viernes, agosto 17, 2007

Creencia

CREENCIA


Creo en que tras la noche vendrán los días

En que las mañanas son el recuerdo de otros tiempos en que éramos más simples y más puros

Creo en vos, mujer, que despertás a mi lado.

En que para ser uno tenemos que ser dos y en que en el fondo no somos más que soledades.

Creo en que el tiempo simplemente pasa para que las cosas no pasen a un mismo tiempo

En que he de morir algún día, pero que antes quisiera haber vivido.

Creo en que para aprender hay que enseñar

En que para enseñar hay que oír

En que para oír hay que callar.

Creo que el cielo tiene forma de mujer, y en que el paraíso se encuentra oculto en la piel de una

Creo que he mentido, amado y muerto varias veces

que he vivido, odiado y desnudado otras veces más

Creo que Dios debe aburrirse eternidades estando solo

Creo en la piel de una mujer que me espera desnuda

Creo que no existe diferencia entre arte y ciencia

En que existe una escalera de caracol que da vueltas a la luna

En que las estrellas se pasan contemplando como la tierra sale cada noche

En que somos tontos

En que somos sabios

Creo en la maldad del hombre, aunque a veces cometemos actos buenos

Que no hay verdad cierta ni mentira falta

Creo en la poesía

En el arte

En la belleza

Creo en la literatura como liberadora

En la escultura

En la música, la buena música

Creo en que el universo confabula, constantemente, por enseñarnos aquello que merecemos aprender

Creo en los principios, en los finales, en las reuniones

Hay días en los que también creo en mi mismo

Y otros en los que creo en los otros

Si, Creo

Daniel Naranjo

***

Versão em português (Untalgregorio)


Crença



Creio em que trás da noite viram os dias

Em que as manhãs são a lembrança de outros tempos em que fomos mais simples e mais puros

Creio em você, mulher, que acordas ao meu lado.

Em que para ser um, temos que ser dois, e em que no fundo não somos mais que solidões.

Creio em que o tempo simplesmente passa para que as coisas não passem ao mesmo tempo.

Em que hei de morrer um dia, pero que antes quisera ter vivido.

Creio em que para aprender há que ensinar

Em que para ensinar há que ouvir

Em que para ouvir há que calar.

Creio que o céu tem forma de mulher, e que o paraíso se encontra oculto na pele duma.

Creio que hei mentido, amado e morto varias vezes
que hei vivido, odiado e desnudado outras vezes mais.

Creio que Deus deve entediar-se eternidades estando só.

Creio na pele duma mulher que me espera nua.

Creio que não existe diferencia entre arte e ciência.

Em que existe uma escada caracol que dá voltas à lua.

Em que as estrelas passam-se contemplando como a terra sai a cada noite.

Em que somos tolos.

Em que somos sábios.

Creio na maldade do homem, porem às vezes cometamos atos bons.

Que não há verdade certa nem mentira falsa

Creio na poesia.

Na arte

Na beleza.

Creio na literatura como libertadora.

Na escultura.

Na música, a boa música.

Creio em que o universo confabula, constantemente por ensinar-nos aquilo que merecemos aprender.

Creio nos princípios, nos finais, nas reuniões.

Há dias nos que também creio em mim mesmo

e outros nos que creio nos outros.

Sim, Creio.

Daniel Naranjo

miércoles, agosto 01, 2007

La ciudad de la serpiente

La soledad en la que tengo a estas, mis soledades, me tiene un poco asombrado... La verdad se debe, principalmente, a que tanto hago que ya el tiempo no me da para hacer...

Y no me gusta abandonar estas soledades que también las amo.

Por estos días, sin embargo, resulta más fácil escribir que plegar. Hace unas semanas, de hecho, me atrevía a hacer algo que nunca había hecho. Enviar un texto a un concurso... No sé que texto ganó, pero sé que no fué este. Lo pongo en soledades, simplemente, para que aquellos que gustan de leerme sepan que sigo, aún, con la palabra en la punta de los dedos. Lo pongo en soledades, simplemente, para recordarme que sigo aquí, en la punta de los dedos.
***


La ciudad de la serpiente


La ciudad, esa propia, esa llena de desencantos y de engaños, que te mira y se sonríe en verano, que irremediablemente te llama a gritos y pide que vuelvas, esa que te pide que te vayas para quererla de nuevo, esa de mujeres hermosas que caminan en la calle, esa ciudad es aquella en la que nací y crecí. Pero, debo decirlo, hoy soy extranjero. Soy también un desplazado, llamado por montañas verdes que habitan el oriente… Soy extranjero por días y por noches, porque su embrujo todavía me llama, incansablemente, y me pide que la habite una vez a la semana. Y yo la habito.

