domingo, agosto 13, 2006

La mujer del caracol


(¿Pensará el caracol que camina lento?)


Normalmente escribir las entradas de este blog es una labor sencilla. Algunas entradas tardan más que otras, otras salen de un solo impulso... Pero ésta viene lenta, con las palabras a cuestas como caminar de caracol, ésta se toma su tiempo, sabiendo que, a la larga, ha de llegar a algún destino.

Empieza hablando sobre el tiempo, ese engaño que inventaron antiguos dioses para que las cosas no ocurran todas a un mismo tiempo. Hablando de la mentira y el engaño que el tiempo trae consigo. Bendición y maldición, premura y parcimonia. Tiempo que cura, tiempo que condena... Ante todo, tiempo que se vuelve relativo. En la felicidad el tiempo es corto, y en la tristeza suele ser eterno. En la guerra, cualquier tiempo es mucho, y en la paz siempre ha de ser corto. Es el tiempo un tirano que nos rige y que a veces nos colma de favores. Es el tiempo aquel bien extraño cada vez más difícil de encontrar.

Resulta entonces agradable encontrar un modelo como este. Sin prisas, conciente de su tiempo. De su propio tiempo. Un modelo que sabe que llegará a su destino alguna vez. No es una figura común, y se presta a encantadoras interpretaciones. Un caracol que lleva sobre si a una mujer que es su casa, una casa que es una mujer. (“Si esa mujer es una casa su sexo ha de ser mi cama” ). Una mujer, que es dueña del tiempo y sobre él camina. (“no somos otra cosa más que tiempo”). Una mujer que es de agua, y cuyo único rastro lo deja el caminar de un caracol. Una mujer que es un caracol.

Bonita imagen, y cercana a la realidad. Es la mujer un caracol que carga a cuestas a quienes la habitan. En el caracol de mi oído resuenan siempre palabras de mujer. Algunas dulces que hablan de amores. Otras que me hablan de recuerdos.



***

Este modelo, para ser honesto, ha venido lento. Lleva varios días dando vuelta en mi cabeza tratando de salir, pero solo ayer encontró un camino. El caracol está lógicamente basado directamente en los trabajos de Tomoko Fuse y sus hermosas espirales y, visualmente, en los hermosos caracoles de Manuel Sirgo y Nícolas Terry, aunque la forma de plegarlos es bien distinta. La mujer, por su parte, es una de las típicas mujeres que resultan de mis dedos cuando de acariciar una hoja de papel se trata. No sé si existen otros modelos similares a este. Surge de una sola hoja de papel cuadrada, sin cortes, que convierte mujer en caracol. En este modelo es especialmente atractivo la diferencia entre las dimensiones de los dos protagonistas. El caracol puede ser visto como un abuso, y la mujer como apenas un suspiro. Solo me queda entonces una pregunta: ¿Qué estará pidiendo mi alma en estos momentos que me dice a gritos que coloque a una mujer a lomo de caracol?

sábado, agosto 05, 2006

Dédalo:

Existen en el arte obras maestras que uno sueña con haber inventado. Son de otras personas, pero por diversos motivos uno los siente tan cercanos al alma que uno desearía que fueran propias. Gabriel García Márquez lo hizo en sus “Memoria de mis Putas tristes” que es en últimas una excusa para hacer suya La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata, lo hace Picasso, cuando pinta los cuadros de otros para hacerlos suyos. Trató de hacerlo Gauguin con los Girasoles de van Gogh, aunque afortunadamente en ese caso no tuvo éxito su robo. Lo han hecho también algunos origamistas, algunos con mala intención y otros con cándida inocencia. Yo, hoy, lo hago con toda la intención y admiración hacia una obra maestra que no es propia (aunque uno siente que debería serlo).

Uno de los modelos que más me ha enseñado es el dédalo de Gabriel Álvarez. Un modelo de otros tiempos, que no busca el realismo o el hiper realismo, solo la expresión. La emoción. Así que me decido a buscar lo mismo, y para esto parto de una base que es, estructuralmente, similar a la usada por Gabriel Álvarez: Dos puntas para piernas, dos para alas. La intención, que no estoy seguro de haberla logrado por completo, es respetar aquella emoción que transmite el modelo original, solo que permitiendo decirlo a mi manera. Y eso es lo más difícil. Decir lo que dijo otro, volviéndolo propio, usando palabras que son ajenas. Pero las palabras, traicioneras, se vuelven propias aunque uno no lo quiera, y terminan haciendo que el modelo hable de uno más que de otro. Así, en el proceso de plegado ha surgido un dédalo que recuerda a su padre, pero que es sin duda distinto. Que vuela de otra forma, que añora de otra forma. Un modelo que cambia con el vuelo


No sé si Gabriel Álvarez lea esta entrada, pero sobra decir que este modelo es para él.

