quizás, por el contrario, ahora nadie venga de visita pues se sienta que este blog ha perdido su norte (o tal vez su sur). A fin de cuentas, este blog se llama Soledades así que alguna pista sobre su vida debe dar su nombre.

Para mayor facilidad de todos ahora dispondrá de un pequeño menú que permitirá a cada cual revisar sólo aquello que desee. Así, quienes de ahora en más quieran ver sólo lo que a origami compete podrán filtrar todo con relación a ese tema. Quienes deseen leer podrán hacer lo propio. Y así, con cada cosa que valga la pena mostrar.

Todo lo publicado hasta este preciso momento estará en la categoría "origami", como respeto propio a lo que este blog fue y vivió durante estos 10 años. Aquellas entradas que incluían cuentos serán reposteadas, pero ahora sin los modelos que los acompañan y con un aviso de declaración de publicación anterior. Salvo por eso, de ahora en más, los asuntos estarán separados, ahora viviendo juntos en un mismo sitio. Tan sólo mis juegos con la fotografía seguirán estándo como hasta ahora separados de Soledades, y viviendo como hasta hoy en un blog aparte. No me pregunten por qué, que no lo se.

No puedo prometer que por esto ahora serán más las entradas. Sólo sé que, por lo menos, seguirá respondiendo al Babel de idiomas y soledades que dió origen a su nombre. Pero esa historia, la del nombre que nunca nadie a preguntado, es mejor dejarla para otra ocasión.

Gracias por leer.

sábado, junio 06, 2015

Diátriba del "a veces"

A veces despiertas del lado equivocado de la vida.
No sabes por qué pero todo se ha confabulado para que hasta el más mínimo movimiento duela de más. Puede ser un asunto de balanza cósmica y justo ese día el universo compensa por aquellos días en los que fuiste feliz. O tal vez sea el día de cobro y cualquier mal que hayas hecho en el mundo se te devuelve por cinco, por diez, por quince.


A veces despiertas en camas vacías. En camas de hospital, en camas que no son tuyas. 
Tantas calles recorres que llega ese instante en que no recuerdas aquel colchón que llamabas tuyo, su dureza, su textura. Su olor. A veces es tu cama la que está vacía. Duermen a tu lado y sabes que el vacío es mayor aún. Infinito.


A veces vas y tratas de explicar algo, de enseñar una nueva forma, una nueva manera de ver. La intolerancia humana se te presenta y te pasa factura, te reclama porque las cosas son como son, porque nada debe cambiar. Te pasas las horas enteras de discusión en discusión. Crees que has ganado algunas y perdido otras, aunque en el fondo sabes que todas las has perdido por el simple hecho de discutir. A veces eres tú el que nada nuevo quiere aprender, el que nada puede. Es tu culpa a fin de cuentas.


A veces caminas por la calle y en una banca, 
frente a una biblioteca, 
en un parque, 
encuentras una grulla de papel plegada.


Quizás después llegará la primavera.

lunes, abril 13, 2015

Hay quienes escriben

Hay quienes ponen letras en el papel porque llorar no pueden, porque lo han olvidado por deseo propio o porque alguien los obligó a hacerlo. Cada letra es una lágrima que nadie reconoce. 
Hay quienes ponen sus dedos en el teclado con compulsión, con el apasionamiento que quisieran poner en aquella persona hoy lejana. Cada tecla es una caricia que al nacer ya muere. 
Hay quienes ponen palabras en papel porque solo así exorcizan a los demonios que llevan dentro, esos que se lo devoran a uno por dentro. Cada palabra es un demonio, y cada demonio vuelve, y cada volver es una nueva herida, y cada herida es una cicatriz para la que no hubo caricia ni consuelo alguno. 

Hay quienes escriben.

domingo, febrero 15, 2015

Buey de Agua

A veces me ocurre. 

Algunos temas se me vuelven recurrentes, casi obsesivos. Me persiguen una y otra vez, agazapados, esperando el más mínimo descuido (o también la mínima intención) para simplemente plantarse frente a mí y exigirme los recorra. Si estoy en la calle, es como si toda la ciudad estuviera llena de presencias o de ausencias, según el tipo de recuerdo en recurrencia. Si es en casa, saltan de los cajones y los armarios con tan solo prender la luz. Muchas veces es un asunto placentero, no puedo negarlo. Recorrer los recuerdos, cuando dulces, es vivirlos un poco de nuevo. Por algo la palabra recordar significa precisamente volver a pasar por el corazón. Tampoco puede negarse que otros días es un asunto doloroso. Cuando amargos, los momentos recordados pasan también de nuevo justo dentro del pecho. A veces el recorrido no es un asunto de pasados, sino de futuros. No recorres lo que fue sino lo que podría ser, lo que pudo haber  sido. Cuando hablamos de pliegues, pasa eso exactamente. A veces recorro pliegues que ya fueron, tratando de mejorarlos un poco cada vez, a veces lo que vienen son temas nuevos que trato y trato de plegar, una y otra vez. En las últimas semanas se encuentran escondidos recuerdos de las cosas que no fueron. Me esperan en las hojas de manera evidente, mirando, tratando de decir, recomendando elija un camino u otro, exigiendo decida hacia dónde trazar la siguiente línea.

Cuando eso pasa lo único que puedes hacer es dejar que sea el corazón el que guíe la caricia de las manos, con la esperanza de que esa piel plegada quiera estremecerse con tu tacto. 


domingo, enero 25, 2015

Pegaso


Hay días en los que bastaría una palabra. Hay días en los que hace tanto frío afuera que sólo guardas silencio esperando algo de calor quede para el alma. Hay días en los que no sabes cómo pasarás el día.
Ay días. Así, sin h.