miércoles, julio 19, 2006
jueves, julio 13, 2006
Cosmogonías
Pocas preguntas son tan apasionantes como aquellas sobre el origen del hombre. Aún hoy nos preguntamos por quienes somos y de donde venimos, como un vano intento de saber hacia donde vamos. A estas preguntas no han faltado respuestas. Desde aquellas que plantean que mágicamente surgimos por un instante de aburrición divina hasta aquellos que plantean que somos el simple resultado de una mutación (forma elegante que a veces puede ser entendida como error, lo que no deja de ser curioso: Somos el resultado de un error). En últimas, resolver esa pregunta termina siendo un asunto sobre el cuál infaliblemente volvemos a preguntarnos. Entre tantas posibles respuestas me encantan las míticas. Pensar que “fuimos creados” por un dios (a veces bondadoso, a veces terrible) que tomó un poco de arcilla y nos moldeó, pensar que hemos surgido de un grano de maíz, que somos hijos del agua, o de un cielo enamorado de la tierra, o quizás de un árbol gigante del cual somos fruto, que nacimos de la palabra pronunciada, en fin, ese pensar llena mi cabeza de imágenes que poseen una poética impresionante.He usado la palabra poética, por que es en últimas aquella que mejor explica el ejercicio creador: Poesía viene del griego poiesis que significa hacer y creación…
Es curioso también observar como tantas culturas han otorgado su origen a un demiurgo al cual después se le dará profesión: Pasa de ser gobernante y rector de los destinos de sus creaciones a ser titiritero, arquitecto, ingeniero, escultor de la vida humana. (En unos años será genetista o biólogo molecular, pero esa es otra cosa…). En últimas, se vuelve creador aquel que crea. Creador de seres nuevos, de cosas nuevas, artífices de nuevas cosas.
Desde hace algunos días el tema de las creaciones me viene sirviendo de inspiración. El “hacedor de árboles” fue, precisamente, el origen de múltiples modelos que obedecen a un principio rector clave: Un ser crea a otro. En algunos casos esta búsqueda ha dado resultados hermosos, en otros, relativos fracasos. Emplearé un ejemplo de cada uno de ellos, con un par de modelos que me han obligado a hablar:
El primero, es un ejemplo de aquella acción de crear al otro. Realizado con una hoja cuadrada sin cortes, aunque es un modelo que representa y, espero, transmita la sensación de creación no es un modelo que técnicamente me parezca óptimo. Pero como tantas veces lo he dicho: La técnica y la estética no tienen que estar juntas para que algo sea considerado bueno, o hermoso, o bello, o… A pesar de no tener un “buen acabado” o una “definición” en ambos personajes, es clara la existencia de dos seres en un solo modelo, de dos modelos que surgen unidos… Por título le he nombrado cosmogonía, y espero sea la primera de muchas…