Sin querer, sin preguntar ni pedir permisos, esta ciudad de la que hablo se roba los afectos y los tiempos, las miradas. Sin querer, a veces se roba tus odios. El lugar de mi querer se ha ganado también mis dolores desde hace algunos meses. Antes, lo confieso, tenía mis amores. Aquel lugar del que hablo es el punto de enlace que me abre la puerta de aquella que ahora es mi ciudad del corazón. Este lugar extraño (parte animal y parte monstruo), atrae a mares de gente, pensando en su propia vida, en su propio tiempo. Ignorantes de su suerte son devorados y escupidos por aquella serpiente que recorre las calles en minutos, los kilómetros en segundos.

Y uno, a veces, se siente barca en altamar… Cuando el sol toca apenas la montaña, cuesta distinguir el sentido de las olas, y como gota de agua te sientes succionado, escupido, bebido y luego vomitado contra una pared de otras gotas que te esperan puertas adentro mientras anuncian con el cuerpo que no cabes, que no puedes seguir, y el reloj incansable dice que debes entrar y aguantar y respirar y correr y seguir y llegar. La serpiente te devora y te lleva en su estómago, donde otros como vos miran sin mirar y otros escuchan sin escuchar.

En aquella panza el tacto toma una dimensión distinta, negada y siempre presente. Te tocan, te huelen, te manosean, te sudan, te untan sin pedir permiso y sin querer autorización. Y tu, rencoroso y a un mismo tiempo solidario, tu tocas, hueles, manoseas, sudas y untas sin pedir permiso y sin querer autorización. Sientes el calor del otro en tu nuca, y deseas ser otra gota más que se evapore, tiemblas, piensas en caer, y de repente descubres que no hay caída posible, que otra gota más está ocupando el espacio de tu descenso. Entonces de repente la serpiente se detiene, se queja, gime, y otro mar de gente sale por su boca y nuevas gotas son succionadas y llevadas hacia adentro; uno sale, devorado, y cinco más son engullidos porque aquel estómago siempre hace espacio a alguno más.

Esta serpiente tiene nombre, y todos lo conocen. Esta serpiente tiene un rostro, aunque su interior de metal y sudor se cubra en maquillaje para mostrarlo. La serpiente últimamente habla poesía, habla sobre arte, sobre otros que hace años escribieron y contaron de una ciudad y de una gente que no conocía un animal como este. El maquillaje en la mañana a veces habla sobre el artista que sigue siendo niño –niñez interminable dice-, a veces de lo lúgubres que somos. Y uno se pregunta si alguna de las tantas gotas que habita la panza de aquel monstruo se sentirá en niñez interminable en aquel momento, y cuántos sentirán aquel gemir del alma porque en su espalda llevan el propio mundo, y cuántos más no habrán visto siquiera el maquillaje que la panza lleva… Yo lo vi, y fue imposible evitar una sonrisa. Ella, que no se quien sea ella, también lo vio. Y su rostro se ha sonreido.

El lugar de mis odios es también el lugar de mí querer. A veces, en la tarde, la gente esta cansada y de nuevo es devorada, y justo entonces ríe. Ríe de aquella gota que para no caerse se toma del cuello de un extraño que se toma de las entrañas de metal. De aquella misma gota que también ríe de su temblor. En ese mar de gotas, a veces, uno encuentra gotas iguales, que no se hablan, que no alcanzan a tocarse, que no alcanza a mirarse, pero que están ahí y se sonríen, cómplices.
El lugar de mis amores es también el lugar en el cual sé, que cada día, que cada noche, cuando el sol apenas toque la montaña, he de buscar aquella gota que al mirarme sonría una vez más...
Daniel Naranjo

