jueves, octubre 26, 2006

Déjame tocarte

Esta semana he terminado un diplomado que dictaba sobre servicio al cliente. El tema con el que terminé el diplomado (aunque los asistentes sabrán que hablé de él todo el tiempo) era comunicación. El tema me apasiona por lo complicado, por la forma en que interpretamos, en que cada vez nos volvemos más sordos y más ciegos. A la manera de Saramago: "Ciegos que, viendo, no ven..." Me apasiona la forma que tenemos de decidir sin preguntar, sin averiguar qué pensará el otro de lo que dice, o que dirá, o por qué dice lo que dice. Simplemente nos limitamos a juzgar...
Especialmente me resulta apasionante el estudio sobre aquellos lenguajes no verbales que forman parte de (que son) el mensaje. He hablado, por supuesto, de los planteamientos de Edwart T. Hall en cuanto a la distancia interpersonal. Apasionante discusión. He hablado (y quisiera creer que he comunicado) sobre los planteamientos que resume Flora Davis en la comunicación no verbal, sobre quienes dicen que el tono de la voz que es más importante que lo que dice la palabra. Quisiera, porque me pide el alma a gritos, hablar de aquello que las personas con quienes hablo no quieren preguntar, pero no lo haré, porque existe un tema del que no hablé en el diplomado que dicté...

No hablé del “hambre de piel” que vivimos. No hablé del tacto y de la necesidad desesperada que sentimos por tocar, aunque la cultura se oponga a afirmar que tenemos piel. Así pues, para no quedar pendiente del tacto uso estas soledades para decir. Y comienzo con una frase que no es propia y que me parece tan hermosa como dolorosa (¿Quién dijo que no puede doler la hermosura?). Dice:

“La impersonalidad de la vida en nuestro mundo moderno se ha vuelto tan acusada que hemos producido, en efecto, una nueva raza de Intocables. Nos hemos vuelto extraños unos para con otros, no sólo evitando sino defendiéndonos activamente de todas las formas de contacto físico “innecesario”.” MONTAGU, A., MATSON, F.: El contacto humano.

Me ha generado dolor hablar de aquellos intocables que ahora deambulan por las calles en las noches. De tantos y tantos que no quieren tocar ni que los toquen, y de aquellos que siempre lo queremos pero que nuestra cultura nos lo impide, de aquellos que tememos a la piel que cuando tocan se enciende y arde, a la que refresca.



Y me ha generado placer encontrar o simplemente pensar en el origami como arte del tacto. He dicho desde hace mucho tiempo palabras robadas de Yoshizawa “el papel es otra piel”. Digo también que perderse en la piel de una mujer es la mejor comparación con el acto de acariciar una hoja. Arte de amantes es el plegar, arte de caricias. Me pregunto también si resultará entonces que para ser buen plegador habrá que ser buen amante. Si para ser buen artista habrá que saber de piel. Caballero amó la piel de cientos de hombres para que sus dibujos fueran lo que son. Modigliani amó la piel de cien mujeres y Picasso la de mil, Rodìn amó la piel de sus amantes tanto como para lograr llegar a su beso.

Observamos en los origamistas ese hambre de piel que se evidencia en sus manos al rozarse, o en ese deseo que tienen de tocar, de permitir que las cosas entren por la piel. De hecho, comparto y creo en ese principio fundamental de que las cosas entran por la piel y no solo por los ojos.

Vivimos la pasión de tocar, de acariciar, de sentir. Ojalá pudieramos simplemente reconocerlo y aceptarlo. Ojalá, después de aceptarlo, pudieramos dedicarnos a aquello que nos pide el alma a gritos: tocar.
Un abrazo (y una caricia) a todos los que lean.

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Hola Daniel:

Llevo siguiéndote desde hace meses y me parece que tu creatividad no tiene límites. Enhorabuena por todos los modelos que estas creando a una velocidad endiablada. Parece que hagas fácil lo difícil. Tus creaciones llegan más a través del lirismo de tus palabras y la dosis de melancolía que emanan todos tus modelos.

Te felicito y que sigas por mucho tiempo.

Halle

daniel naranjo dijo...

hola halle

Muchas , muchas gracias por tus comentarios. Saber que alguien a logrado leer en ellos melancolía es una noticia que me alegra. Te contaré, de hecho, un secreto: Uno de los cuadros que acompañó toda mi adolescencia e infancia es la melancolía de durero http://www.epsilones.com/imagenes/artesplasticas/durero-melancolia.jpg ... aún hoy conservo la imagen cerca...

Lo otro que me mencionas, la verdad, no es tan cierto. Bien quisiera yo tener la creatividad que tienen tantos otros para crear, para articular una hoja con otra, para volver acción el pensamiento. Pero sigo tratando, día a día, pliegue a pliegue... El secreto real de la creatividad es que las musas te encuentren siempre trabajando...

Un abrazo, y gracias por venir a visitar mis soledades
daniel

emejota dijo...

Querido Daniel:

Nadie dijo que la hermosura no duele, al contrario, es uno de los misterios de la existencia que más estupores ha despertado: lo bello duele, produce una punzadita por dentro. Cuando vemos algo que nos deslumbra o vemos a un bebé dormido se nos escapa un "ay" en el que, por la costumbre, no reparamos.

La pasión de tocar, sí, y de acariciar y de sentir: sobre todo de sentir. Yo a veces me aferro al teclado del piano como si fuera la tabla de salvamento de un náufrago porque yo respiro mediante el tacto, y del pulsar estas otras teclas que no hacen música pero sí dibujan letras en la pantalla también salen sentires, caricias y ayes. Y todo apasionadamente.

Un fuerte abrazo

daniel naranjo dijo...

Querido mj

Yo, por mi parte, me aferro a una hoja de papel como al cuerpo de aquella mujer que dice Benedetti es "imprescindible tener si sobreviene un apagón o un desamparo."

Creo que tocar es una necesidad urgente, imprescindible. Vos me tocas con tus palabras una vez al día. Fue por tu idea que me he atrevido a abrir estas soledades. Solo espero que las palabras, y los modelos que dejo aquí, hagan que, por lo menos, reconozcamos el deseo de tocar y que nos atrevamos (al menos en parte) a pasar del deseo al hecho, del pensar al realizar.
El abrazo a voz(s)
daniel