domingo, abril 13, 2008

Koala

Los retos origamísticos son una cosa normal. Foros franceses y norteamericanos los hacen mes a mes, el foro español está comenzando a hacerlo y los japoneses no sé si lo hagan vía foro, pero es normal ver en las reuniones mensuales un mismo tema en todo lo plegado. En general, parece que nos gustara retarnos a plegar.

Aunque en mi caso no es frecuente participar en concursos o retos de diseño, desde hace unos meses he jugado con Fabián Correa a tratar de hacer un modelo original “de provocación”. Simplemente, colocamos un tema, y una semana más tarde debemos tener cada uno una versión del modelo que queremos. Así surgió el camaleón que estas soledades ya conocieron, y un pelícano que se ha quedado en proceso (que modelo más complicado resulta el pelícano).

Estos retos que comento con Fabián no buscan elegir el mejor modelo, o el más acertado, o el más parecido a la realidad. Buscan simplemente ponernos a plegar, tratando de mejorar, modelo a modelo, nuestras capacidades de diseño. Normalmente, los modelos finales suelen ser modelos “no terminados”, aunque hay algunas contadas excepciones como las que señalé un párrafo atrás.

Hace un par de meses Fabián planteó como reto un Koala. El reto se nos fue volviendo complicado, y semana tras semana fueron pasando sin conseguir el koala deseado (o por lo menos un koala buscado). Primero se tenía una cabeza de koala, pero la pobre carecía de cuerpo. Luego se tenía un cuerpo decente, pero una cabeza que parecía de gato, luego no se tenía nada….

Recién la semana pasada logré terminar un koala que al menos luce reconocible, y respeta un punto que para mí es fundamental: Esencia por encima de realismo.
Ponemos hoy, al tiempo, las dos versiones de koala, una Naranjo y una Correa, esperando que pronto tengan nuevos modelos de reto que les hagan compañía.
El Koala en versión de Fabián Correa puede verse dando click aquí

domingo, abril 06, 2008

Abrazos

La interpretación del mundo y de la realidad en que vivimos no es un asunto simple. Para interpretar usamos lo que conocemos para explicar lo que desconocemos. Creamos relaciones entre conceptos y nociones para llegar a nuevos conceptos y nociones. Experimentamos. Jugamos con ideas que se deslizan de neurona a neurona, jugando a aparecer, jugando a ser.

El primer punto de contacto que tenemos con el mundo son los sentidos. Abrimos como ventanas los ojos al mundo para tratar de devorarlo con una sola mirada, abrimos los oídos para oírlo todo y el gusto para todo saborearlo. Olemos para distinguir entre que está bien y que está mal. Abrimos incluso nuestra piel al contacto de las cosas para tratar de entenderlas.


Usamos nuestros sentidos permanentemente, pues también a ellos debemos nuestra percepción del mundo. Y, pese a que los usemos todos, resulta común que prioricemos unos sobre otros. Incluso, sin saberlo, volvemos esa priorización de un sentido una parte fundamental de nuestro lenguaje. Hay quienes preguntan si “se ve claro el asunto”, o quienes dicen que “no lo sienten claro”, o “que no les huele bien el asunto…” Hay quienes, para ver, tocan. Hay quienes todo tienen que probarlo para poder entenderlo. La modernidad prioriza ojos y oídos, ver y escuchar. El amor prioriza quizás el sentir. Y la música prioriza el oído. Priorizamos una y otra vez, aunque no queramos hacerlo.

Pero priorizar a veces implica ignorar. Damos valor a unos y descartamos otros… ¿por qué lo hacemos? ¿A qué se debe la priorización o negación de un sentido en particular? En parte es un asunto cultural, pero también es un asunto netamente propio. Conozco muchos que rehúsan el tacto aunque no logren entender por qué lo hagan. Y con frecuencia he descubierto que aquellos que más lo niegan suelen ser quienes más lo necesitan, porque el tacto es uno de los primeros sentidos (sino el primero) que nos permite tener una experiencia del mundo. No en vano el órgano más grande del cuerpo es la piel. El abrazo es quizás uno de los reflejos de animalidad que aún conservamos: nos abrazamos aún sin saber porqué nos abrazamos, tocamos con una necesidad imperiosa por ser tocados, por tener contacto, por sentir.