domingo, julio 15, 2007

Otro ángel más

A veces olvidamos ser hombres de tierra o de maíz, y soñamos ser hombres de aire. Levedad y vuelo, pluma y ligereza. Los seres humanos sentimos una atracción especial por la ingravidez, por esa mágica sensación del vuelo. Creamos ángeles que son proyecciones de nosotros mismos intentando volar. Creamos mitos de Ícaros que se cuelgan un par de alas a su espalda y tratan de llegar al sol, de un eros que vuela lanzando amores a un alma que en tierra espera. Soñamos con volar, porque somos, aún, eternos soñadores.



En lo personal, no soy un devoto creyente de la angelología, aunque aún puedo recordar las categorías angelicales. Tampoco logré responder la pregunta teológica de cuántos ángeles caben en una cabeza de alfiler (aunque, verdades sean dichas, nunca traté de responderla). Me he cuestionado algunas veces por el sexo de los ángeles, pero ha sido por motivos plenamente artísticos y cuestionadores de la mitología propia: ¿Por qué, si me duele un dios sin sexo, no habría de dolerme un ángel con alas a cambio de piel?
No soy, como lo decía, de aquellos que ve ángeles en la calle (salvo a los amigos, que otra clase de guardianes son). Pero si soy, como no, un amante de aquellos seres con alas. Años atrás escribí una narración escénica que contaba de cuentos de amor entre ángeles y mujeres. Los ángeles eran ellos, y casi todos andaban por ahí perdiendo la cabeza (y las alas) por terrenales mujeres y celestes vírgenes. Otros años atrás creé un ángel de papel que, torpe figura, apenas lograba abrir las alas. Meses después, creé otro ángel más que casi quedó en el olvido, y un Serafín cuya cara habla de todo, menos de inocencia. Serafín cansado este último...

Lo cierto es, que no es acaso porque quiera crear ángeles sino más bien porque, como todos, anhele ponerle alas a mi espalda.




Este ángel que hoy presento no es otro más que uno que ya mostré meses atrás, pero esta vez envuelto en un cuadrado. Cambian sus alas, nutridas ahora por un exceso de papel, cambian sus manos, que ahora anhelan algo que sostener. ¿Qué sostendrías, acaso, si fueses aquel ángel con alas en tu espalda?

***

Versão em português (Untalgregorio)

Mais um anjo

Às vezes esquecemos de ser homens de terra ou de milho, e sonhamos ser homens de ar.
Leveza e vôo, penas e ligeireza. Os seres humanos sentimos uma especial atração pela ingravidade, por essa mágica sensação de vôo. Tentando voar criamos anjos que não são projeções de nos mesmos. Criamos mitos de Icaros que se penduram um par de assas nas costas e tentam chegar no sol; de um Eros que voa lançando amores a uma alma que na terra espera. Sonhamos em voar, porque somos, ainda, eternos sonhadores.

No pessoal, não sou um crente devoto da anjologia, porem ainda posso lembrar as categorias angelicais. Também não consegui responder a pergunta teológica de quantos anjos cabem numa cabeça de alfinete (porem, verdades sejam ditas, nunca tentei respondê-la) me questionei algumas vezes pelo sexo dos anjos , mais só por motivos plenamente artísticos e questionadores da própria mitologia: Por que, se me dói um deus sem sexo, não haveria de doer-me um anjo com assas a troca de pele?

Não sou, como tenho dito, um daqueles que vêem anjos nas ruas (tirando os amigos, que outra classe de guardiões são). Porem sou sim, como não ser, amante daqueles seres com assas. Anos atrás escrevi uma narração cênica que falava de contos de amor entre anjos e mulheres. Os anjos eram eles e quase todos andavam por aí perdendo a cabeça (e as assas) por terrenas mulheres e celestes virgens. Outros anos atrás criei um anjo de papel que, torpe figura, conseguia apenas abrir as assas. Meses depois, criei mais um anjo, que quase ficou no esquecimento; e um Serafim cujo rosto fala de todo, menos de inocência. Serafim cansado este último...