"Tengo una terrible necesidad
¿diré la palabra?
de religión...
Entonces salgo por la noche, y pinto las estrellas"
Van Gogh

10000 + 1

Hace algunos meses observaba, desde la barrera, una idea que hablaba sobre el oráculo. No era el de delfos, sino el de google. Un moderno adivino que obsequiaba a los visitantes, llenos de preguntas, respuestas que a veces son oscuras y engañosas, y otras veces son de una claridad que asusta… Provocativamente, esa idea se convirtió en un puerto al que visito todos los días. Hace algunos meses, menos de los que dije antes, observaba como celebraban los 10.000 algúnos de los blogs que son hermanos de este. Uno agradecía, el otro miraba atrás y descubría que había crecido. Hace algunos meses añoraba la mágica llegada a 10.000. Hoy, las soledades han sido plenamente concurridas. Con visitantes que han sido magos, críticos, enamorados, silenciosos, amantes…

Preguntando yo también al oráculo descubro maravillas que me permiten comprender que, en últimas también he construido un lugar ambiguo, oscuro y engañoso, y que a veces tiene una claridad que asusta.

Me he dedicado tambien a imaginar los rostros de los visitantes: Aquel que llegó buscando “mujeres en hilos” y que llegó a las soledades de babel. Pobre. Uno anhelando piel y viene a encontrarse con palabras. Aquel que buscaba sobre las “soledades de Ana” que en últimas no sé quien sea, pero que imagino que se siente sola. Existen también quienes han venido buscando diagramas o modelos nuevos para plegar, esos casi siempre han salido decepcionados… Y también, existen aquellos que se han sentido felices con uno. Porque sí. Porque uno dijo la palabra justa en el momento justo y con el tono justo. Y quienes se han sentido heridos, o defraudados. Otros han venido buscando mitos y se han sorprendido encontrandolos en papel, y otros han tenido la capacidad de leer lo que he escrito con más claridad que la que yo escribi. Esos sobretodo me sorprenden.

Hoy, he llegado a los 10.000 y encuentro que no hay nada que celebrar…

He llegado también a los 10.001 y he descubierto que tengo mucho por agradecer. Especialmente agradecer al 1. Ese uno que ha venido y me ha dado las gracias, ese uno que se volvió compañía de las noches, ese otro uno que es un crítico implacable y detestable que por sobre todas las cosas considero maestro y amigo, ese uno que se casó conmigo y una vez al mes lee estas soledades, ese uno que entendió que busco convertir el origami en un medio para comunicar. Ese uno sin pelos en la lengua que se rodea de sus propios pliegues que con seis patas y un par de alas llenan los rincones. Ese uno que también es colombiano y que no lee todos los días, pero que siempre esta pendiente. O ese otro uno que se queda despierto hasta las 3 de la mañana para preguntarme como estoy y que sin duda pliega mejor que yo aquello que yo mismo creo. Ese uno que supo entenderme mejor que yo mismo. Ese uno que se sorprende, ese uno que regresa ese uno que esta aquí en este momento…

Solo me resta, a todos esos unos decirles algo: 10.001 gracias, a cada uno de ellos…

martes, agosto 01, 2006

La triste alegría

Suele existir un asunto extraño en nuestra cultura. Pensamos en opuestos: Blanco es blanco. Su antónimo es el Negro. Negro es negro. Cada vez con más frecuencia nos olvidamos de pensar en aquellos opuestos que son complementarios, aquellos que no existen solos, que no son salvo cuando están el uno y el otro. Como los del Yin Yang, el masculino y el femenino, como los de estas célebres máscaras: Tragedia y comedia, alegría y tristeza...

Este es un tema que, por muchas razones me es especialmente cercano. Por un lado, estudié teatro mucho tiempo, y por el otro, siento que gran parte de la vida se ha movido así, entre la alegría y la tristeza. No deja de ser hermoso, o mejor, alegre, saber que a miles de kilómetros del mundo alguien siente lo mismo: que su vida pasa entre la alegría y la tristeza. No deja de ser triste saber que en últimas, como humanos, nos pasamos la vida, sin reconocer que lo único que hacemos es mecernos, como un viejo péndulo entre la sonrisa y el sollozo.

Risa y llanto. Dolor y alivio. A fin de cuentas la vida se pasa haciendo eso: regalándonos cual Pandora tristes alegrías e, incluso, alegres tristezas. En parte, una de las lejanías del origami con el arte es la falta de expresión de la emoción en el motivo artístico, tema del que me he cansado ya de hablar en este blog, y que, afortunadamente, empieza a mostrar excepciones con diversos autores de los que, aunque no me canso de hablar, no diré nada en este blog.