El segundo modelo, aunque es totalmente distinto al anterior representa la misma idea. Un ser que crea a otro. En este caso, nace de una hoja rectangular de 1*1,5 unidades, a la cual tampoco se le realizan cortes… pero… Pero en este caso el modelo, aunque pueda parecer hermoso, esta a mis ojos lejos de poseer ese “arte” que permita que supere el ejercicio técnico. El modelo es un “alarde” de técnica por encima de un alarde de emoción o sensación. Aunque provienen de la misma hoja de papel han perdido en el camino la magia de ser un solo modelo. Se han vuelto dos, uno puesto sobre otro… Independiente de eso, es un modelo que creo pueda parecer atractivo, que luce bien, que atrae. Sin embargo, aún no soporta las palabras de mi crítica. Cosa dura esa, pero al tiempo cierta: “No hay crítica más difícil que la de uno mismo”…
sábado, julio 08, 2006
Mi propia voz
lunes, julio 03, 2006
El hacedor de árboles
“Quienes dicen que Zeus, padre de los dioses y los hombres, no tenía mujer o diosa preferida se equivocan. De todas las diosas, amó especialmente a Mnemósine. Dicen, y en eso no se equivocan, que Zeus amó a Mnemosíne durante nueve días con sus nueve noches… De aquellas nueve noches nacieron nueve hijas...Así nacieron las musas. Una por cada arte.”
El mito es hermoso: Las musas surgen de la unión de la inspiración divina y la memoria.
A mi puerta han regresado las musas y su llegada me hace agradecer especialmente a aquellos que pública o privadamente me han dado apoyo en su ausencia. No sé si estas musas vienen solo de paso o si planean quedarse por unos meses (o una vida, que curiosamente surge en 9 meses, bonita relación). Espero, eso si, que se sientan bien recibidas.
El primero de estos modelos brotes de la inspiración es precisamente una semilla, un árbol, un bosque. No es una idea nueva, se representa habitualmente en los “bastones de mando” de diversas culturas suramericanas, se representa en diversos mitos clásicos europeos y se representa en una postmodernidad que es regida por la tiranía de la cabeza, del pensamiento: Solo vale lo pensado, no lo sentido, no el cuerpo, no la inspiración. Solo vale la idea, la información. He plegado un “hacedor de árboles” que bien podría ser un hacedor de ideas. Nace de la cabeza, semilla del pensamiento. Nace de la inspiración divina y de la memoria. Nace con este “hacedor” una idea que puede ser explotada y modificada permitiendo nuevos nacimientos.
Es un modelo que me gusta, no puedo negarlo. Obedece a esa línea estética que busco y a todo aquello que conceptualmente deseo que posea cada una de mis creaciones. El rostro emplea la técnica estudiada por Román Díaz en sus máscaras tipo Eric Joisel, aunque ligeramente simplificadas, el árbol emplea un viejo diseño propio que creo nunca vio la luz pública. Su nombre, especialmente atractivo en inglés, emplea una palabra ya famosa en el origami mundial: Treemaker. Por si alguien duda, dicho programa claramente no fue usado para la creación de este modelo.
Solo me queda esperar que florezca, y recordar un proverbio gitano: “Un árbol no es un bosque, pero es un buen comienzo…”
domingo, junio 25, 2006
Exposición
Todavía no sé la cantidad de asistentes, que superó varias centenas, y tampoco sé (con certeza) cual fue la impresión de los asistentes. Solo sé que la presencia de espectadores es suficiente razón para repetir esta clase de eventos. Algunos de ellos, verdaderas maravillas: Estuvo, como no, aquel que copió todos y cada uno de los textos que acompañaban a los modelos, estuvo también quien se acercaba a centímetros (milímetros) de cada figura. Estuvo ella, que miraba con duda, y quien no se aguantó el deseo de mirar si "eso si es papel". Estuvo también quien no miró, y simplemente siguió de largo, y también quien se detuvo ante cada modelo, esperando aprender como hacerlo... Al final, en una improvisada clase, un par de modelos que permitían duplicar la sonrisa de los presentes
Solo unas fotos para ilustrar algunas de las escenas hermosas que se vieron, y a todos los asistentes las gracias por estar.



Algunos de los modelos expuestos







Algunos de los asistentes.