Priorizo sin querer la escucha y el tacto, la piel y el oído. Me pregunto por el abrazo, por qué dice y cómo lo dice. Me enamoro de aquellos que cuando abren los brazos para abrazar lo que en realidad abren es el alma. De esos que están llenos de puertas que abren para dar abrazos. Me pregunto por qué tantos animales abrazan y si sus abrazos tendrán los mismos significados que los nuestros. Me pregunto también por qué hay quienes sólo pueden abrazarse a sí mismos.



Me pregunto si se abrazará la tierra a la lluvia cuando cae, la luna a la noche. Si se abrazan los amantes a la noche que termina, y los vivos a la vida. Si la parca nos abrazará cuando nos lleva y nosotros le devolvemos el abrazo. Por qué abrazamos ideas, abrazamos amores. ¿Se abrazarán los árboles cuando no los vemos, o acaso sus raíces bajo tierra crecen tanto buscando otro árbol a quien llegar? Descubro que como desesperados abrimos los brazos pidiendo contacto, sin reconocer que lo que abrimos en realidad es el alma a quien a ella llega. Pedimos abrazos aunque les tememos. Abrazamos, aunque no sepamos por qué abrazamos.

martes, marzo 18, 2008

Los modelos que no fueron

Cada cierto tiempo uno cambia de vida. El universo confabula para obsequiarte con unos gestos altamente simbólicos que son síntesis perfecta de todo aquello por lo que uno lleva años trabajando y entonces, muchas veces y casi sin saberlo, la vida cambia. A veces esos gestos vienen dados de formas previsibles, y otras son sorpresas completas. Te gradúas, y cierras años de estudio. Te vas de casa, y cambia tu vida. Te haces padre, te hacen un homenaje, publicas un libro.

Hace algunos meses recibí distintos regalos, algunos pequeños, otros más grandes. No fue por cumpleaños, ni por navidades. Fueron regalos (¿o debería decir gestos?) recibidos por trabajo. Me enteré por pura casualidad que unos diagramas que entregué a una asociación origamística hace más de dos años serían publicados: El cuarto número de la revista que publica “Origami.art.pl” incluiría un daspletosaurio que es diseño propio. También resultó que la revista francesa “Le plie” publicó un jabalí propio, que resultó tan interesante para uno de los integrantes del grupo que destinó días y días a sacar una secuencia del plegado basándose en el cp. Y, el toque final a la alegría, un regalo hermoso dado por la AEP, que me invitó al evento de León 2008. Esos gestos me permitieron creer que la vida (origamística) había cambiado.

No conté, en esos momentos, de mis alegrías, pero en parte a eso es que debí el “renacimiento” creativo de los primeros meses de este año y de los últimos del año pasado. No conté, en esos momentos, pero incluso lloré al recibir la invitación de la AEP. No conté, en esos momentos, pero creo que todos lo supieron.

Es hermoso este universo que confabula para obsequiarte con unos gestos que son resumen de aquello por lo que uno lleva años trabajando. Hermoso sí, pero también curioso. Durante dos años (poco más o poco menos) trabajé en silencio por conseguir dicha invitación, que nunca llegó. Pero cuando dejé de buscarla los organizadores de León me dieron ese enorme regalo. Universo de magia este en que vivimos, que siempre te da aquello que necesitas y no aquello que deseas, que siempre te da aquello que deseas pero no siempre de la forma en que lo esperarías. Con el paso del tiempo unas alegrías a veces se vuelven tristezas, otras se transforman en dolores, y otras siguen siendo alegría a pesar de los pesares. No podré viajar al evento de León. No porque no quiera (que el alma lo desea), no porque no tenga los recursos económicos para hacerlo (que aunque no es fácil igual los he conseguido). No podré viajar porque me han negado la visa.