Ayer, precisamente, estuve recordando este tema. Regresé al escenario como espectador, cosa que hace algunos años no hacía, a ver contar cuentos. Contar historias. Decir memorias. Encontré tres espectáculos que me llevaron de la risa al llanto, aunque creo que nadie más que yo lo supo. Hablaban de llorar las historias que contaban, pero el público solo entendía reír. En últimas creo que es un problema que causó el hecho de que contar cuentos se volviera moda: El espectador solo busca reír, no pensar. No pido por un arte de la razón, porque harto me gusta el de la emoción: Pido por entender que necesitamos comprender que la risa no es la única emoción. Y, probablemente en términos del papel está pasando algo similar: El público esta pidiendo un arte de la razón (de la técnica y el realismo) y cuando se atreve a presentársele un arte de la emoción no sabe como responder.


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Conozco en origami solo un modelo que representa este tema, una pieza hermosa de Akira Yoshizawa publicada por el grupo Riglos en “El libro de las máscaras de papel plegado”. Existe otro modelo, aunque confieso que nunca lo he plegado de Neal Elías. Sea este entonces un tercer modelo sobre el tema: No pretendo que cause risa… tampoco llanto. Pero si una sonrisa le genera a aquel lector que se atreve a ver, si alguna lágrima o algún recuerdo antiguo viene a su memoria, sabe bien que puede escribir un par de líneas bajo esta…

“Nuestra generación no ha sufrido una gran guerra. Tampoco una gran depresión. Nuestra depresión son nuestras vidas. Nuestra guerra es espiritual.”

martes, julio 25, 2006

Ouroboros:

“Al contrario de lo que se dice, no existen palabras vacías.”
La caverna, José Saramago.

Mucho antes de buscar mi voz en el origami encontré mi propia voz. Mi voz real. Hablo de aquella voz física que sale del estómago o los pulmones y atraviesa las cuerdas vocales. Hace muchos años encontré mi voz al contar cuentos. Palabras propias y ajenas, palabras de otros que se volvían mías en la boca, palabras que navegaban en el alma, en el corazón y a veces en la cabeza. Jugaba con las palabras, eternas jugadoras y creadoras… eternas destructoras. En esa época conocí el poder de las palabras, la facilidad que tienen para construir o para destruir, sus componentes mágicos, aquella capacidad que depende del lugar, del tono, del momento y también de la persona que las pronuncia. Palabras que permiten convocar y devorar.

En esos tiempos (que a veces aún son estos tiempos) contaba para encontrarme y para liberarme, pero sobretodo contaba para crear. Hoy, años más tarde al retomar el tema de las cosmogonías recuerdo aquellos mitos que tienen a la palabra como creadora, aquellos mitos que comienzan diciendo: “Y dijo:..” ... En últimas decir hace. En esos mismos tiempos recuerdo haber encontrado un ser que me ha acompañado en diversos proyectos a lo largo de la vida, el ouroboros. Un símbolo conocido en todos los lugares del mundo, de una serpiente (o a veces un dragón) que se devora a si mismo. Es un símbolo que representa al tiempo la divinidad, la continuidad, el alfa y el omega, lo eterno. Pero también es un símbolo que representa el verbo creador, la palabra. Lógicamente ese fue el símbolo que usé durante años al hablar de la palabra y también al hablar de la vida, porque el principio y el fin de lo que hacemos se confunde, se vuelve uno. Cada final es el comienzo de un nuevo hacer, de una nueva realidad. Cada comienzo es el final de lo pasado.

He creado este modelo hace un par de días. Tomé una hoja de papel y me decidí a amarla, y ella optó por volverse creación y origen, por volverse palabra que crea la vida. Pero esa misma creación, a los ojos de muchos ha sido fin. Algunos han visto una cabeza que convoca un cuerpo, otros un cuerpo que es devorado. Origen y final en un mismo modelo. Es precisamente así como me encuentro de nuevo, en otros tiempos, con el ouroboros.

No deja de extrañarme lo poco representado que es este modelo en el papel: Salvo una representación de Robert Neal y alguno propio que nunca vio la luz, es un modelo inexistente, reto harto hermoso para aquellos que buscan seres no creados y modelos nuevos.

Es claro que no es un modelo que obedezca a los cánones de representación que plantean conservar una relación directa entre el nombre y la figura. Pero es precisamente una nueva lectura de un viejo tema, de un viejo símbolo. Es en últimas lo mismo que hacen las palabras: Decir de nuevo lo que se decía antes, decir de otra forma aquello que antes se decía, juntarse unas con otras buscando nuevas cosas por decir…

miércoles, julio 19, 2006

Gracias

...A Saadya




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