O certo é, que não é só porque queira criar anjos senão, mais bem porque, como todos, anseie pôr assas nas minhas costas.

Este anjo que hoje apresento não é senão um que já mostrei meses atrás, mais, desta vez, envolvido num quadrado. Mudam as assas, nutridas agora por um excesso de papel, mudam as mãos, que agora anseiam alguma coisa para segurar. Que segurarias, si fosses por acaso, aquele anjo com assas nas tuas costas?

jueves, julio 05, 2007

Fe mía

Aunque suene increible, me gusta la poesía...
Alguna vez quisiera cometerla con alevosía y premeditación, o mejor que ella me cometiera a mi... Quisiera escribir lo que escriben otros, con la maestría que lo hacen. Para la muestra, uno de aquellos poemas que habla, a un tiempo de aquel placer que nos atañe y de aquella que es nuestra única certeza.

Fe mía, de Pedro Salinas

No me fío de la rosa
de papel,
¡tantas veces que la hice
yo con mis manos!
Ni me fío de la otra
rosa verdadera,
hija del sol y sazón,
la prometida del viento.
De ti, que nunca te hice,
de ti, que nunca te hicieron,
de ti me fío, redondo
seguro azar.
(de Seguro Azar)

domingo, julio 01, 2007

Armadillo

Algunos animales existentes deberían ser considerados seres míticos. El pangolín, por ejemplo, pareciera un animal mitológico. Pasa lo mismo con el dragón de mar, y también con el armadillo. La sola palabra parece mágica:
A r m a d i l l o, como si se armara a si misma. El armadillo también se arma a si mismo. Se vuelve pelota, y rueda para escapar, y luego, de nuevo se arma y se vuelve aquel extraño animal acorazado.

Sabiendo entonces que es un animal tan bello, ¿por qué existen tan pocos en origami? Hace poco hablaba con Eric Madrigal sobre eso. Me señalaba que el modelo, en realidad no parece ser complejo, quizás lo más difícil fuera lograr la adecuada distribución de franjas, pero en los tiempos modernos es un reto fácilmente superable.
En realidad, creo que lo difícil es encontrar el alma del armadillo. No creo, de hecho, que este propio lo haya logrado tampoco, pero al menos resulta un excelente ejercicio para romper, de a poco, con esta falta de creatividad que me ataca por estos días.
De paso sea dicho, y revisando sobre modelos de este tipo, conozco tres modelos más: uno de Joseph Wu, uno de John Montroll y uno más, firmado por Anita F. Barbour. Sin duda estos modelos cumplen con lo básico, pero también ellos parecen carecer de ese algo que vive en las buenas figuras.
Eric ha tratado de “mejorar” uno de esos armadillos, que pueden ver en pajarita. Lo curioso es que Eric realizaba las modificaciones al tiempo que yo trataba de diseñar el mio. Como verán son modelos distintos, y seguramente el de Eric esté más cercano a la realidad, pero… ¿Quién ha dicho que la única intención del origami es reproducir la realidad?

sábado, junio 23, 2007

Del pánico escénico y otros miedos nocturnos.

Hace cerca de 3 semanas no actualizo estas soledades. Los motivos, he de confesarlo, mucho han tenido que ver con el pánico escénico. Esta entrada es la número 100 y es un número para celebrar. ¿Cómo no escribir algo hermoso? ¿Cómo no celebrar con la palabra? Simple… Cierto pánico escénico me ha impedido recibir inspiración. ¿Por qué, entonces, me atrevo a escribir en este momento? Simple. Un pánico ha dado paso a otro.

A mi casa, hace solo unas horas, han entrado los ladrones. Digo los sin saber si era el, digo hombres sin saber si eran mujeres. Digo ladrones, aunque quizás debería llamarlos de alguna otra forma. Pero no, los llamo ladrones pues mucho me han robado. Lo material es lo de menos, lo otro es lo que duele.

Se han llevado un dinero que teníamos ahorrado pero han dejado a cambio los cajones revolcados y la ropa en el suelo, un reloj que fue regalo de una amiga que me olvidó pero que yo aún recordaba como antes cuando me vestía de etiqueta, un teléfono que había resucitado dos días atrás. Decentes los ladrones, han dejado en la entrada y ya empacado para llevarse el computador, el televisor y, en fin, todo aquello que esperaba por transporte… Se han llevado otras cosas materiales, pero no quiero hacer pública la lista, que de paso no hemos terminado aún.
Si, lo sé, no he perdido mucho, pero siento que se han llevado lo importante.