Yo me pregunto si las visas sean cosas normales en el quehacer del universo. Trozos de papel que te autorizan entrar a un país, aunque tantos entran sin permiso. Trozos de papel que te dan el derecho de gastar dinero en países extraños, de conocer, de vivir una experiencia de país ajeno al tuyo. Son cosas curiosas las visas, pues responden a tantas variables que pareciera que se otorgan por capricho.

No me pregunten si el hecho de que me hayan negado la visa me generó llanto o no, que sobra una respuesta que todos saben. No me pregunten si me ha causado dolor, que creo que ese puede leerse también en las palabras. Solo escribo. Me he quedado con dos mesas reservadas para exponer en España: una con modelos propios (las fotos de esta entrada son algunos de ellos) y otra con modelos de origamistas colombianos de Bogotá, Bucaramanga, Leticia, Medellín y no recuerdo que ciudades más. Me he quedado con papeles por enseñar, y por algunos modelos nuevos que algún día alegrarán estas soledades. Me he quedado, también, sin ponerle rostro a algunos amigos españoles que solo por palabras conozco. Me he quedado con las ganas de ver de nuevo a Saadya, y recibir de él aquellas preguntas que tanto tiempo me ponen a pensar. Me he quedado con ganas de ver los modelos propios plegados por Felipe Moreno. Me he quedado sin conocer a Román. Me he quedado sin perderme en los museos españoles. Me he quedado con unas palabras de agradecimiento que no pudieron agradecer. Me he quedado en mi país. En resumen, me he quedado.

En este momento me pregunto si no será que al universo le dio por ponerse literal y cumplir exactamente aquello que desee: ser invitado a España (que es distinto a estar en la convención española).

Me pregunto también qué será aquello que quiere enseñarme en este momento el universo, qué será aquello que sabe que necesito aprender. Solo me queda pensar aquello que desde hace unos años vengo pensando: las cosas siempre ocurren para bien, aunque no logres reconocerlas cuando ocurren, aunque no logres saber los motivos, aunque no logres entenderlas.

Un saludo a todos, y sirva esta carta como agradecimiento a tantas personas que hicieron de mi invitación un hecho posible. No lo olvidaré.

viernes, febrero 15, 2008

Camaleón

“Aquel día, su reflejo despertó del otro lado del espejo…”


Con frecuencia me miro al espejo.


El acto de mirarse en el espejo es recurrente y necesario. El espejo apoya la construcción que de la imagen propia realizamos. El espejo nos devuelve, invariablemente, una imagen que nos permite construir el quién queremos ser a partir del quién creemos que somos. Resulta necesario (algunos dirán imprescindible) mirarse en el espejo. Pero el espejo no tiene por qué ser tierno. Nadie ha dicho al espejo que nos mire con ternura, nadie le ha enseñado a amarnos


El espejo es trampolín del actor que en cada uno de nosotros escondemos. La puesta en escena cotidiana es un fenómeno curioso por medio del cual nos preparamos para las diversas actuaciones que en el mundo realizamos. No somos siempre iguales, pues estos nuevos tiempos nos lo exigen. Cada vez con más frecuencia estamos dejando en libertad a aquel camaleón que ocultamos bajo las entretelas de la piel. El camaleón del alma sale día a día, noche a noche, y recorre los espacios que habitamos.




¿Será entonces que, en realidad, lo único que somos es un remanente de mimetismo? ¿Tendremos ya la piel preparada para camuflarse según las circunstancias?


Con frecuencia me miro al espejo, aunque he de confesar que rara vez me miro al espejo físico, pues la imagen que este refleja me resulta familiar y conocida, inmutable en medio de su eterna variabilidad. Veo el reflejo que aquel espejo que los otros llevan en sí me enseña. Ese reflejo en los ojos y el rostro de los otros es capaz de mostrar siempre una imagen diferente. Que terrible y dulce consecuencia, que el reflejo que vemos en otros no corresponda a la imagen que esperamos recibir.





