jueves, junio 07, 2018

Cotidianidades (XV)

Me siento en un bus y saco un libro. Leo, una página tras otra. Sonrío. El hombre sentado a mi lado mira de reojo. Sonrío de nuevo. Frente a mis ojos en aquel libro dos seres se aman, y luego cuatro, y luego diez. La felicidad llega a aquella pequeña casa de un viejo pescador que sólo sabeamar.

Llego al punto final del capítulo y cierro el libro. Suspiro. La sonrisa no se borra de mis labios.
El hombre a mi lado me pregunta: ¿de que trata el libro? No sé, le respondo. Que buena respuesta, dice. Le digo que son cuentos, de un hombre que adopta un hijo, de una mujer cuya única posesión es un nombre hermoso, de todo, pero también de nada.

El también se sonríe. Yo vi que usted se sonreía leyendo, se nota que lo disfrutaba. Si, le digo, no hay nada mejor que un libro que te regala una sonrisa.

El conductor del bus dice: próxima parada, San Antonio, y yo me río porque hace con su voz como si fuera la grabación del metro. En un semáforo, un hombre juega malabares. En otro tres personas hacen acrobacia y al otro lado de la calle alguien toca el saxofón y otro golpea un redoblante.

Hay días en los que la ciudad es una fiesta. Y también el alma.

miércoles, mayo 30, 2018

Política del miedo

Lo siento, pero no.
Estoy cansado del ritmo que marcan tus palabras de guerra
que confunden paz con venganza, indignación con odio,
patria con egoísmo.

No celebrarás conmigo
un homenaje a la mentira,
al engaño
y a la muerte.

Conozco de sobra el golpeteo del veneno
que se destila de tus actos
maquillado como primaveras
en las que sólo florecen
los huesos de la muerte

Lo siento, pero no.
No entiendo más de aquella locura de extremos
en las que el otro es el enemigo,
en la que pensar distinto es ser odiado,
en la que pensar se ha convertido en un pecado.

Porque en mi vida,
mucha o poca,
pobre o rica,
no mandará el miedo.
Que mi vida está hecha
de esperas y esperanzas.

viernes, mayo 25, 2018

Azul sobre azul



Despertar un día
convertido en ballena.

Un azul sobre otro más oscuro
mecido por la marea
de una luna nueva.

Vos, mujer, sos el mar.

miércoles, mayo 16, 2018

Una mujer llorando

Hoy he visto una mujer llorando. Dicen mis amigos que todas las mujeres lloran, que es algo natural en ellas y que hay que acostumbrarse. Yo no lo sé de cierto. Lo que sí sé, es que yo lloro con ellas. No debería parecerme extraño verla así, enjuagando con el borde de sus manos la comisura de sus ojos, tratando de limpiar aquella lágrima que ya rodaba por el borde de su cara, pero algo en ella había, en esa mirada que no es triste y sin embargo llora, en esa mirada dulce que convocaba el agua.

Aquella mujer lloraba mientras sus manos, pasaban una a una las páginas de un libro.

Temí preguntarle por su tristeza, que soy de naturaleza tímida y dado a las fantasías.

» Disculpe señorita, ¿Por qué llora?
» Por un hombre
» ¿La ha tratado mal acaso?
» No a mi, sino a mi amiga, la de la página 44. Pero es como si el dolor me lo causara a mi.
» La entiendo. Siempre hay quienes maltratan a otros que son como uno aunque no son uno.
» ¿Usted cree?
» No sólo creer, señorita, que yo lo sé de cierto.

Pero nada de aquello dije, y nada de aquello dijo ella. Soy tímido, ya lo dije.

En cambio me quedé allí, sentado, viendo como sus manos se deslizaban suavemente acariciando las páginas de un libro.

Ella no me vio. Nunca alzó la mirada. Me consuelo pensando que tal vez algún día lea estas breves frases y descubra que yo lloro viendo a una mujer que llora viendo las páginas de un libro.

lunes, mayo 14, 2018

Toro





Como un toro
te miro
desde el otro lado de la cerca.

Caminas con tu vestido rojo
ignorante de mi presencia.
Espero.

En silencio te quitas el vestido
y agitas tu falda
como si fuera una invitación al ruedo.

De mi voz un ruego
de mi cuerpo un resoplido
  bramido profundo e incompleto.

En segundos rompo
las vallas que separan
carne de deseos.
Con los cascos te recorro
blanca tierra
y con la cabeza baja
de impulsos arremeto.
Ciego del rojo
de tu sangre que bebo
levanto el rostro al cielo
que es de todo testigo.

Allí, en tu mar termino
por vos 

vencido.

miércoles, mayo 09, 2018

sábado, mayo 05, 2018

Solo

Cuando era niño la palabra <sólo> tenía tilde. No siempre, por supuesto, tan sólo algunas veces. Es una tontería, seguramente, pero a mí siempre me gustó eso. Pensaba que aquella rayita, aunque pequeña, hacía que la palabra estuviera acompañada. Suponía que la soledad de la palabra no era tan grande, si a fin de cuentas alguien la acompañaba, aunque fuera así, inclinada y pequeña, aunque se pasara el día encima de la primera "o" e ignorara a la segunda, aunque fuera así, como flotando. Quizás es que estaba enamorada y por eso no ponía los pies sobre la tierra. Quizás por eso aquella palabra podía vivir como ermitaño pues sabía que con aquella línea sobre ella no estaba sola de verdad, que había una excepción, sólo una, pero una excepción bastaba para llenarla de felicidad.

Por eso, hace unos años, cuando en honor a las reglas ortográficas resultó que mandaban quitarle aquella tilde, me puse triste. Pensé si tal vez la palabra querría seguir viviendo o pasaría a caer en una suerte de confusión y ahora aquella soledad sería como todas las demás.

Quizás por eso, como una suerte de rebeldía, aún pongo aquella tilde. No será por mi culpa que en el papel la palabra se quede sola para siempre.