Se han robado tantas formas de confianza que me han dejado triste. Se han cargado, envuelto en un morral, la seguridad que sentía de estar en mi casa y han dejado a cambio el miedo de tener que dormir con la puerta abierta, pues la chapa la han reventado para poder entrar y “en fin de semana” no trabajan cerrajeros. Se han llevado también, porqué negar, la idea romántica de que las cosas malas no les pasan a las personas buenas, pero me han dejado a cambio la duda de si será que soy aún una persona buena. Se han llevado mi confianza en los vecinos, pues no entiendo como no escucharon que una puerta de metal es rota a martillazos, pero los ladrones, condescendientes, me dejan a cambio la duda. Se llevan también un gran pedazo de alegría, porque las cosas se sentían bien. Se llevan la también romántica ilusión de que en realidad se podía cambiar el mundo de a uno por vez. Se llevan tanto que me dejan lleno de dolores. Me dejan una esposa que toma un cigarrillo después de otro, aunque había dejado de fumar hace un par de años, me dejan miedos, porque hay días en que la casa permanece sola debido a la actividad docente que estamos realizando, me dejan la inseguridad. Me dejan unas enormes ganas de llorar. Me dejan un par de gatos con miedo de salir de debajo de la cama. Me dejan una enorme rabia, impotencia quizás…


Es curioso… Para la entrada 100 soñaba un gran modelo que no creé, un ensayo pensado sobre la belleza o sobre la relación entre técnica y arte, un texto hermoso que dijera que la belleza está en la vuelta de la esquina, o que es más fácil pasar de arte a técnica que de técnica a arte, pero a cambio, solo escribo un texto que habla sobre dolores y pérdidas.

En fin, feliz entrada 100, soledades, y que escribas muchas más.

domingo, mayo 27, 2007

"Arrieros somos..."

En Antioquia tenemos un refrán viejo que dice “arrieros somos y en camino nos vemos”… El refrán en realidad es de origen español y cambia el “vemos” por “encontraremos”, pero pocos antioqueños saben eso. Lo que nos importa es lo primero, ser arrieros. Antioquia es un departamento de Colombia lleno de cordilleras. Medellín, su capital, está encerrada por montañas que hacían que quien llegara no deseara salir de nuevo. La gente venía desde lejos, desde otros mares, y traía muebles europeos que luego enseñaba en sociedad… Esos muebles eran traídos por arrieros que, cansados, trabajaban cada día. Sus mulas son las que abrieron el camino del progreso de la región. Esas mismas mulas eran las que cargaban el café (como sabrán quienes han visto el logo de Juan Valdés), las papas y el arroz, esas mulas son las que abrieron los caminos de herrería. Esas mulas, aún hoy en día, siguen recorriendo caminos olvidados por dios, por la violencia y por el progreso. Esas mulas hablan de la tierra que somos, de la que un día fuimos.



Europa también habla de mulas y de arrieros… Brasil también lo hace… México, y parte de Estados Unidos recuerda también recuas de mulas… Chile, Argentina, y, en general, casi toda Suramérica cuenta lo mismo. Cuenta de arrieros. Los humanos somos arrieros, y recorremos la vida cargando a cuestas nuestro destino y nuestro pasado, nuestro futuro aún sin conocerlo. Solo tenemos la certeza de que el camino que recorremos a veces sube y otras baja, a veces se pierde en recodos, y algunas más, se envuelve entre la niebla de la montaña. Pero en ese camino siempre nos encontraremos, una y otra vez, aunque a veces no sepamos reconocernos…

En origami, no recuerdo haber visto nunca un modelo como este. Solo recuerdo el burrito de Juan Gimeno, burro afortunado que no llevaba carga sobre si. Dejo ahora este, esperando que me ayude a abrir nuevos caminos que me permitan encontrar a otros arrieros cargados de pliegues, palabras, aprendizajes y papel…