miércoles, octubre 05, 2016

Una historia de libros

Para Gloria, mi librera, obviamente.


Le he enviado un correo a mi librera:

- ¿Tendrán por allí «mujeres de ojos grandes» de Ángeles Mastretta?
- No, me dice ella. Es una pena que hace mucho tiempo no nos llega.
- Si, es verdad, le digo yo, sin saber si la pena es su ausencia o de alguna forma lo fue su presencia.

Y entonces ella, como si de un libro se tratara, escribe:
- Aquí estamos, mujeres de ojos pequeños. Ven.

Y con esa frase simple y dulce, cierra la última palabra de la última página, promesa al aire de una nueva historia por leer.

lunes, septiembre 26, 2016

Mujeres que bailan

Hay mujeres que bailan cuando caminan. Las ves en las calle, caminando, recorridas en todo su cuerpo por una extraña mezcla entre descaro y pudor.

Se presentan así, tan evidentes, que cada parte de su cuerpo habla con sutiles confidencias.

Algunas bailan con su cadera. Paso a paso su cuerpo se mueve de un lado al otro, dibujando en el aire una ligera luna naciente a la que los hombres difícilmente niegan su aullido.

Otras bailan con sus hombros, adelante y atrás, una invitación y un rechazo, una propuesta y un desaire, un venir para luego irremediablemente emprender la marcha.

Hay otras que bailan con las manos. Esas suelen ser más tímidas. Sus dedos se mueven sobre el propio cuerpo, sabiendo de memoria los pasos de baile. Se toman a veces la propia ropa, como si de repente fueran a comenzar a bailar una cumbia. Quizás lo hagan en su cabeza.

Mis favoritas bailan con los senos. A veces es un sutil temblor que acompaña cada paso, a veces un movimiento amplio y descarado. No es un asunto del tamaño. Hay mujeres con senos como montañas y otras con senos que son llanura. Algunas duras como roca, y otras blandos como almohadas. No importa. Todas ellas bailan y con su danza causan un embrujo que obliga a suspirar para no morir de ahogo, de asfixia o de imaginación.

Hay mujeres que cuando las ves caminar antojan de bailar al corazón.

miércoles, septiembre 21, 2016

Gato


Toco la puerta.
Adentro, un gato
tigre de alcoba
león de apartamento.

Me adentro en sus dominios,
agazapado me mira
me acecha
me vigila

Escondido tras las patas
de un sofá
revisa cada paso.
Me contempla.
Espera

A lo lejos suena su rugido
que más parece 
un llamado
 o un cariño

De improviso se lanza sobre mí.
Ataca mis cordones
boas domésticas que estrangulan 
mis zapatos.
Lucha zarpa a zarpa,
colmillo tras colmillo

Me quito el zapato para que juegue tranquilo
y su combate se torna sin tregua.
Mete su cabeza por la boca del zapato
temo lo engulla para siempre

Gato sale,
victorioso.
Se tiende sobre el cuerpo del vencido
y me mira. 

Se levanta y sube sobre mí, 
dispuesto a reclamar
su premio.
Me ronronéa,
camina en círculos
 sobre mi
se refriega
Cree me salvó la vida

Tal vez lo hizo. 

domingo, septiembre 11, 2016

Guitarra


A lo lejos
una guitarra se queja
a lo lejos.

Hay cantos
que son llantos
y llantos
que son canciones

Cada cuerda es un nudo
cada nudo es un amarre
cada uno es el anuncio de un vaivén

uno, dos
uno, dos

Una guitarra llora
a lo lejos.