La paradoja es que, quizás, allí se encuentre el secreto del observador. El otro puede decirnos más de nosotros mismos que aquello que un simple espejo nos refleja. El otro construye también la imagen que deseamos. Para él la construimos, por él la maquillamos. Y a veces, solo a veces, el otro si ha aprendido sobre la ternura.
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Versão em português (Untalgregorio)
Camaleão

"Aquele dia, seu reflexo acordou do outro lado do espelho..."


Freqüentemente me olho no espelho.

O ato de se olhar no espelho é recorrente e necessário. O espelho apóia a construção que fazemos da própria imagem. O espelho devolve-nos, invariavelmente, uma imagem que permite-nos construir o quem queremos ser partindo do que cremos que somos. È necessário (alguns dirão imprescindível) olhar-se no espelho. Mas o espelho não tem por que ser tenro. Ninguém disse ao espelho que nos olhe com ternura, ninguém lhe ensinou a amá-nos.

O espelho é trampolim do ator que em cada um de nos escondemos.
A posta em cena cotidiana é um fenômeno curioso por médio do qual preparamo-nos para as diversas atuações que no mundo realizamos. Não somos sempre iguais, pois estes novos tempos exigem-nos. Cada vez com mais freqüência deixamos em liberdade o camaleão que ocultamos embaixo das "entretelas" da pele. O camaleão da alma sai dia a dia, noite a noite, e percorre os espaços que habitamos.

Será então que, na realidade, o único que somos é um remanente de mimetismo? teremos já a pele preparada para se camuflar segundo as circunstancias?

Com freqüência me olho no espelho, porem confesso que rara vez me olho no espelho físico, pois a imagem que ele reflete resulta-me familiar e conhecida, imutável no meio de sua eterna variabilidade. Vejo o reflexo que aquele espelho que os outros levam em si me ensina. Esse reflexo nos olhos e no rosto dos outros é capaz de mostrar sempre uma imagem diferente. Que terrível e doce conseqüência, que o reflexo que vemos nos outros não corresponda à imagem que esperamos receber.

O paradoxo é que, tal vez. lá se encontre o segredo do observador. O outro pode dizer-nos mais de nos mesmos que aquilo que um simples espelho reflete-nos.O outro constrói também a imagem que desejamos. Para ele a construímos, por ele a maquiamos. E, às vezes, só às vezes, o outro sim aprendeu acerca da ternura.

sábado, febrero 09, 2008

Dragón y Jinete

Hace unas semanas Jorge Jaramillo me preguntaba qué modelo me gustaría ver en origami que no hubiera visto antes. La pregunta me resultó curiosa, y mi respuesta fue apenas valedera pues preferí hablar de modelos de los que sé que ya existen versiones, pero que considero aún pueden ser explorados.


Entre esos modelos pensé en un dragón con jinete. ¿Otro dragón más? Sí, uno más, pero que en su lomo llevase a un jinete. No es una idea nueva, ni mucho menos una idea "original". Existen decenas de películas y libros en los cuales jovenes guerreros, aprendices de magos o temerarios aventureros recorren el mundo llevados en la espalda de un dragón.


Resulta entonces un poco curioso que el tema en origami no sea altamente recurrente. Esto puede deberse a dos cuestiones: Por un lado, existe una exigencia técnica considerable para diseñar modelos compuestos, y por otro lado, existen problemas expresivos en modelos de este tipo. Esta última cuestión salta a la vista en la mayoría de modelos compuestos en los que uno debe ser jinete del otro, pues resulta complejo manejar la proporción entre uno y otro, y la expresión de por lo menos uno de ellos. Normalmente, los jinetes solo se insinúan, no se pliegan por completo pues, recurrentemente, surgen del centro de la hoja, llevando en su interior decenas de capas de papel. Son interpretados como jinetes más por la buena voluntad del ojo del espectador (y algo de gestalt) que por ser una clara representación. En los casos más afortunados (perdonen por poner un ejemplo propio) se consigue una buena expresión en ambos modelos, pero una desproporción considerable entre uno y otro.


