Algunas veces, los domingos en la tarde, me agarra de golpe una tristeza. No se anuncia, no me avisa, no me advierte.
Sólo llega y se acomoda en el vacío que dejaron tristezas que antes en mi vivieron.
En medio del desespero emborrono poemas, arrugo papeles pinto de negro cuadros viejos, como si acaso entre tachones pudiera sacar esto, que se me mete dentro.
Entonces vienes y me llamas a una cama en la que compartes almohada, lecho y cobijo.
Te recuestas en mi pecho. Con voz queda le dices que se vaya, que me deje.
Allí estás tú, desnuda de vestido, y de brillante armadura.
Tristeza y tu pelean mientras yo me duermo. Despierto luego... aliso los papeles, pinto cuadros nuevos, escribo este poema.