Algunas de las sonrisas duplicadas

Por último, las manos del artista...
miércoles, junio 21, 2006
INSPIRACIÓN
Hay días que uno odia. Hay semanas que uno odia. Incluso meses y años. Hay veces en que la inspiración se esconde. Uno cree que la ha dejado debajo de la cama, o quizás en la almohada, que la encontrará justo a la vuelta de la esquina (porque ahí la encontró antes), que puede llamarla por teléfono o mandarle señales de humo pidiendo que ella vuelva… Pero la inspiración es mujer, y las mujeres son temperamentales y no llegan solo con llamarlas, y mucho menos están dispuestas a dejar que uno ponga las manos sobre ella como si nada. A la inspiración hay que tentarla… Para evitarse esos problemas uno busca en otros lados. Quizás sea mejor un cambio de sexo, y en vez de buscar a “la” inspiración buscar a “el” duende. El duende suele aparecer especialmente en los bailaores de flamenco, pero también en los músicos, en los actores. Al duende le gusta visitar a los artistas. Entonces uno busca al duende como un desesperado, y como un desesperado descubre que el duende es un personaje fantástico con dotes adivinatorias y estos muy rara vez pueden capturarse.
Hay días, creo que ya lo dije, que uno odia, porque nada sale del alma. Es en esos días en los que lo mejor es recordar a aquellos maestros en el arte de la seducción. Hay muchas formas de seducir a “el” duende o a “la” inspiración. Por un lado, con “técnica”. Por otro lado, con “práctica”. Ambas son herramientas fundamentales en el quehacer artístico, ambas enseñan que, en la vida, las puertas solo suenan cuando uno esta preparado a oírlas (dolorosa verdad que también surge en el arte, proceso eterno de aprendizaje).
La mala noticia es que aunque se tenga técnica y práctica eso no garantiza que la puerta suene. La técnica es muy necesaria, pero en exceso convierte al arte en un ejercicio frío. La práctica es indispensable, pero sin duende se vuelve un acto de repetición. Quizás allí es donde radica la principal dificultad: el duende no se aprende, hay que tenerlo. Otra cuestión es saber seducirlo en uno mismo para que aparezca, o más complicado aún, hacerlo salir cuando se encuentra en otro que no sabe que lo tiene, pero ese es un asunto sobre el que hablaré otro día, uno que no odie…
***
Dejando de lado los odios, las últimas semanas las musas se han ido de vacaciones, y lo peor es que no me han invitado. En esos días me dedico a plegar, juiciosamente, como forma de tentarlas. A veces funciona, y se acercan y preguntan como estoy (así ocurrió con la medusa) pero otras veces no logro tentarlas lo suficiente. La figura que acompaña esta entrada es precisamente uno de esos intentos por tentar la inspiración. Siempre me han parecido hermosas criaturas los faunos, aunque, por supuesto, difíciles de manejar. No significa eso que tenga un fauno escondido en el patio de mi casa (que de hecho patio no tiene), significa que son seres hermosos, pero que prefiero dejar en libertad. El modelo en origami obedece a este deseo (que más que mío es suyo). Su esencia, eso tan necesario de representar en un modelo se ha rehusado a aparecer. Pese a eso, es un modelo interesante en el cual coloco algunos elementos que permiten la caracterización del fauno: Por un lado, una cabeza astada, con pequeños cuernos, piernas de cabra o carnero, cabello desordenado que aparece en los antebrazos y por último, y por supuesto, el sexo (que decentemente se esconde en la fotografía). Aunque el modelo no me satisface aún, se presenta en sociedad, aunque cree (por ser criatura mágica) que nadie hablará de él… Pero de lo que si espera que hablen es de inspiración. De formas de tentarla, de seducirla. De duendes en el origami, en el papel… de musas.Un abrazo a todos
jueves, junio 15, 2006
Medusa
Existen sobre este personaje muchísimos relatos e investigaciones que hablan de su origen y su significado. Hay quienes plantean que el personaje que le dio origen al mito existió en realidad. No pretendo hablar sobre todo aquello que se ha estudiado (tema por demás apasionante). Simplemente daré algunas referencias sobre el modelo que complementen a la figura y expliquen la simbología de la misma, y lo que motiva, en últimas, el nacimiento de este modelo, esencia del clásico.
“Cuenta el mito que Medusa era una mujer mortal. Hermosa, excesivamente hermosa. Poseidón, dios de los mares, enloquece de deseo por ella. No es claro si ella lo desea tanto a el como el a ella, solo es claro que Poseidón satisface sus deseos de piel en el templo de Atenea.”
Ahí empiezan las maravillas de la simbología: Atenea es una de las diosas de la castidad. Pura y virginal… Medusa, en cambio, es voluptuosa y llena de deseo. Son dos caras de una misma moneda.
“Atenea castiga a Medusa volviéndola monstruo. Su cabello se llena de serpientes, sus ojos convierten en piedra a quien se atreve a mirarla. Se dice que Medusa tuvo dos hijos. Uno de ellos es una de las criaturas más hermosas del mundo mitológico.”
Medusa, una de las tres gorgonas, pasa de ser hermosa a ser horrible. Pero aún sus ojos fascinan y su cabello enloquece, su caminar ese vaivén cadencioso de mujer sensual de mulata de princesa es el movimiento de las serpientes.

Es un mito mágico. A la muerte de Medusa a manos de Perseo, Atenea pone su cabeza llena de serpientes en su armadura. Terror para los enemigos, pero al mismo tiempo unificación de las dos caras de la moneda. A un tiempo virtud y a un tiempo perversión.
En mi caso, reconozco que Medusa ha sido un personaje arquetípico. Personifica a la mujer como criatura demoníaca, como mujer que seduce y espanta. Es otra Eva, otra Pandora, otra Dafne, pero lo que más atracción genera es el concepto de belleza que trae. Medusa ejemplifica que no es claro que significa ser hermosa, aunque se conozcan algunas características básicas de la hermosura. Aún cuando se vuelve monstruo se reconoce como un ser que es “bello”.
Plegar a Medusa en una hoja de papel es mucho más complejo que plegar a Dafne, porque medusa no es fácilmente reconocible. Quizás por eso, solo conozco dos representaciones anteriores del modelo realizadas en origami (una y dos). Además, los elementos que la constituyen son complejos para la representación: Cabello se serpientes, la boca (que es sexo femenino) con la lengua afuera (que es sexo masculino). En algunas representaciones se colocan alas en el modelo, en otras cuerpo serpentino. Normalmente se representa con garras de bronce. Esta es mi versión del modelo, solo una recomendación final: No la miren durante demasiado tiempo, porque la mirada de Medusa convertía a quienes la miraban en piedra…