En ese sentido, plegar un ser “a lomo” de una criatura mitológica tiene una ventaja, pues la desproporción no es un asunto que sea tan notorio dado que el ojo no tiene un referente real sobre los tamaños relativos de ambos sujetos. El tema ya ha sido explorado, aunque aún faltaría ver diseños diferentes. Los ejemplos más notorios son los de Miyajima (con quizás el más famoso caballero sobre dragón en origami) y Anibal Voyer (con diversas versiones 1 y 2 ).





Presento esta ahora como un ejercicio más en la exploración de modelos complejos. Probablemente no sea la mejor versión del tema, pero considero es una interesante exploración tanto en los modelos complejos como en el diseño de jinetes.

miércoles, febrero 06, 2008

Piedras

En esta entrada se cruzan dos sucesos completamente aislados pero que vistos por los mismos ojos me han puesto a escribir. He comenzado hoy un nuevo curso de habilidades comunicativas, y he leído, además, un hermoso correo enviado a una de las tantas listas de origami en la que estoy inscrito, pero en la que por diversos motivos mi participación se ha limitado a leer. Ambos hechos me obligan, esta noche, a pensar en la palabra.

La palabra es una cosa poderosa. Construye destruye esconde consuela destroza abraza desnuda. La palabra es origen y destino. La palabra es. Pero a pesar del poder de la palabra, hemos de reconocer que no es algo innato al hombre, pues la palabra es construcción social (y en parte personal) que vamos aprendiendo con el paso del tiempo. Esta distancia tomada de lo natural es un elemento fundamental para comprender por qué a veces la palabra nos confunde tanto.

Otra cosa es la comunicación, esa sí innata al hombre. Desde que nacemos nos comunicamos, con un conjunto de signos y símbolos llenos de significado e interpretación. A veces para comunicarnos usamos la palabra, pero incluso en esos casos lo que importa a nuestro cerebro es lo no verbal por encima de lo verbal.

Todo comunica, todo dice. También el origami, canal de comunicación del alma del artista. Al eliminar lo no verbal del mensaje nos queda solo la palabra, y esa engaña. Ése es, quizás, uno de los problemas claves en el texto escrito contemporáneo, especialmente en aquel que es pensado en el formato chat o e-mail, en el cual métricas y ritmos, cadencias y emociones son desterrados con frecuencia.

Si aceptamos que todo comunica (bien o mal, pero comunica) no deja de resultar sorprendente que seamos tan malos haciéndolo. Todos hemos oído aquella frase de “sé qué quiero decir, pero no sé cómo decirlo”, o esa otra de “no me salen las palabras”… Muchos hemos visto como otros interpretan el mismo texto que nosotros leímos o incluso escribimos de una forma tan distinta a la que nosotros pensamos. Y por si esto fuera poco, vivimos rodeados por asesinos de la comunicación. Muchos foros de internet son ejemplo perfecto de “cómo asesinar una línea de comunicación naciente”. Excesivos correos fuera de tema, conversaciones monopolizadas por uno o dos interlocutores, censuradores dispuestos siempre a destruir lo que otros señalan, excesos de mensajes sin sentido por el simple hecho de participar, corrillos y chismes que se magnifican por respuestas de otros que nada tienen que ver y que leen sin la suficiente información para juzgar, otros que escriben en lenguajes crípticos que solo ellos mismos entienden, y un sinfín de intentos de asesinato adicionales que no vale la pena nombrar.

