Esta noche mi niño tiene una pijamada con sus primos. Y yo, padre que no sé si sea bueno o malo, los he mandado a la cama y les he dicho que les leeré un cuento antes de dormir.
En la cama tres pequeños, casi preadolescentes todos ellos. En mis manos un libro viejo, que conservo como uno de los tesoros de mi casa. Cuenta la historia de los dioses griegos, desde Caos hasta Zeus y la batalla de los titanes.
El libro fue un regalo de mi padre. Eran 6 tomos. 3 me los dio a mí. 3 se los dio a Manuela, una de mis hermanas.
Me acomodo a los pies de la cama y comienzo a leer. Las palabras salen de mi boca lentas, con una voz que es pausada y, a veces, profunda. Por momentos se aceleran, cambian de timbre, de registro, de intención.
Leo, y escucho cómo el silencio envuelve todo menos mi interior, menos mi voz. Es un silencio activo, expectante, que quiere saber. Y en mi, aquella voz que leo me suena conocida.
Hoy he tenido de nuevo escasos 6 años y he escuchado, sentado al borde de mi cama, a mi padre que me lee un libro que cuenta la historia de los dioses griegos, desde Caos hasta Zeus. Y me lee él con voz profunda, lenta y pausada. A veces sus palabras se aceleran y cambian de timbre, de registro, de intención.
Todo se vuelve silencio afuera. En mi, por dentro, resuena aquella voz. No recordaba a mi padre leyéndome ese libro. Recuerdo su regalo, pero no recordaba, hasta este instante, que lo hubiera leído para mi.
Aquellos pequeños aplaudieron después de la historia. He prometido pronto leerles más. Los escucho, a esta hora, hablar con sus voces bajas, tratando de evitar que los escuche.
Y yo, mientras, no consigo aguantar las ganas de llorar.
lunes, octubre 14, 2019
jueves, octubre 10, 2019
Retrato
Retrato (Estudio)
Óleo pastel sobre cartulina negra
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No he podido recordar en qué imagen me basé para este cuadro.
Si alguien reconoce el original, se agradece la ayuda
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domingo, octubre 06, 2019
miércoles, septiembre 25, 2019
Retrato
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jueves, septiembre 12, 2019
sábado, septiembre 07, 2019
Un cuento, un canto, un poema.
En la calle caminan mujeres,
cuyos rostros gritan las penas,
y los hombres ya no dicen nada...
Hay historias que no se recuerdan.
cuyos rostros gritan las penas,
y los hombres ya no dicen nada...
Hay historias que no se recuerdan.
Es un cuento, un canto, un poema
que te escribo en la tarde que llega.
que te escribo en la tarde que llega.
Recorro tus montañas, amada,
con callejones que nunca terminan.
En tus pliegues se esconden las yemas
que a mis pasos cansados dan tregua.
con callejones que nunca terminan.
En tus pliegues se esconden las yemas
que a mis pasos cansados dan tregua.
Aquí estás, aquí estás, aquí estás
como un canto que remueve la arena.
Aquí estás, aquí estás, aquí estás
como el aire que recorre la selva.
como un canto que remueve la arena.
Aquí estás, aquí estás, aquí estás
como el aire que recorre la selva.
Son mil madres que nombran sus hijos,
son mil niños que ignoran si hay mañana.
Y no queda nada, ni una voz, ni una vela,
más que un cuento, un canto, un poema
que se apaga en la noche que llega.
son mil niños que ignoran si hay mañana.
Y no queda nada, ni una voz, ni una vela,
más que un cuento, un canto, un poema
que se apaga en la noche que llega.
En tu gesto mil noches en vela.
Tu mirada que besa la hoguera.
Una risa que todo lo aleja.
Y un recuerdo de lluvia refresca.
En tu mano no hay llanto, nada queda,
más que un cuento, un canto, un poema
Tu mirada que besa la hoguera.
Una risa que todo lo aleja.
Y un recuerdo de lluvia refresca.
En tu mano no hay llanto, nada queda,
más que un cuento, un canto, un poema
Aquí estás, aquí estás, aquí estás.
Una ciudad de eternas primaveras
con flores que adornan el borde
de tumbas sin nombre o bandera.
Cielos de gris,
Aires de muerte,
Destellos de plomo,
No hay final a los días de guerra
Una ciudad de eternas primaveras
con flores que adornan el borde
de tumbas sin nombre o bandera.
Cielos de gris,
Aires de muerte,
Destellos de plomo,
No hay final a los días de guerra
Y aquí estás, aquí estás, aquí estás,
en tu alma aún quedan lunas llenas.
en tu alma aún quedan lunas llenas.
No hay silencio.
No hay gritos.
No hay risas.
No hay mujeres que cuiden la vereda,
ni azadones que abran la tierra
No hay gritos.
No hay risas.
No hay mujeres que cuiden la vereda,
ni azadones que abran la tierra
Pero queda un cuento, un canto, un poema
que es de esperanzas, de futuros, de entregas...
Que le habla a la madrugada que aún no llega.
que es de esperanzas, de futuros, de entregas...
Que le habla a la madrugada que aún no llega.
Aquí estás, aquí estás, aquí estás.
Y yo no tengo, amor mío, más que esta queja
corona de flores y laureles que ya no quedan.
Un lamento a una ciudad que espera
que alguien la ame de otra manera.
Y yo no tengo, amor mío, más que esta queja
corona de flores y laureles que ya no quedan.
Un lamento a una ciudad que espera
que alguien la ame de otra manera.
Aquí estás, aquí estás, aquí estás
Y yo te dejo un cuento, un canto, un poema.
Aquí estás, aquí estás, aquí estás
Porque hay quien cuenta,
quien canta,
quien crea.
Y yo te dejo un cuento, un canto, un poema.
Aquí estás, aquí estás, aquí estás
Porque hay quien cuenta,
quien canta,
quien crea.
viernes, septiembre 06, 2019
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