Desde otro punto de vista, estos asesinatos conllevan una manifestación que es poéticamente hermosa. Aquellos asesinos de comunicación obligan a que los demás se refugien en el silencio. Y ese silencio es el principal medio para comenzar a comunicar. Sin el silencio no hay forma de dar paso a la real comunicación. El gran dolor es que cada vez que rompemos el silencio surge de las sombras un nuevo asesino que, muchas veces sin intención, genera un nuevo dolor.
Y entonces, de nuevo, volvemos al silencio.

El de hoy es el 7 curso universitario sobre comunicación que tengo el placer de acompañar. De ellos, lo que más me ha gustado es la enorme posibilidad que se me ha dado de mirarme en el espejo, de confrontarme, de darme cuenta de lo mucho que me equivoco al hablar y al escribir, de los muchos errores que he cometido, y de los muchos silencios en los que me he refugiado. Me ha dado la oportunidad de dejar de quejarme porque “nadie escribe” y empezar a preguntarme “por qué nadie escribe”. Pueda ser que, alguna vez, deje de asesinar comunicaciones recién nacidas. Pueda ser que alguna vez los demás asesinos tengan la oportunidad de enfrentarse como yo al espejo, y que tengamos el valor de construir lugares en los cuales las piedras dejen de caer y las usemos para construir


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Versão em português (Untalgregorio)

Pedras

Nesta entrada cruzam-se dois fatos totalmente isolados porem, olhados pelos mesmos olhos me obrigaram a escrever. Comecei hoje um novo curso de habilidades comunicativas, e li um bonito correio enviado a uma das tantas listas de origami nas que estou inscrito, mais, na que por diversos motivos minha participação se limita a ler. Ambos fatos obrigam-me, esta noite, a pensar na palavra.

A palavra é uma coisa poderosa. Constrói destrói esconde consola estraçalha abraça despe. A palavra é origem e destino. A palavra é. Mais, a pesar do poder da palavra, temos que reconhecer que não é algo inato ao homem, pois a palavra é construção social (e em parte pessoal) que vamos aprendendo com o passo do tempo. Essa distancia tirada do natural é um elemento fundamental para compreender por que às vezes a palavra confunde-nos tanto.

Outra coisa é a comunicação, essa sim inata ao homem. Desde que nascemos comunicamo-nos, com um conjunto de signos e símbolos cheios de significado e interpretação. Às vezes para comunicarmo-nos usamos a palavra, mais também nesses casos o que importa ao nosso cérebro é o não verbal por cima do verbal.

Todo comunica, todo disse. Também o origami, canal de comunicação da alma do artista. Ao eliminar o não verbal da mensagem queda-nos só a palavra, e essa engana. É esse, tal vez, um dos problemas clave no texto escrito contemporâneo, especialmente naquele que é pensado no formato "Chat" ou "E-mail", no qual métricas e ritmos, cadências e emoções são desterrados freqüentemente.

Se aceitarmos que todo comunica (bem ou mal, mais comunica) não deixa de ser surpreendente que sejamos tão maus fazendo-o. Todos ouvimos aquela frase : "sei o que quero dizer, mais não sei como dizê-lo", ou essa outra: “as palavras não me saem”... Muitos temos visto como os outros interpretam o mesmo texto que nos limos ou inclusive escrevemos duma forma tão diferente da que nos pensamos. E por se isso fosse pouco, vivemos rodeados por assassinos da comunicação. Muitos fóruns da Internet são exemplo perfeito de "como assassinar uma línea de comunicação nascente". Excessivos correios fora de tema, conversações monopolizadas por um ou dois interlocutores, censuradores dispostos sempre a destruir o que outros sinalam, Excessos de mensagens sem sentido pelo simples fato de participar, fofocas e "disse me disse" que se magnificam por resposta de outros que nada tem a ver e que lêem sem a suficiente informação para julgar, outros que escrevem em linguagens crípticos que só eles mesmos entendem, e um sem fim de tentativas de assassinato adicionais que não vale a pena nomear.

Desde outro ponto de vista, esses assassinatos conlevam uma manifestação que é poeticamente formosa. Aqueles assassinos da comunicação obrigam aos demais a se refugiar no silêncio. E esse silêncio é o meio principal para começar a se comunicar. Sem o silêncio não há forma de abrir passo a real comunicação. A grande dor é que cada vez que quebramos o silêncio surge das sombras um novo assassino que, muitas vezes sem intenção, gera uma nova dor.
E então, de novo, voltamos ao silêncio.

O de hoje é o sétimo curso universitário sobre comunicação que tenho o prazer de acompanhar. Neles, o que mais gostei é a enorme possibilidade que recebi, de olhar-me no espelho, de me confrontar, de me dar conta do muito que erro ao falar e ao escrever, dos muitos erros que cometi, e dos muitos silêncios nos que me refugiei. Deu-me a oportunidade de parar de queixar-me "porque ninguém escreve". Pode ser que alguma vez deixe de assassinar comunicações recém nascidas. Pode ser que alguma vez os outros assassinos tenham a oportunidade de se enfrentar como eu ao espelho, e que tenhamos o valor de construir lugares nos quais as pedras deixem de cair e as usemos para construir.

domingo, enero 20, 2008

De modelos perdidos y caminos vueltos a encontrar

Ocurre, con frecuencia, que hay modelos que se olvidan. El plegador olvida como se hacía aquello que una vez dobló y debe acudir de nuevo a los pasos del libro. Olvida el creador aquella secuencia que encontró y que le permitía llegar a aquel modelo que quería. El espectador también, a veces, trata de recordar en vano en qué página fue que halló ese modelo que le hizo quedar sin aliento. Ocurre, con frecuencia, que hay modelos que se olvidan. Se olvidan muchos modelos viejos, porque nunca llegan a la caprichosa categoría de “clásicos”, o porque quedan sumergidos por nuevos modelos más hermosos o más comentados que hacen que sus formas caigan en confines a los que el recuerdo no gusta ir de visita.

Yo, con frecuencia, he olvidado modelos propios. En los casos más afortunados, algunos de ellos me han sido enseñados por alguien a quien se los enseñé al ser creados (casos afortunados esos)…. Otras veces, también afortunadas, aquellos modelos plegados naufragan en aquel viejo cajón que se llena de ensayos y modelos que nunca fueron presentados. En ese caso es un proceso de doblar y desdoblar de nuevo, de releerse y sorprenderse con ideas que uno creía olvidadas.

Buena parte de los modelos que he presentado en estas últimas semanas son, precisamente, relecturas de modelos anteriores. Variaciones y reajustes de otros modelos que alguna vez creé. El caballo que va a galope, el toro, y un elefante que no he presentado aún son ajustes a modelos que plegué hace algunos años pero que no fueron presentados por diversos motivos. Espero sean versiones “mejoradas” de aquellos viejos modelos.

Este que hoy presento es también un modelo que ya plegué alguna vez, pero que tristemente fue olvidado. En su momento, era un modelo que me hacía sentir orgulloso, que representaba quizás por vez primera un pastor de árboles en origami. Pero el modelo no fue nunca comentado. Quizás se debió a la mala foto o el pobre plegado presentado. Quizás fue un modelo inentendible en su momento, o simplemente nació bajo el signo del olvido, no lo sé, pero ninguna palabra recibió cuando fue presentado. Y con el tiempo, el modelo, también para mí, cayó en el olvido. Doloroso olvido por demás.
Aprovechando entonces estos tiempos de recuerdos he querido plegarlo una vez más. Quizás las arrugas de esta vez sí parezcan ser tronco de árbol, y las puntas recuperen el verdor que lo lleven a caminar mejor. Quizás el signo zodiacal de este renacimiento sea uno de visiones y no de ocultamientos, o simplemente la foto esté mejor. Sea cual sea el caso, un viejo nuevo pastor de árboles camina por estas soledades, esperando que no sea su tiempo aún de volverse completamente arbóreo.